Historia y economía: sistemas monetarios internacionales del siglo XX

Sistemas monetarios internacionales

El acceso a la información que nos da el internet no tiene precedentes, sin embargo, la veracidad está entredicha.

Así, sobre la economía y la política mundial se han generado narrativas populares que incitan a la paranoia colectiva a través de conspiraciones. Por ejemplo, mucha gente cree que existen grupos secretos que controlan todo, incluyendo nuestros pensamientos, y que están desarrollando un Nuevo Orden Mundial.

Es por ello que entender las condiciones históricas que han dado ocasión a los fenómenos económicos y políticos actuales es de suma importancia. A lo mejor esto nos sirve para ser menos manipulables en relación con los discursos políticos contemporáneos, cuya función parece ser generar miedo y/o enojo en tanto señalan enemigos que tratan de dañarnos. Asimismo, puede ayudarnos a ser más críticos en cuanto al tipo de información que divulgan los medios.

En la época de la información, creer que existen grupos secretos de gente ultra poderosa que puede controlar todo lo que pasa en el mundo, asegurando con sus acciones el control mundial en el futuro, es tan ingenuo como creer que Gavrilo Princip (el personaje en la portada, cuya acción histórica inició una serie de eventos que hicieron posible la Primera Guerra Mundial) es el mayor illuminati que pudo haber existido, pues, como se verá, los cambios en las políticas monetarias de algunos países durante esta guerra crearon un escenario propicio para que el dólar comenzara a volverse una moneda muy importante en todo el mundo.

Por lo dicho, para entender un poco mejor el contexto económico y político en el que nos encontramos, es mejor buscar en los eventos históricos que nadie pudo haber previsto y en las estructuras económicas que se mantuvieron en el pasado.

Balanza de Pagos

Para comprender el tema es necesario comenzar aclarando qué es la Balanza de Pagos. Ésta se refiere al estado contable que mantiene todo país, es en donde se registran las transacciones internacionales, el flujo del dinero y de los bienes y servicios. Se divide en dos subcuentas, a saber, la cuenta corriente y la cuenta de capital.

La cuenta corriente registra la compra y venta de bienes y servicios, esto es, exportaciones e importaciones; también los ingresos de inversión obtenidos en el extranjero del gobierno, del banco central o de los ciudadanos y los pagos de ingresos a gobiernos, a bancos centrales o a ciudadanos extranjeros. Por ejemplo, dividendos de acciones que obtienen empresas locales de empresas extranjeras o viceversa, también las ganancias de la inversión extranjera directa, es decir, si del extranjero se invierte en el país, lo que recibe de ello, o si se invierte en un país extranjero, lo que se recibe de ello. Otras transferencias que registra la cuenta corriente son donaciones, ayuda externa y remesas.

Por su parte, la cuenta de capital registra transacciones de instrumentos financieros, como bonos y acciones, transacciones por la compra de propiedades en el extranjero y las reservas del banco central.

En teoría, la suma de las transacciones que se registran en la Balanza de Pagos debe equivaler a cero, pues todo crédito que aparece en la cuenta corriente debe tener un débito correspondiente en la cuenta de capital. Es decir, si un país exporta alguna mercancía (crédito en la cuenta corriente) importa capital extranjero cuando se paga por ella (débito en la cuenta de capital).

Cuando un país exporta más de lo que importa, se registra un superávit en la cuenta corriente, y cuando importa más de lo que exporta, se registra un déficit.

El déficit en la cuenta corriente puede tener diferentes causas, entre otras: 1) que haya un aumento en la tasa de gasto del consumidor en importaciones; 2) que se reduzca la competitividad internacional de un país, disminuyendo sus exportaciones y aumentando las importaciones en tanto se vuelven atractivas o necesarias; 3) que el tipo de cambio este sobrevalorado, es decir, que el valor de la moneda de un país valga más que otras, aumentando el costo de las exportaciones y disminuyendo el de las importaciones, pues a otros países les resulta más caro comprarle a este país, y a éste le resulta más barato comprarle a otros países; 4) que un país sufra desindustrialización y disminuyan sus exportaciones.

Patrón Oro

El Patrón Oro fue el sistema monetario internacional que en estricto sentido se usó de mediados del siglo XIX, hasta la Primera Guerra Mundial, en algunos países, como en Alemania, y en otros, hasta los primeros años del periodo de postguerra, como en EE.UU. En un sentido menos estricto, como se verá, se usó hasta la década de los setenta. En este sistema las monedas se referían a una determinada cantidad de oro. Para que se entienda, en EE.UU un dólar se refería a 23.22 granos de oro, y como una onza equivale a 480 granos, entonces un dólar también se refería a 0.048 onzas de oro, por lo tanto, la onza de oro equivalía a 20.67 dólares. En Reino Unido la libra esterlina se refería a 113 granos de oro, por lo tanto, la onza de oro equivalía a 3.17 libras esterlinas. Con esto se entiende que el nombre de cada moneda se refería a una unidad de oro con diferente peso, por lo que el valor de las monedas no variaba, como tampoco el tipo de cambio entre éstas.

La moneda de los países que se regían bajo este sistema se podía intercambiar por la cantidad de oro a la que refirieran y viceversa. Esto era un beneficio, pues la cantidad de masa monetaria (dinero) debía estar limitada por la cantidad de reservas en oro que tuvieran los bancos centrales, lo que regulaba la oferta monetaria (dinero en circulación) en el mercado. Además, debido a que la producción de oro aumentaba muy poco las reservas de los bancos centrales, no variaba mucho la oferta monetaria, es decir, no aumentaba demasiado y, en consecuencia, los precios se mantenían estables, permitiendo que el poder adquisitivo de la gente, o su capacidad para obtener bienes, no cambiara. En otras palabras, este sistema hacía que no hubiera mucha inflación.

Otro beneficio del Patrón Oro era que los precios alrededor del mundo se movían conjuntamente, debido a que el valor de las monedas no variaba, ni el tipo de cambio entre éstas.

El movimiento conjunto de precios en teoría debía ocurrir por medio de un proceso de ajuste automático en la Balanza de Pagos llamado mecanismo de flujo especie-dinero, expuesto por el filósofo y economista David Hume. Este mecanismo muestra cómo en teoría el sistema del Patrón Oro se auto-regulaba. Por ejemplo, si un país tenía un déficit en su Balanza de Pagos, era porque había experimentado una salida de oro y, en consecuencia, había una reducción en su oferta monetaria y bajaban los precios, lo que ocasionaba un aumento en la exportación y disminuía la importación (pues a otros países les resultaba barato comprarle a este país, y a éste le resultaba caro comprarle a otros países), con lo que empezaba a recuperar el oro que anteriormente había salido y se corregía el déficit en la Balanza de Pagos. Lo contrario debía ocurrir en los países que tuvieran un superávit en la Balanza de Pagos.

En la práctica el proceso de ajuste automático en la Balanza de Pagos era más complejo, pues los bancos centrales lo podían acelerar con base en ciertas operaciones. La herramienta principal que los bancos centrales usaban cuando había un déficit en la Balanza de Pagos era aumentar la tasa de interés sobre la cual prestaban dinero a la banca comercial e instituciones financieras, pues de esta manera se intervenía en las tasas de interés del mercado. Un aumento en las tasas de interés aceleraba el proceso de ajuste en la Balanza de Pagos cuando había un déficit de dos maneras, la primera, hacía que los préstamos se volvieran más caros y reducía la cantidad de prestatarios, lo que disminuía el gasto en la inversión y en la demanda doméstica, en consecuencia bajaban los precios, mejoraba la competitividad, aumentaban las exportaciones y se recuperaba el oro que anteriormente había salido. La segunda, con un aumento en las tasas de interés se pretendía atraer capital extranjero y mejorar la cuenta de capital.

A grandes rasgos así funcionó el sistema Patrón Oro, pero desde de la Primera Guerra Mundial fue perdiendo actualidad debido a los cambios en las necesidades económicas de los países en guerra y, posteriormente, debido a las complicaciones económicas que trajo consigo el periodo de postguerra y los cambios industriales y comerciales del mundo. Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos (EE.UU) y Reino Unido advirtieron que el sistema monetario internacional debía cambiar, el sistema Patrón Oro no funcionaría en el periodo de postguerra. En 1944 se llevó a cabo la Conferencia de Bretton Woods, con la participación de las 44 naciones aliadas, en donde se decidieron diferentes acuerdos para regular de una nueva manera el sistema monetario internacional. Sin embargo, el sistema Patrón Oro no se abandonó definitivamente hasta 1971.

Historia del Patrón Oro después de la Primera Guerra Mundial

Los primeros años de postguerra

En 1914, cuando comenzó la Primera Guerra Mundial, muchos de los países en guerra suspendieron el uso del sistema Patrón Oro para poder emitir masa monetaria (imprimir dinero) con el fin de cubrir sus gastos militares. Esta decisión causó inflación, pues debido a que la oferta monetaria aumentó, subieron los precios (esto se debe a que el dinero es como cualquier otro bien, si aumenta la oferta, se reduce la demanda y pierde valor, lo que necesariamente causa que aumente el precio de otros bienes), sin embargo, se implementaron políticas de control de precios (establecer un tope de precio máximo a ciertos bienes y servicios) y racionamiento (intervención en la distribución de bienes y servicios para controlar la escasez) para que la inflación no se sintiera tanto. Para que se entienda, si a cualquier bien o servicio se le pone un tope de precio máximo, al mismo tiempo que se emite masa monetaria y aumenta la inflación, llegará un punto en el que el precio de dicho bien será demasiado bajo y no se podrá seguir produciendo, lo que deviene en escasez.

Cuando terminó la Primera Guerra Mundial, la inflación siguió aumentando en Alemania, Francia, Europa del Este y Europa Central. En algunos casos se volvió exponencial, esto es, hiperinflación. Las divisas de Austria, Polonia, Hungría, Rusia y Alemania, perdieron tanto valor que los billetes se volvieron más útiles como papel tapiz, que como dinero.

En Alemania, por ejemplo, el proceso de inflación en la postguerra comenzó cuando el gobierno cayó en déficit (cuando los gastos del gobierno superan sus ingresos) por administrar irresponsablemente el presupuesto que tenía para pagar las reparaciones de las naciones que más había afectado durante la guerra, como se estipuló en el Tratado de Versalles. Al principio el déficit se trató de sobrellevar con préstamos del extranjero, sobre todo de EE.UU, pero persistió y se volvió aún peor debido a que los precios iban en aumento. Para cubrir los gastos de los persistentes déficits, el gobierno alemán decidió emitir masa monetaria, esto es, aumentó la oferta monetaria y se depreció más el marco alemán, lo que devino en precios aún más altos. Los ciudadanos alemanes, ante la constante subida de precios, esperaban que estos subieran todavía más, y antes de que sucediera, compraban cada día más para después no tener que pagar precios más altos. Fue en este punto en donde comenzó el proceso de hiperinflación, pues la velocidad del dinero, esto es, la velocidad a la que se gasta el dinero, aumentó, debido a las expectativas de precios más altos, lo que finalmente sí causó que los precios incrementaran. Para que se entienda, si en el proceso de inflación se espera que suban más los precios y la gente comienza a gastar, aumentando la velocidad del dinero, en consecuencia, se pierden los ahorros y hay menos préstamos, lo que ocasiona que se invierta menos en nuevos negocios. La escasez e incertidumbre que genera la hiperinflación también limita la inversión extranjera, las exportaciones y las importaciones, pues se produce poco para exportar, e importar resulta muy caro.

Los precios de los bienes y servicios aumentaron tanto en Alemania que, al final, la oferta monetaria, a pesar de ser mucha, comenzó a ajustarse y el gobierno tuvo la oportunidad de controlar la hiperinflación. En 1923 el marco alemán, que en aquel momento se llamaba Papiermark, fue sustituido por el Rentenmark, es decir, hubo un cambio de divisa. Esta medida funcionó porque el gobierno pudo cubrir sus gastos con nueva oferta monetaria mientras implementaba medidas para ajustar el presupuesto, como recortar gastos y aumentar impuestos. Además, los ciudadanos alemanes recuperaron la confianza en el mercado, bajó la velocidad del dinero y se redujo la inflación.

En 1924 la estabilización del marco alemán se completó gracias al Plan Dawes, con el que se estableció un nuevo programa para que Alemania pagara las deudas por reparaciones. A través de este programa diferentes banqueros privados de EE.UU concedieron créditos a Alemania. Asimismo, se estableció el Reichsmark como la nueva moneda oficial y Alemania finalmente pudo regresar al sistema Patrón Oro con una economía estable.

Además, se llevaron a cabo conferencias financieras internacionales en Bruselas (1920) y Génova (1922), en las que se acordó que EE.UU y Reino Unido harían préstamos para reorganizar la situación financiera de Austria (1922) y Hungría (1924). En 1925 se llevaron a cabo acuerdos similares con Polonia, Checoslovaquia, Bulgaria, Italia y Rumania.

Entre 1925 y 1928 la reconstrucción del mecanismo del sistema Patrón Oro estaba casi completa. En 1926, 39 países habían regresado a dicho sistema, entre estos se encontraban: Reino Unido, Holanda, Suecia, Dinamarca, Suiza, Alemania, Austria, Hungría, Finlandia, Checoslovaquia, Yugoslavia, Bulgaria, Rusia, EE.UU, México, Bolivia, Chile, Venezuela, Guatemala, Honduras, etc. En 1928 regresaron, entre otros, Francia, Italia, Portugal, Argentina y Perú.

No obstante, la creencia sobre que el mecanismo tradicional del sistema Patrón Oro se había recuperado ignoró que su anterior funcionamiento fue con base en un ambiente económico y comercial que ya no existía, pues la guerra modificó las relaciones mundiales para siempre. Los cambios en la inversión internacional dieron giros en la estructura de la deuda entre países. La guerra creó una nueva serie de deudas internacionales para la reparación de algunos países, además de aquellos préstamos que se dieron durante ésta. La fuente principal de préstamos internacionales fue EE.UU, seguido de Reino Unido y Francia, sin embargo, la situación económica de estos últimos no fue ideal.

Para que se entienda mejor, Italia, Francia y Bélgica emergieron de la guerra en deuda entre ellos y con Reino Unido, y entre todos, junto con más países, estaban en deuda con EE.UU. Además de esta deuda con EE.UU, se sumó la deuda de los préstamos que este país les concedió en la postguerra. Para pagar estas deudas se generó una nueva estructura que se vinculó con el problema de las reparaciones que Alemania tenía que pagar, pues muchos de estos países decidieron que los pagos que recibían para sus reparaciones servían mejor para liquidar sus deudas con EE.UU, por lo que se desarrolló una cadena de pago que en teoría debía comenzar en Alemania y acabar en EE.UU.

Dicha estructura no funcionó, pues para que Alemania pudiera cumplir con los pagos de las reparaciones debía, en primer lugar, aumentar los impuestos a sus ciudadanos para obtener recursos; en segundo lugar, aumentar sus exportaciones con el fin de intercambiar su divisa por otras, y, además, conseguir un superávit en la cuenta corriente, de tal manera que las divisas intercambiadas fueran suficientes para llevar a cabo los pagos de las reparaciones. Esto no fue posible, el gobierno alemán no tuvo oro ni divisas extranjeras suficientes ni siquiera para hacer los primeros pagos de las reparaciones. A este problema se sumó el hecho de que los países acreedores nunca aceptaron comprar la gran cantidad de bienes que Alemania necesitaba exportar para conseguir suficientes divisas extranjeras para pagar. Alemania no pudo resolver este problema hasta mediados de los años veinte, cuando recibió grandes préstamos de capital extranjero, sobre todo de EE.UU.

Por otro lado, aumentó la inversión extranjera directa de EE.UU, más de la mitad de sus inversiones a largo plazo fueron de este tipo y se destinaron sobre todo a países latinoamericanos. Sobre la cartera de inversiones (inversión en varios activos financieros, incluyendo transacciones en valores de capital, como acciones ordinarias, y valores de deuda, como bonos), EE.UU destinó 40 por ciento a Europa, 29 por ciento a Canadá, 22 por ciento a América Latina y 9 por ciento a Asia. La inversión de Reino Unido fue principalmente inversión extranjera directa y la mayor parte se destinó a países del Imperio Británico.

Sin embargo, el nuevo modelo de inversión extranjera tuvo muchas debilidades que contribuyeron a que se creara un escenario propicio para la depresión mundial que surgió después de la crisis financiera de 1929. Por un lado, en la década de los veinte mucha de la inversión de EE.UU se destinó a países europeos cuyas exportaciones representaban competitividad y no se complementaban; por otro lado, las relaciones comerciales a nivel internacional cambiaron considerablemente, Europa no pudo recuperar la posición que mantuvo antes de la guerra como principal exportador a EE.UU, pues éste tuvo un gran desarrollo industrial. Además, EE.UU se convirtió en un importante mercado para materias primas y alimentos, y debido a que muchas de estas mercancías eran suministradas por países subdesarrollados con quienes algunas naciones europeas tenían superávits en exportación, el creciente superávit en exportación de EE.UU con Europa dependió demasiado en el volumen de importaciones que tuviera con dichos países subdesarrollados. Para que se entienda, EE.UU al comprar e importar de países subdesarrollados les proporcionaba los dólares necesarios para que pudieran comprar e importar de Europa, y ésta al tener un superávit en exportaciones con dichos países subdesarrollados, obtendría los dólares necesarios para comprar e importar de EE.UU, de tal manera que éste tendría un superávit en exportaciones con Europa, obteniendo los dólares de vuelta.

Además, la política comercial arancelaria de EE.UU dificultó los pagos de deuda de algunos países, pues obstaculizó la obtención de dólares en su mercado. Los países en deuda que se vieron afectados por esta política sólo podían pagar su deuda con más préstamos, y no con base en la expansión de sus exportaciones. En consecuencia, durante estos años muchos países no incrementaron su productividad ni su inversión en capital extranjero.

Por lo dicho, cuando en 1930 la inversión de EE.UU prácticamente se acabó y disminuyeron drásticamente sus importaciones en alimento y materias primas, devino una inevitable crisis de pagos.

Por otro lado, como consecuencia de la guerra el funcionamiento correcto del sistema Patrón Oro estaba obstaculizado, pues había escasez de oro y la distribución de éste entre las reservas de los países era desigual. La posesión de EE.UU, en proporción con las reservas de oro mundiales, crecieron del 24 al 44 por ciento de 1913 a 1923, y las de Reino Unido crecieron del tres al nueve por ciento. Otros países, como Alemania, Italia, Rusia, India y Brasil, sufrieron una pérdida absoluta de oro en los mismos años. Debido a estas circunstancias se adoptó otra forma de pago internacional con base en la modificación del sistema Patrón Oro, los países sin reservas de oro comenzaron a usar el sistema Patrón Cambio Oro. Este sistema permitió que las divisas extranjeras pudieran contar como parte de las reservas monetarias de los países sin oro, es decir, estos países pudieron estabilizar sus divisas con base en divisas extranjeras que fueran convertibles a oro, y mantener sus reservas con dichas divisas. Las divisas más usadas para dicho fin fueron el dólar estadounidense y la libra esterlina.

No obstante, el sistema Patrón Cambio Oro no funcionó como se creyó que debía funcionar. Por un lado, la manera en la que algunos países acumularon reservas de divisas convertibles representó un problema, pues sin un superávit en sus cuentas corrientes y sin acceso a préstamos a largo plazo, muchos adquirieron reservas con préstamos a corto plazo, y siendo estas reservas sumamente móviles y vulnerables a cambios en la confianza, los países que se enfrentaban a una crisis cambiaria, tendían a ver desaparecer sus reservas en los momentos que más las necesitaban. Por otro lado, debido a que los países con este sistema tenían como reservas principalmente libras esterlinas y dólares, los centros financieros internacionales de Londres y Nueva York debían mantener una cantidad mayor de reservas en oro de la que necesitaban para respaldar sus propias transacciones comerciales. Nueva York no tuvo problema con este requerimiento, pero Londres sí, pues no tenía las reservas suficientes.

Otro problema del sistema Patrón Cambio Oro fue que los países más importantes que lo manejaron consideraron oportuno su uso sólo temporalmente, pues parecía dañar su prestigio nacional, por lo que regresar al sistema Patrón Oro se estimó imprescindible. Un gran ejemplo de cómo se llevó a cabo este proceso es Francia, pues de 1926 a 1927, el Banco de Francia (el banco central francés) adquirió la mayor reserva de divisas extranjeras (principalmente libras esterlinas y dólares), superando a cualquier otro banco central del mundo, y al hacer esto, el franco francés perdió valor, pues en tanto la demanda por libras esterlinas y dólares aumentaba, su valor se apreciaba; y en tanto la demanda por francos disminuía, su valor se depreciaba. Con un franco barato, a otros países les resultó conveniente comprar productos franceses, por lo que Francia aumentó sus exportaciones y obtuvo un superávit en su cuenta corriente, estabilizando así su moneda. El siguiente paso fue el regreso de Francia al sistema Patrón Oro, pues comenzó a demandar oro a cambio, en vez de libras esterlinas o dólares. Esto supuso el fin del sistema del Patrón Cambio Oro en esta época.

Por otro lado, las políticas monetarias que algunos bancos centrales adoptaron durante la década de los veinte, actuaron como un obstáculo para el sistema Patrón Oro. Como mencioné, con este sistema la Balanza de Pagos se auto-regulaba, no obstante, dicha regulación no fue automática, pues se intervino en los procesos de inflación y deflación implementando diferentes políticas monetarias. Por ejemplo, en EE.UU para moderar la oferta monetaria, o el dinero en circulación, que debía aumentar debido a la gran cantidad de oro que tenía la Reserva Federal (Fed) y que en consecuencia hubiera causado inflación, se implementó una política deflacionaria llamada “esterilización de oro”. Con esta política deflacionaria la Fed redujo la oferta monetaria con base en la venta de valores a la banca comercial, esto es, intercambiar dólares por instrumentos financieros con valor monetario, como acciones y bonos. Entonces, la Fed vendió bonos y acciones a bancos comerciales con el fin de que estos redujeran sus reservas en dólares, disminuyendo la oferta monetaria y controlando la inflación.

Reino Unido, desde que regresó al sistema Patrón Oro en 1925, siguió una política monetaria similar a la de EE.UU. Asimismo, en Francia, posiblemente por las experiencias inflacionarias, tampoco se permitió que el mecanismo tradicional de este sistema controlara la oferta monetaria.

La neutralización y la esterilización de la oferta monetaria fueron políticas muy usadas que afectaron los ingresos y los precios, por lo que la auto-regulación de la Balanza de Pagos no funcionó y se arruinó. Los grandes préstamos que EE.UU concedió en esta época fue lo único que sostuvo a la economía mundial y evitó que colapsara.

La Gran Depresión y el fin del sistema Patrón Oro

Los años veinte para EE.UU en general fueron de prosperidad. No obstante, este no fue el caso para los agricultores. Durante esta década el precio de los productos agrícolas fue disminuyendo debido a la sobreproducción que se generó después de la guerra, pues durante ésta hubo un aumento en la cantidad de granjas, debido a que se necesitaba producir suficiente comida para proveer a los soldados. Para que dicho aumento fuera posible muchos agricultores mecanizaron su trabajo, pero la mecanización fue bastante cara y tuvieron que endeudarse, por lo que la caída de los precios en este sector resultó en la incapacidad para pagar sus deudas.

Esta década culminó con la caída del mercado de valores en EE.UU, marcando un punto importante en la historia económica y financiera, pero que erróneamente se considera la única causa de la Gran Depresión de los años treinta, pues más bien ésta tuvo varias causas, como las políticas monetarias de la Fed y otros bancos centrales alrededor del mundo, los préstamos entre países, las relaciones comerciales, etc. Sin embargo, es necesario aclarar cuál fue el papel que jugó la caída del mercado de valores en lo que posteriormente sería una de las décadas más difíciles para el mundo.

La caída de la bolsa de valores en 1929 también tuvo varias causas, de las cuales, unas se siguen discutiendo y otras se han estudiado con el fin de evitar este tipo de eventos, aunque inevitablemente han vuelto a ocurrir.

Entonces, como mencioné, la década de los veinte en EE.UU fue de prosperidad, la industria se desarrolló y creció demasiado, hubo un repunte económico, aumentó la clase media y el consumo desmedido con crédito se puso de moda. Asimismo, debido al gran crecimiento industrial, cada vez más personas decidieron invertir en el mercado de valores, y éste se convirtió en un mercado alcista, es decir, los precios de las acciones se dispararon y paralelamente se dispararon los dividendos (un pago que hacen las empresas a sus accionistas con base en sus ganancias), lo que animó a más gente a invertir. Sin embargo, como ya se vio, en esta época la Fed mantuvo políticas monetarias restrictivas, limitando la oferta monetaria y desalentando la especulación, por lo que el crédito para comprar acciones no salió principalmente de los bancos comerciales estadounidenses, sino de inversores privados, corporaciones y bancos europeos y japoneses.

Por otro lado, se ha sostenido que la caída de la bolsa de valores en el otoño de 1929 fue el estallido de una burbuja económica (cuando el precio de una acción aumenta desmedidamente, excediendo su valor real), no obstante, esto es imposible de comprobar. En aquella época muchos sostuvieron que el precio de las acciones estaba justificado por las expectativas sobre las ganancias, no obstante, otros creyeron que algunas acciones estaban sobrevaloradas, y de hecho el precio de las acciones superó por mucho los dividendos, aunque esto no supone necesariamente una burbuja.

Las causas de la caída de la bolsa, como vemos, son muchas y no es fácil saber qué tanto peso tuvieron unas y otras, pero se puede suponer que el gran ánimo de la época, aunado al desarrollo industrial que prometía cada vez mayores ganancias, y que atrajo a muchos inversores inexpertos, hicieron que se formara el escenario para una burbuja económica, ocasionando que se perdieran las expectativas sobre un futuro prometedor. En Octubre de 1929, cuando se desplomó la bolsa, la gente entró en pánico, financiera y económicamente.

La Fed no rescató al mercado, siguió con políticas monetarias restrictivas, argumentado que no pasaba nada y que el mercado se recuperaría, el fin era devolver la confianza a la gente y evitar que volviera un ánimo desmedido que pusiera todas sus expectativas sobre la bolsa y, en consecuencia, volviera a pasar lo mismo. Lo cierto fue que la bolsa se recuperó, pero se volvió a desplomar con la Gran Depresión, pues la confianza no volvió. Además, las políticas monetarias expansivas que ha usado la Fed para rescatar al mercado en crisis posteriores, no fueron propuestas hasta 1936 por el economista inglés John Maynard Keynes.

El comienzo de la Gran Depresión se puede ubicar entre 1930 y 1931, cuando el pánico generado por la caída de la bolsa y la consecuente pérdida de confianza en el sistema financiero y la economía, provocó que la gente comenzara a presionar al sistema bancario, tratando de retirar su dinero de los bancos, pero estos no tenían crédito suficiente para liquidar debido a las políticas monetarias restrictivas de la Fed.

Para que se entienda, las corridas bancarias hundieron a la economía iniciando un proceso de deflación que se alimentó a sí mismo y se expandió, pues la gente perdió todo su dinero y los bancos no podían dar préstamos, en consecuencia disminuyó el consumo y bajaron los precios, la industria cayó debido a las pocas ganancias que obtuvo y a la incapacidad de obtener préstamos para sostener su producción, y para recortar gastos se despidió a una gran cantidad de trabajadores, en vez de bajar los salarios. Con el aumento del desempleo y sin recursos, disminuyó aún más el consumo y bajaron más los precios, las industrias comenzaron a cerrar y aumentó más el desempleo. Fue un círculo vicioso. La tasa de desempleo alcanzó el 25 por ciento y la producción en la industria se redujo a la mitad.

Por lo dicho, la clase media comenzó a evaporarse, la gente no tenía dinero para pagar sus deudas, el mercado inmobiliario se desplomó. La pobreza, la decepción y el mal ánimo fueron inevitables.

Para controlar la situación la administración del presidente en turno de EE.UU, Herbert Hoover, aumentó el gasto público con inversión privada y logró que la industria bajara los salarios en vez de despedir trabajadores. Sin embargo, esto no fue suficiente, pues, por otro lado, empeoró las cosas cuando decidió aumentar los impuestos con el fin de equilibrar el presupuesto federal y estabilizar a los bancos, lo que debía generar confianza en los inversores internacionales y desalentarlos de comprar oro en EE.UU. Además, la Fed aumentó su tasa de interés, tratando de atraer capital extranjero, pero disminuyendo los créditos en la banca comercial.

En la década de los veinte, debido a la guerra, la economía de Europa no fue buena, y en 1929 la economía de los países agricultores, europeos y latinoamericanos, se empezó a tambalear, por lo que la crisis financiera en EE.UU, que hasta ese momento había suministrado al mundo de capital, dio pie a una crisis mundial.

Para que se entienda, desde 1925 comenzaron a bajar los precios de los productos agrícolas y materias primas, pues creció la competencia y no había mucha demanda. Esta situación ocasionó que estos países perdieran poder adquisitivo y tuvieran problemas para pagar sus deudas. Para equilibrar su Balanza de Pagos dejaron de importar productos manufacturados, y en 1929 devaluaron sus monedas con el fin de aumentar sus ventas. Esta última medida no funcionó, pues además de la falta de demanda, no había capital extranjero capaz de financiar dicho mercado debido a la contracción de crédito a nivel mundial que comenzó 1928, cuando la Fed aumentó su tasa de interés, atrayendo capital extranjero y manteniendo el doméstico; y cuando Francia volvió al sistema Patrón Oro. Asimismo, debido a que Reino Unido no se encontraba en su mejor momento y le afectó que estos países dejaran de importar sus productos manufacturados, carecía de recursos.

Todo empeoró cuando EE.UU dejó de conceder préstamos al extranjero y cuando la administración de Hoover, con la intención de generar confianza en el mercado internacional, anunció la repatriación de fondos americanos (literalmente esto significa que EE.UU retiró el dinero que le había concedido a Alemania en la década de los veinte para que pagara las reparaciones de los países a los que había dañado), pues afectó profundamente la economía alemana y exacerbó la crisis en los países agricultores. Estos últimos, desesperados por equilibrar su Balanza de Pagos y obtener el capital necesario para pagar sus deudas con otros países, trataron de aumentar sus exportaciones, pero el único resultado que obtuvieron fue un exceso de productos agrícolas, el cual ocasionó que bajaran más los precios. Además, las restricciones que algunos de estos países impusieron a las importaciones de productos manufacturados formó un círculo vicioso que sólo empeoró la situación, pues los países industriales, al no poder exportar sin restricciones, no contaron con capital suficiente para importar alimento y materias primas de los países agricultores.

La crisis se propagó aún más con dicho vicio comercial, pues muchos países europeos respondieron a la enorme cantidad de productos agrícolas baratos con políticas proteccionistas para salvaguardar a sus productores agrícolas domésticos. En EE.UU, por las difíciles circunstancias que sus agricultores habían estado viviendo durante casi una década, se siguió el mismo camino y se implementó la Ley Smoot-Hawley, con la cual, al principio, sólo se aumentaron aranceles a productos agrícolas, pero posteriormente se agregaron a otros productos, como a los manufacturados. Esto no sirvió e hizo que la economía se resintiera todavía más, pues, por un lado, en EE.UU aumentaron los precios de productos extranjeros, ocasionando que se importara y se produjera menos, y en consecuencia se debilitara la industria; por otro lado, Europa respondió imponiendo aranceles a productos estadounidenses, por lo que disminuyeron las exportaciones de EE.UU. Además, debido a que demasiados países europeos tenían una gran deuda con EE.UU, trataron de incrementar sus exportaciones, que principalmente eran productos manufacturados, a países tercermundistas que tenían reservas en dólares, pero estos no tenían las condiciones para aumentar sus importaciones y, encima de este problema, estos países tercermundistas decidieron responder a los aranceles impuestos por EE.UU, aumentando sus aranceles a productos manufacturados que resultaban de gran importancia para este país y que justamente eran los que se importaban de Europa (pues al comprarle a países europeos en dólares, facilitaban que estos importaran productos estadounidenses y aumentaran las exportaciones de EE.UU). Por lo dicho, el comercio se redujo un 65 por ciento en esta época.

Ahora, es necesario mencionar que Alemania fue el país más afectado con la proliferación de la Gran Depresión, pues la década de los veinte no fue suficiente para que su economía se recuperara de la guerra, la deuda por reparaciones fue un gran impedimento, y con la repatriación de fondos americanos, con la que EE.UU retiró el oro y los dólares que antes le había concedido a este país, y el comercio internacional restringiéndose cada vez más, Alemania sucumbió en una crisis que favoreció al movimiento nacionalista que surgió posteriormente. El desempleo en este país también aumentó al 25 por ciento.

En 1931 las cosas parecían ir para mejor, pero rebrotó el pánico financiero a nivel internacional cuando se reveló que el Kreditanstalt, el banco más grande de Austria, era insolvente, y se originó una corrida bancaria. Para septiembre, el Banco Nacional de Austria (el banco central de este país) había perdido el 55 por ciento de sus reservas en divisas extranjeras. El pánico se contagió a Alemania debido a las estrechas relaciones comerciales que tenía con Austria, y hubo una corrida bancaria en el Reichsbank (el banco central de Alemania) y perdió más del 30 por ciento de sus reservas en oro y divisas extranjeras. EE.UU trató de ayudar a Alemania implementando una moratoria (cuando se atrasa el pago de una deuda quitando la obligación legalmente) anual sobre los pagos por reparaciones y los pagos de la deuda de guerra. No obstante, los retiros continuaron y los acreedores extranjeros y alemanes cambiaron sus marcos por otras divisas.

La situación de Austria y Alemania impactó directamente a Reino Unido, pues perdió una importante cantidad de oro debido a que antes de que se presentaran los problemas financieros en dichos países, les había concedido créditos, pero llegó el punto en el que estos ya no pudieron pagar. Además, en julio salieron dos reportes que manifestaron la mala situación económica de Reino Unido, en el primero se mostró que el banco central tenía más deudas que activos líquidos; en el segundo, que había un inminente déficit en el presupuesto del gobierno, por lo que se recomendó recortar el gasto público y aumentar los impuestos. Aunque estas circunstancias realmente no son extrañas, en tiempos de crisis tienden a agravar los problemas, y en este caso ocasionó que muchos inversores extranjeros se retiraran o se mantuvieran alejados.

El Banco de Inglaterra (el banco central de Reino Unido), con el fin de protegerse, aumentó su tasa de interés para mantener y atraer inversión extranjera, y arregló un crédito con la Fed y el Banco de Francia. Ninguna de las dos medidas funcionó, los inversores extranjeros continuaron huyendo y el crédito no fue suficiente. Las reservas en oro de Reino Unido disminuyeron considerablemente en muy poco tiempo y la gente entró en pánico. El 21 de septiembre se tomó la decisión de abandonar el sistema Patrón Oro, por lo que se suspendió la venta de oro en el Banco de Inglaterra y la tasa de interés aumentó, la Bolsa de Londres cerró por dos días y se impusieron restricciones temporales a todas las operaciones de cambio de divisas.

Ese día el London Times publicó una explicación que decía que la crisis mundial se debía a la caída de los precios que había llevado a casi todos los países a abandonar el sistema Patrón Oro y los había dejado sin la posibilidad de pagar sus deudas en oro. Adjudicaba la responsabilidad a EE.UU y Francia, pues hasta ese momento habían acumulado oro en sus reservas como nunca antes y, además, como países acreedores, demandaban que se les pagara en oro, lo cual era imposible, pues encima de todo habían implementado aranceles que imposibilitaban el comercio, y a menos que volvieran a prestar a los países deudores los créditos que les debían, estos pagarían en oro hasta donde fuera posible y después incumplirían con sus obligaciones.

Volviendo a lo anterior, en cuanto Reino Unido suspendió sus pagos en oro, la libra esterlina se depreció demasiado en relación con otras divisas que seguían en el sistema Patrón Oro, lo cual hizo que muchos países decidieran salirse de éste, pues se podían encontrar en desventaja comercial. En 1932, 32 países habían suspendido sus pagos en oro y habían abandonado el sistema Patrón Oro, entre otros, Portugal, Brasil, Egipto, Letonia, Japón, etc. Sólo EE.UU, Francia, Bélgica, Holanda y Suiza se mantuvieron en el sistema.

La desventaja comercial que trajo consigo la depreciación de la libra esterlina afectó demasiado a EE.UU, pues aunada esta situación a la reducción de precios por la pérdida de competitividad ocasionada por los aranceles impuestos a productos agrícolas y manufacturados con la Ley Smoot-Hawley, hizo que se tuvieran que reducir más los precios. Además, demasiados bancos comerciales estadounidenses tuvieron que cerrar, pues las corridas bancarias fueron aumentando año con año, y, por otro lado, a nivel internacional se comenzó a demandar oro después de que Reino Unido dejó el sistema, y siendo EE.UU uno de los países con más reservas, la presión se localizó ahí, causando que sus reservas disminuyeran notablemente, la depresión se profundizara y aumentara el desempleo.

Ante esta situación, la administración del demócrata Franklin D. Roosevelt implementó un proyecto de intervención estatal llamado New Deal, con el que se establecieron una serie de programas de ayuda, recuperación y reforma, para impulsar la economía, disminuir el desempleo, mejorar la infraestructura, y con ello, la calidad de vida de los ciudadanos estadounidenses. Entre los programas más importantes estuvo el de seguridad social, el de creación de empleo con base en proyectos de infraestructura, como la construcción de escuelas, puentes, presas y aeropuertos; la Ley Nacional de Relaciones Laborales, que le dio libertad a los trabajadores para crear sindicatos, manifestarse y exigir mejores salarios; y la Ley de Ajuste Agrícola, con la que el gobierno impuso cuotas de producción y pagó a los agricultores para que destruyeran cosechas y mataran parte de su ganado con el fin de disminuir la oferta, aumentar la demanda y, en consecuencia, subieran los precios. Esta última reforma causó demasiada polémica, pues una gran cantidad de la población se moría de hambre y el gobierno literalmente estaba deshaciéndose de toneladas de alimento.

No obstante, a pesar de este gran esfuerzo de Roosevelt por terminar con la Gran Depresión, en 1940 la tasa de desempleo era del 15 por ciento, sólo 10 por ciento menos que en 1933.

Por otro lado, debido a las persistentes corridas bancarias, Roosevelt no perdió el tiempo y dos días después de tomar protesta ordenó que toda la banca comercial cerrara, del 6 al 10 de marzo de 1933, con el fin de recuperar su estabilidad. En el transcurso de estos días presentó la Ley de Emergencia Bancaria, con la cual logró que sólo los bancos que fueran solventes volvieran a abrir y ayudaran a aquellos que no lo fueran, mientras estos se mantuvieron cerrados. Entre el 13 y el 15 de marzo casi el 70 por ciento de la banca comercial volvió a sus actividades. Esta medida logró que se recobrara la confianza en el sistema bancario.

Otra medida que tomó Roosevelt fue la suspensión de la convertibilidad del oro y su exportación, todos fueron obligados a cambiar el oro que tenían por dólares, menos joyeros y dentistas con licencia, y prohibió a los bancos intercambiar oro por dólares. Además, creyó que sólo con inflación la economía de EE.UU se recuperaría, y en abril de 1933 logró que disminuyera el valor del dólar frente al oro, es decir, devaluó el dólar. La onza de oro pasó de 20.67 dólares a 35 dólares. El 19 de abril la administración de Roosevelt declaró la suspensión del sistema Patrón Oro y el dólar se hundió 11.5 por ciento en relación con las divisas que se manejaban bajo dicho sistema.

Para que se entienda, en cuanto se devalúa una moneda su oferta aumenta en el mercado doméstico y extranjero y, en consecuencia, suben los precios, pues hay más dinero para obtener la misma cantidad de bienes y servicios. Pero esto también significa que para el mercado extranjero se vuelve más barato obtener bienes y servicios del país que devaluó su moneda, pues frente a la moneda de otros países, ésta vale menos. En teoría esto estimula la economía, pues las exportaciones deberían incrementar porque los precios para el mercado extranjero disminuyeron, y por ese motivo también debe aumentar la producción, pues, por un lado, hay más demanda; y, por otro lado, se recibe más dinero del extranjero que sirve para aumentar dicha producción. Asimismo, esto ocasiona que se reduzcan las importaciones, pues resulta muy caro obtener bienes y servicios del extranjero, por lo cual incrementa la demanda y la producción doméstica. En teoría esto hace que el empleo crezca.

Por lo dicho, de marzo a junio en EE.UU los precios al por mayor aumentaron un 8 por ciento; los precios agrícolas, 36 por ciento; y los precios de las acciones, 73 por ciento. En consecuencia, la administración de Roosevelt continuó con las devaluaciones.

El 12 junio de 1933 se llevó a cabo la Conferencia Internacional Económica y Monetaria, cuyo fin fue resolver los problemas de la Gran Depresión a través de la cooperación internacional. Los países participantes reconocieron que los aranceles de represalia habían contribuido a acrecentar la crisis, por lo que cualquier acuerdo al que se llegara debía construir un marco para la estabilización del tipo de cambio, así como también todos se debían comprometer a no incurrir en devaluaciones competitivas, como lo había hecho EE.UU. Acabando el mes de junio, algunos participantes de la conferencia llamaron a regresar al sistema Patrón Oro, en julio Roosevelt rechazó hacerlo. La conferencia no alcanzó sus metas, pues EE.UU se rehusó a acordar algo que pusiera en peligro su recuperación doméstica.

Toda esta situación llevó a que más países comenzaran a devaluar sus monedas, causando una espiral inflacionaria en tanto la competencia entre estos aumentaba.

Por otro lado, al abandonar el sistema Patrón Oro, muchos países perdieron el criterio para valorar sus divisas, y por ello decidieron anclarlas a otras divisas más fuertes. Esto se determinó estimando dos cosas, la primera, si un país representaba un mercado importante para las exportaciones de muchos otros países, anclaban sus divisas a la de dicho país para protegerse comercialmente, conservando los precios de sus productos y su posición competitiva; la segunda fue con base en la deuda, es decir, se consideró el país que más créditos había concedido y, por lo tanto, los países deudores anclaron su divisa a la del país acreedor para así mantener sus obligaciones constantes.

Esto llevó a que surgieran sistemas monetarios regionales, los cuales consistieron en: el área de la libra esterlina, que se centró en Reino Unido y se compuso de Portugal, Suecia, Dinamarca y la Mancomunidad Británica de Naciones, menos Canadá; el área del dólar, centrado en EE.UU y compuesto por Canadá y varios países de América Latina; el área de control de cambios de Europa central y sudoriental, dominado principalmente por Alemania; el área del yen, dominado por Japón y compuesto por el Extremo Oriente; y el Bloque-oro, liderado por Francia y compuesto por Suiza, Bélgica, Italia, Holanda, Polonia y Luxemburgo. Estos últimos siguieron adheridos al sistema Patrón Oro para mantener un tipo de cambio estable, mientras los demás países continuaban con las devaluaciones competitivas.

En tanto la Gran Depresión continuaba, los países del Bloque-oro encontraron difícil mantener la estabilidad en su Balanza de Pagos, lo cual generó dudas sobre su habilidad para resistir las devaluaciones. En 1935 se desarrolló una fuga de capital en estos países que se dirigió hacia EE.UU. En marzo, Bélgica fue el primer país en salir del sistema Patrón oro, devaluando su moneda 28 por ciento; para septiembre de 1936 los demás miembros también decidieron salirse de dicho sistema y devaluaron sus monedas.

Además, los problemas monetarios y financieros que trajo consigo la Gran Depresión afectaron la política comercial a nivel internacional, pues se desarrolló demasiada animadversión por la interdependencia económica. Con el objetivo de frenar la salida de capital y oro originada por las crisis financieras y por la devaluación competitiva de algunos países, muchos de estos, sobre todo aquellos que no abandonaron el sistema Patrón Oro, buscaron sostenerse con sus propios recursos o con base en la cooperación entre regiones, y persiguieron políticas proteccionistas, regulando el comercio exterior y las transacciones financieras. Para dicho fin se implementaron controles de cambio, aranceles, cuotas de importación, prohibiciones, etc. Esta situación llevó a que el comercio se contrajera aún más de lo que se contrajo con la Gran Depresión.

Ahora, el control de cambios es una política que regula el acceso a divisas extranjeras, y se implementa cuando hay escasez de éstas. Hay varias maneras de ejecutar el control de cambios, por ejemplo, a través de licencias de importación, que limitan el tipo y la cantidad de productos que se pueden importar legalmente; también se pueden dirigir las transacciones de divisas extranjeras sólo al banco central o a bancos que estén bajo supervisión gubernamental. Cuando estas medidas se aplican los importadores deben pedir autorización al gobierno para obtener las divisas extranjeras necesarias para comprar una determinada cantidad y un cierto tipo de productos extranjeros. Entre septiembre y octubre de 1931, los países que impusieron control de cambios fueron: Alemania, Uruguay, Colombia, Grecia, Checoslovaquia, Islandia, Bolivia, Yugoslavia, Austria, Argentina, Bélgica, Noruega, Dinamarca, Hungría, Chile e Italia.

Los países que devaluaron su moneda, como aquellos del área de la libra esterlina, implementaron control de cambios cuando tenían crisis financieras, pero por periodos muy breves, nunca los usaron como políticas para reducir las importaciones. Los países del Bloque-oro tampoco adoptaron control de cambios, sino que aplicaron la devaluación competitiva, aumentaron aranceles e impusieron cuotas de importación.

Los aranceles son impuestos sobre bienes y/o servicios provenientes del extranjero. Estos fueron el obstáculo más grande para el movimiento de mercancía a nivel internacional, para el final de la década de 1930 más de la mitad del comercio se vio restringido por esta medida proteccionista. No obstante, esta medida fue poco efectiva, pues sólo causó que los precios cayeran, ya que imponer impuestos sobre las importaciones originó que los exportadores bajaran los precios de sus productos. De los países del área de la libra esterlina, sólo Reino Unido impuso aranceles muy altos, a pesar de que devaluó su moneda. Otros países que aumentaron aranceles fueron: EE.UU, Alemania, Austria e Italia.

Las cuotas de importación son una restricción cuantitativa al comercio, pues se establece un límite sobre las importaciones de bienes y/o servicios. Francia fue el primer país en implementar cuotas de importación, para 1932, 11 países ya operaban con ellas, y en 1939, 28 países, de los cuales 19 eran europeos. Esta medida proteccionista fue más dañina que los aranceles para el comercio, pues debido a que establece un límite en las importaciones, opera independiente del mecanismo de los precios. Para que se entienda, mientras siempre es posible para los exportadores superar los aranceles bajando sus precios lo suficiente para competir con productores domésticos, las cuotas imponen una cantidad determinada en la importación de ciertos productos, dejando de lado la oferta y la demanda, o los precios, en el mercado doméstico o extranjero.

La devaluación competitiva, el surgimiento de sistemas monetarios regionales y el proteccionismo, llevaron a la creación de acuerdos comerciales bilaterales, esto es, acuerdos comerciales entre dos países. Estos acuerdos se llevaron de tal manera que evitaron la liquidación en oro o en monedas débiles y hubo tres formas principales, a saber, acuerdos de compensación privados, acuerdos de liquidación y acuerdos de pagos. Los acuerdos de compensación fueron una forma moderna de trueque, pues, con estos, dos países acordaban intercambiar bienes con valor equitativo y, siendo así, las transacciones de divisas no eran necesarias. En algunos casos el gobierno estaba involucrado, pero la mayoría de las veces las negociaciones las llevaban a cabo individuos privados o firmas. Este tipo de comercio tuvo muchas dificultades, pues se requería la compensación de exportaciones e importaciones individuales en cada transacción. En 1932 y 1933, una cantidad considerable del comercio alemán se hizo con base en estos acuerdos.

Con los acuerdos de liquidación dos países acordaban establecer una cuenta, por lo general en algún banco central, a través de la cual todos los pagos por importaciones y exportaciones debían ser liquidados. Por ejemplo, con el acuerdo de liquidación entre Alemania y Yugoslavia, los importadores alemanes de bienes yugoslavos, pagaban marcos en una cuenta del Reichbank, y se acreditaban a la cuenta de la agencia de liquidación yugoslava, y las exportaciones de Alemania a Yugoslavia se pagaban con ese fondo. Además, la transferencia de intereses y dividendos, los servicios de transporte, las remesas, etc. también se llevaban a cabo con base en este mecanismo.

Los acuerdos de pagos usaron el método normal de pagos entre divisas. Estos acuerdos permitieron que los países con control de cambios se vincularan con los países con libre comercio. Estos últimos se involucraron en estos acuerdos bilaterales por la dificultad que tenían los primeros para pagar su deuda. El primer acuerdo de este tipo fue entre Reino Unido y Alemania.

Las políticas comerciales proteccionistas y los acuerdos bilaterales causaron una reducción en los ingresos reales a nivel mundial, pues al distorsionar el funcionamiento normal del comercio se generó pérdida en términos de bienestar para sus participantes. No obstante, dependiendo del tipo de políticas que se adoptaron, los resultados fueron diferentes, el área de la libra esterlina incentivó el comercio entre bloques sin desalentar el comercio con el resto del mundo; los países influenciados por Alemania, comerciaron más entre ellos de lo que se hubiera esperado según sus características económicas individuales, pero acabaron su relación comercial con el resto del mundo por implementar control de cambios y por los acuerdos de liquidación; los países del Bloque-oro, al no fomentar el comercio entre bloques e implementar políticas proteccionistas, deprimieron su relación comercial con el mundo. Asimismo es importante mencionar que las condiciones en esta década hicieron imposible fijar equilibradamente los tipos de cambio y liberar los pagos internacionales, y los acuerdos bilaterales facilitaron el comercio que de otra manera no se hubiera podido hacer. En otras palabras, las exportaciones entre los países que adoptaron políticas proteccionistas, como el control de cambios, incrementó, y en consecuencia, las importaciones, permitiendo que estos países cumplieran sus obligaciones con los países acreedores.

Bretton Woods: un nuevo sistema monetario internacional

Durante la Segunda Guerra Mundial los países Aliados decidieron crear un nuevo sistema monetario internacional para el periodo de postguerra, con el fin de evitar los problemas que surgieron después de la Primera Guerra Mundial y los problemas de la Gran Depresión. Para crear dicho sistema, Harry Dexter White, representante de EE.UU, y John Maynard Keynes, representante de Reino Unido, diseñaron dos modelos diferentes que presentaron en la Conferencia de Bretton Woods, la cual se llevó a cabo en Nuevo Hampshire, EE.UU, en julio de 1944. Ninguno de los dos modelos se aplicó tajantemente, sino que se decidió por un modelo que incorporó elementos de ambos, no obstante, se apegó más al de White.

Con base en el nuevo modelo se decidió que el nuevo sistema monetario internacional sería el sistema Patrón Cambio Oro, sin embargo, la única moneda que se fijó al oro fue el dólar estadounidense, cuya equivalencia siguió siendo 35 dólares la onza de oro; asimismo, fue la única moneda convertible. Todas las demás monedas tuvieron que fijar su paridad cambiaría al dólar. Además, White y Keynes acordaron que este sistema de paridad ajustable fuera coordinado por una agencia monetaria internacional. Con esto surgió la idea del Fondo Monetario Internacional (FMI), cuyo Convenio Constitutivo entró en vigor en 1945, aunque el FMI, como tal, no se estableció hasta marzo de 1947.

Los objetivos acordados en Bretton Woods que se establecieron en el Convenio Constitutivo del FMI, fueron: facilitar la expansión y el crecimiento balanceado del comercio internacional, contribuyendo al mantenimiento de altos niveles de empleo e ingresos reales, así como al desarrollo de los recursos productivos de todos los miembros. Es decir, se acordó reconstruir la economía y el comercio mundial.

Para alcanzar dichos objetivos el FMI debía fomentar la cooperación monetaria internacional, promoviendo la estabilidad entre los tipos de cambio y evitando la devaluación competitiva. Esto se lograría con el sistema de paridad ajustable, pues se fijarían los tipos de cambio al dólar, pero en caso de que se presentara un “desequilibrio fundamental” en la Balanza de Pagos, esto es, un déficit o un superávit en la cuenta corriente, el tipo de cambio se podría ajustar. Por ello se le pidió a los miembros que declararan una paridad cambiaria y la mantuvieran en un rango de más/menos uno por ciento; en caso de un “desequilibrio fundamental”, dicha paridad se podría ajustar, pero se tendría que consultar a todos los miembros, sin embargo, el FMI no rechazaría el cambio si no superaba el 10 por ciento, de otra manera el FMI decidiría. Históricamente estos casos fueron raros, y más bien se volvió una práctica usual del FMI presionar a los países con déficit o superávit en su Balanza de Pagos a devaluar o revaluar, en cada caso, sus divisas.

Asimismo, para lograr la estabilidad entre los tipos de cambio, evitar la devaluación competitiva, acabar con los acuerdos bilaterales y fomentar el comercio y los pagos multilaterales, todos los miembros debían hacer sus monedas convertibles para las transacciones de cuenta corriente, es decir, para que pudieran ser usadas en el mercado internacional. No obstante, debido a que los flujos de capital en la década de 1930 tuvieron un gran componente especulativo que obstaculizó la estabilidad en los tipos de cambio, el compromiso de eliminar las restricciones en las transacciones de cuenta corriente no se extendió a los flujos de capital o a la cuenta de capital. Por tal razón, se permitió el uso de controles de capital que regularan los movimientos internacionales, pero sin que dañaran las transacciones de cuenta corriente. Por otro lado, los miembros podían evitar hacer sus monedas convertibles apelando al artículo XIV del Convenio Constitutivo del FMI, que permitía un periodo de transición de tres años después del establecimiento del FMI. Durante este periodo se permitió que muchos países mantuvieran control de cambios.

Por otro lado, los miembros podían obtener recursos del FMI para arreglar un déficit en su Balanza de Pagos. Estos recursos se financiaron a través de cuotas con las que cada miembro contribuyó, no obstante, su contribución fue mayor o menor según su estado económico, y cualquiera que fuera la contribución, se estableció que cada país debía otorgar 25 por ciento en oro o dólares y 75 por ciento en moneda nacional. Esto permitió que todos los miembros pudieran hacer swaps de divisas, es decir, intercambiar una moneda por otra, sin embargo, el FMI condicionó dicho mecanismo para prevenir la acumulación de monedas inestables y evitar el agotamiento de monedas estables, como el dólar. Además, debido a que la tarea principal del FMI debía ser mantener estable la Balanza de Pagos de sus miembros, en el caso de los países propensos a mantener superávits, apelaría a la cláusula de moneda escasa, establecida en el artículo VII, pues en tal caso podría suceder que las reservas de dichas monedas fueran insuficientes para satisfacer la demanda de éstas por otros miembros, y declarándolas escasas incitaría a los miembros a racionar su uso; asimismo, en tal situación, permitiría el uso de control de cambios discriminatorio. Aparte, estableció requerimientos y condiciones para el pago de los préstamos, decidiendo en qué moneda se pagarían estos.

La organización del FMI se llevó a cabo con base en una junta de gobernadores, los cuales fueron electos por todos los miembros. Dicha junta decidía los cambios principales, como el cambio en la paridad de alguna moneda; por otro lado, la decisión de los cambios con más peso, como un cambio en la paridad de todas las monedas, se llevó a cabo con base en la votación de todos los miembros, sin embargo, el valor del voto de cada miembro se estimó con base en la cuota otorgada por éste. Por ello, EE.UU fue el miembro más influyente en todas las decisiones, pues su contribución constituyó un tercio de las reservas del FMI. Esto tiene sentido porque durante la Segunda Guerra Mundial muchos países europeos quedaron en deuda con EE.UU, incluyendo Reino Unido, situación que debilitó su moneda y su poder económico, y volvió al dólar eje de la economía mundial. Por esta misma situación se decidió que el dólar sería la moneda de referencia para el nuevo sistema monetario internacional.

Ahora, aunque el sistema de Bretton Woods fuera con base en una reserva global de oro y dólares, estos últimos debían ser los más dinámicos en la acumulación de reservas, y por esta razón, aunque los dólares en las reservas de los bancos centrales fueran convertibles a oro según el precio fijado por EE.UU, los agentes privados no estaban autorizados para hacerlo, los únicos autorizados para dicho intercambio fueron los gobiernos y los bancos centrales.

Por último, los participantes de Bretton Woods también decidieron crear el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), que actualmente es una de las cinco instituciones que componen el Banco Mundial, para resolver los desastres que dejó la Segunda Guerra Mundial en Europa. Para dicho fin, el banco debía hacer préstamos con fondos que se le otorgaron y con fondos que podía obtener con la venta de bonos.

El problema de Bretton Woods

El plan que se desarrolló en Bretton Woods no se logró, pues se estimó que en cinco años, a partir de 1947, Europa iba a recuperarse, pero no fue así. La escasez de dólares y el persistente bilateralismo fueron los principales problemas que se presentaron en la primera década del periodo de postguerra. Hasta 1958 los países europeos comenzaron a tener una economía sana, pero las instituciones creadas para alcanzar dicho fin no ayudaron mucho, fueron, sobre todo, los planes de ayuda concedidos por EE.UU los que impulsaron al mundo.

Las entradas de oro que registró EE.UU en la década de 1930 y durante la Segunda Guerra Mundial ocasionaron que en el primer periodo de postguerra se concentraran dos terceras partes de las reservas de oro mundiales en dicho país. En consecuencia, el desarrollo tecnológico e industrial creció, y aumentaron sus exportaciones causando un superávit en su Balanza de Pagos y la entrada de más oro. En Europa se vivía lo contrario, la guerra dejó deshecha la economía y se frenó el desarrollo tecnológico e industrial, por lo que las importaciones crecieron y las exportaciones disminuyeron, y EE.UU fue el único país capaz de cubrir las necesidades de los países europeos. Esta situación devino en escasez de dólares, pues EE.UU no importaba de Europa y ésta importaba de EE.UU.

Dicha situación se agravó cuando el FMI y el BIRF se declararon incapaces de resolver los problemas económicos de Europa. Por un lado, el presupuesto del FMI era insuficiente para equilibrar la Balanza de Pagos de los países europeos, es decir, para acabar con los déficits; por otro lado, el BIRF no tenía dinero suficiente para las reconstrucciones y, además, el único mercado para los bonos que emitía esta institución era la banca de Wall Street.

Se tenía que encontrar una solución, por lo que se decidió que EE.UU debía comenzar a registrar un déficit en su Balanza de Pagos. Para alcanzar tal fin se presentaron tres opciones, a saber, importar de Europa, hacer inversión extranjera directa, o hacer donaciones y préstamos. Las primeras dos resultaron poco atractivas, sólo con base en donaciones y préstamos se vio oportuno corregir el problema. Por ello, en 1947, la administración de Harry S. Truman puso en marcha el Programa de Recuperación Europea o Plan Marshall.

A través del Plan Marshall, EE.UU le concedió a Europa donaciones y préstamos con los cuales ésta se estabilizó política y económicamente. Este plan tuvo el fin de acabar con las barreras comerciales y financieras para integrar y recuperar la economía de las naciones europeas, pues sólo así se lograría obtener estabilidad política y se evitarían consecuencias parecidas a las de la Primera Guerra Mundial, a saber, el surgimiento de ideologías nacionalistas y líderes autoritarios, como Hitler en Alemania, que pudieran ocasionar otra guerra. En otras palabras, el objetivo principal del Plan Marshall fue evitar una tercera guerra, haciendo autosuficiente a los países europeos a través de la interdependencia económica, que se logró con la liberalización financiera y comercial, es decir, con base en el libre mercado.

El Plan Marshall se puso en manos de la Administración de Cooperación Económica, cuyo líder fue Paul G. Hoffman, ejecutivo de una empresa de automóviles estadounidense, quien fue elegido por el congreso de EE.UU debido a que se consideró que el programa sería mejor manejado por el sector privado. Lo primero que requirió el programa fue que los países europeos terminaran con las barreras comerciales y financieras, por lo que se estableció la Organización Europea para la Cooperación Económica (OECE, los orígenes de la actual Unión Europea), y cuya posterior tarea fue organizar la distribución de los préstamos y donaciones a los países europeos con base en el tamaño de sus déficits en la cuenta corriente. Sin embargo, a pesar de que el dinero llegó directamente a los gobiernos, fue destinado únicamente a empresas locales, agrícolas e industriales, quienes como prestatarias rápidamente cumplieron con sus obligaciones y pudieron volver a obtener préstamos. Este proceso ayudó a que los proyectos del sector público también se pagaran con los préstamos y, en consecuencia, hubo un gran desarrollo en la infraestructura comercial, por ejemplo, se construyeron puertos, ferrocarriles, cadenas de suministro, redes de telecomunicación, y bancos e instituciones financieras, las cuales impulsaron aún más las actividad económica.

En 1952, en gran parte por el Plan Marshall, los países de la OECE incrementaron aproximadamente un 39 por ciento su producción industrial, doblaron el número de sus exportaciones, aumentaron un tercio sus importaciones y, finalmente, registraron un superávit en sus cuentas corrientes.

Ahora, no todos los países europeos participaron en el Plan Marshall, por un lado, a España no se le invitó a participar por estar bajo la dictadura de Francisco Franco; por otro lado, la Unión Soviética, que decidió también por bloque comunista, integrado por países de Europa Central y Europa del Este, rechazó la invitación a unirse al plan. La razón fue que Stalin rechazó adecuarse al sistema capitalista de EE.UU, e inició un movimiento para acabar con el Plan Marshall, lo que ayudó a que otras naciones europeas lo aprobaran. No obstante, esta situación preocupó a los países que se unieron al plan, por lo que le pidieron a EE.UU que se comprometiera militarmente y, por ello, se estableció la Doctrina Truman en 1947.

En 1958, cuando la economía europea finalmente se había recuperado, se estableció la convertibilidad monetaria y cada país comenzó a intervenir en el mercado cambiario, vendido o comprando dólares para mantener su paridad dentro del rango establecido de más/menos uno por ciento.

Por los sucesos mencionados, el uso del dólar como moneda global incrementó desde la década de 1950 y se empezó a usar como reserva internacional. No obstante, a finales de dicha década las reservas de oro mundiales eran insuficientes para financiar el crecimiento de la producción y el comercio mundial; asimismo, los recursos del FMI, que debían ser otra fuente de liquidez internacional, también fueron escasos. EE.UU no supo cómo administrar y comenzó a emitir masa monetaria de más. Por estas razones el sistema de Bretton Woods tuvo problemas que lo llevaron a colapsar, a saber, el ajuste de la Balanza de Pagos, la liquidez, y la confianza en el dólar.

El problema sobre el ajuste de la Balanza de Pagos de EE.UU comenzó por el déficit que dejaron las salidas de capital debido a los programas de ayuda externa que concedió este país después de la Segunda Guerra Mundial. Estas salidas de capital superaron los superávits en la cuenta corriente que obtuvo EE.UU desde 1958 hasta 1970, con excepción de 1959. El déficit en la Balanza de Pagos representó un problema para las autoridades monetarias de EE.UU por la desconfianza que podía causar a otros países. Para que se entienda, en tanto los depósitos en dólares que comenzaron a tener otros países, crecía, también se acumulaban los déficits, con lo cual aumentaba la probabilidad de que dichos países quisieran cambiar los dólares que tenían, por oro y, así, desencadenar una demanda masiva por las reservas de oro estadounidenses.

Para Europa los déficits en la Balanza de Pagos de EE.UU representaron un problema por diferentes razones. Por un lado, como el dólar era la divisa de reserva internacional, era muy demandada, por lo que EE.UU no tenía necesidad de ajustar su economía doméstica a su Balanza de Pagos. De hecho, hasta 1968 la inflación en este país fue menor a la del resto del Grupo de los Siete (Alemania, Canadá, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y EE.UU). Por lo dicho, los alemanes reclamaron que EE.UU exportaba inflación a los países que registraban un superávit en su Balanza de Pagos, pues al exportar más, y al ser el dólar la divisa con la que se hacían casi todas las transacciones internacionales, estos países se veían obligados a aumentar su oferta monetaria, pues los exportadores locales cambiaban los dólares con los que se les pagaba por moneda local. Por otro lado, algunos países, como Francia, resintieron el dominio financiero de EE.UU y, para acabar con ello, desde 1965 comenzaron a cambiar sus reservas en dólares, por oro. Este tipo de acciones, como se verá, fueron las que finalmente hicieron colapsar el sistema de Bretton Woods.

Con esta situación, Robert Triffin, económista belga, se dio cuenta del famoso dilema de Triffin, a saber, que aunque pareciera que un déficit en la Balanza de Pagos de EE.UU representaba un problema, realmente no era así, pues el dólar como moneda de reserva proveía de liquidez a los demás países, por lo que si se acababa con dicho déficit, hubiera devenido una escasez de liquidez a nivel mundial. Para que se entienda, debido a que el dólar era la única divisa respaldada por el oro, y las otras monedas fijaron su tipo de cambio con base en el dólar, entonces ésta servía como moneda de reserva internacional, lo cual hacía que fuera sumamente demandada y, en consecuencia, EE.UU se veía obligado a proveer a los demás países con su moneda, por lo tanto, los déficits que registró EE.UU en su Balanza de Pagos eran determinados por la demanda.

No obstante, aunque los déficits de EE.UU no fueran un problema, lo que sí se volvió un problema fue la convertibilidad en oro, pues, en primer lugar, la producción y el precio del oro se vinieron abajo; y en segundo lugar, en tanto la demanda por el dólar crecía y EE.UU aumentaba su oferta monetaria, al mismo tiempo que otros países demandaban convertir sus dólares en oro, las reservas de oro de EE.UU, al final, no pudieron respaldar las reservas en dólares que tenían otros países.

Para que se entienda, el problema real de liquidez comenzó al principio de la década de 1950, cuando se generó escasez de oro debido a que después de la Segunda Guerra Mundial el precio real del oro había estado cayendo y, además, disminuyó la producción de este metal. Esto se superó, pero para 1966 la producción del oro volvió a disminuir. Además, la caída del precio del oro estimuló la demanda privada por éste. Por estas razones, las reservas de oro mundiales no pudieron financiar la producción y el comercio mundial. Aunado a esto, los dólares que proveía EE.UU representaron un problema más a la escasez de oro, porque con continuos déficits, las reservas de oro de este país disminuyeron tanto que respaldar los dólares en las reservas de otros países fue imposible y eventualmente se generó una crisis de convertibilidad. Esta situación fue un callejón sin salida, pues, como hace patente el dilema de Triffin, EE.UU tampoco podía acabar con sus déficits porque en tal caso se hubiera creado escasez de liquidez en todo el mundo y habría devenido en deflación. Por ello, antes de que se generara la crisis de convertibilidad, se trató de solucionar este problema con la creación de los Derechos especiales de giro, que fungieron como un nuevo activo de reserva internacional y también fueron respaldados por oro. Sin embargo, para lo único que sirvieron fue para exacerbar la inflación a nivel mundial.

Ahora, para comprender problema de los déficits en la Balanza de Pagos de EE.UU, la falta de confianza en el dólar, y la eventual crisis de convertibilidad, que finalmente concluyó con el colapso del sistema de Bretton Woods, es necesario ver qué tanto disminuyeron las reservas de oro de EE.UU en relación con las reservas en dólares que sostuvieron otros países. Así, en 1950, EE.UU tenía más de la mitad de las reservas de oro mundiales, y los depósitos en dólares en el extranjero representaron en relación con éstas poco más de la mitad; en 1968, los depósitos en dólares en el extranjero superaron seis veces las reservas de oro de EE.UU; y en 1971, las reservas en oro de EE.UU solo podían respaldar el 11.25 por ciento de los depósitos en dólares en el extranjero.

Por lo dicho, en octubre de 1960, especuladores internacionales hicieron que el precio del oro aumentara en el mercado de Londres, de 35 a 40 dólares. Las autoridades monetarias de EE.UU tomaron medidas inmediatas, pues aquello pudo haber ocasionado que muchos países comenzaran a convertir los dólares que sostenían, en oro. El Departamento del Tesoro de EE.UU suministró al Banco de Inglaterra con suficiente oro para restaurar la estabilidad, y el Grupo de los Diez (Alemania, Bélgica, Canadá, Francia, Italia, Japón, Holanda, Reino Unido, Suecia, Suiza y EE.UU) acordó no comprar oro por más de 35 dólares la onza. En noviembre de 1971 los bancos centrales de EE.UU, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Bélgica, Holanda y Suiza, abrieron un fondo colectivo llamado London Gold Pool para mantener el tipo de cambio del dólar. Este fondo logró su fin seis años, el problema fue la constante pérdida que ocasiono a las reservas de oro de EE.UU, pues este país concedió el 60 por ciento de las reservas de oro del fondo, los otros siete países concedieron el 40 por ciento y, además, estos repusieron el oro otorgado convirtiendo los dólares que tenían en sus reservas, por oro, en el Tesoro de EE.UU.

Además, desde 1962, el fondo comenzó a comprar y vender oro dependiendo de si el precio en el mercado bajaba o subía. En 1966, la demanda privada por oro aumentó, no obstante, la producción de éste disminuyó, y el fondo se convirtió en el mayor vendedor de oro, ocasionando que las reservas mundiales de este mental se redujeran. En noviembre de 1967, la libra esterlina sufrió una devaluación, causando que se demandara aún más oro; en diciembre, Londres vendió 20 veces más oro en el mercado de lo que usualmente vendía. Bajo presión, Londres y Zurich dejaron de vender en el mercado. En marzo de 1968, las pérdidas del fondo sumaron tres mil millones en oro, de los cuales el 73.3 por ciento habían sido otorgados por EE.UU. El fondo se abandonó ese mismo mes y las autoridades monetarias que lo conformaban acordaron no vender más oro en el mercado, sino solo entre ellas y al precio oficial.

A esta problemática se sumaron las decisiones fiscales y monetarias de EE.UU, pues en 1965, para financiar la guerra de Vietnam y los programas sociales de la administración de Lyndon B. Johnson, este país comenzó a emitir masa monetaria, y debido a la pérdida en las reservas de oro que tuvo EE.UU durante esta época y la poca producción de dicho metal en el mundo, el aumento de la masa monetaria devino en inflación. El superávit en la cuenta corriente se deterioró, por lo que el déficit en la Balanza de Pagos empeoró; en 1966 se controló esta situación con base en políticas monetarias restrictivas.

Francia agravó la situación de EE.UU, pues en 1965 comenzó a cambiar los dólares en sus reservas, por oro, haciendo que las reservas de oro de EE.UU disminuyeran y la escasez aumentara en el mundo. EE.UU respondió presionando a las autoridades monetarias extranjeras para que dejaran de cambiar sus dólares por oro, no obstante, en tanto mejoraba el crecimiento económico de Japón y algunos países europeos, estuvieron menos dispuestos a acumular dólares en sus reservas.

Este sistema monetario, que al final se sostenía solo con el dólar, comenzó a ver su fin con la reducción en las reservas de oro de EE.UU y la inflación por la emisión de masa monetaria, la cual se exportó a algunos países europeos. Finalmente, en agosto de 1971 Richard Nixon ordenó cerrar la ventana de cambio de oro, y acabó con la convertibilidad de oro y dólares.

Para que se entienda, la inflación de EE.UU, efecto de la emisión de masa monetaria, se contagió a otros países europeos porque estos al tener un superávit en su cuenta corriente, comenzaron a recibir más dólares y, en consecuencia, tuvieron que emitir masa monetaria, lo que devino en inflación. Por ejemplo, Alemania aumentó su oferta monetaria de 6.4 por ciento a 12 por ciento en 1971, causando que la inflación incrementara de 1.8 por ciento en 1969, a 5.3 por ciento en 1971. Por esta razón, en mayo de 1971, el banco central de Alemania dejó que su moneda flotara, lo siguieron Austria, Bélgica, Holanda y Suiza. En abril, la balanza de comercio de EE.UU registró por primera vez un déficit; en agosto, Francia y Reino Unido tuvieron la intención de cambiar los dólares en sus reservas, por oro. A estos hechos siguió la decisión de Nixon y el sistema monetario de Bretton Woods vio su fin.

A muy grandes rasgos, hasta aquí podemos entender cómo las condiciones históricas del siglo XX dieron cabida para que cambiaran en muy poco tiempo las relaciones internacionales y la estructura económica a nivel mundial y cómo el dólar se volvió imprescindible para su funcionamiento. No obstante, para entender la actualidad se tiene que ver el proceso después de Bretton Woods, lo cual será el tema de la siguiente publicación.

Otras fuentes:

Kenwood, A.G., y Lougheed, A.L. The Growth of the international economy 1820-2000: an introductory text. Londres: Routledge, 2002. https://trove.nla.gov.au/work/179884904?q&sort=holdings+desc&_=1549512852171&versionId=210780308

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