
¿Por qué entender el populismo?
Hay muchas razones que hacen imprescindible hablar sobre populismo, entre tantas, entender que la sociedad no se puede dividir en un pueblo homogéneo, siempre bueno, y la élite corrupta o los inmigrantes invasores y delincuentes; no se puede culpar totalmente a la élite política y/o social ni a los movimientos migratorios de los problemas políticos, sociales y económicos. Al polarizar se simplifica la complejidad que representa la realidad económica y social. También se debe entender que no existen líderes políticos antisistema que pueden combatir al sistema desde el mismo sistema o imponiendo otro sistema (ser antisistema significa estar en contra de todo sistema, o sea, no existen políticos antisistema, es contradictorio). Asimismo, que una nación no se puede “volver” a hacer “grande”. El pasado debe ser punto de partida, no una meta. Además, los problemas de un país actualmente ya no le pertenecen sólo a ese país, vivimos en un mundo interconectado, todos dependemos de todos.
Por estas razones y muchas más es necesario entender y ser extremadamente críticos con el persistente populismo en América Latina y su resurgimiento en Europa y Estados Unidos (EE.UU), así como con los políticos populistas que encabezan movimientos en dichas regiones.
¿Qué es el populismo?
El populismo no es una ideología, sino una estrategia, una forma de hacer política que consiste en definir a un sujeto colectivo, es decir, se trata de generar antagónicos creando la identidad de un pueblo con base en su frustración y enojo hacia la élite política y/o social, hacía los inmigrantes, hacia la globalización, el neoliberalismo o [inserte enemigo]. La creación de tal identidad colectiva por lo general tiene éxito en tanto su carácter es ambiguo, pues logra unir elementos heterogéneos en una unidad. Además, ofrece soluciones simples y burdas a problemas complejos.
En resumen, el populismo es una estrategia política que genera narrativas que se adaptan a cada contexto político, social y económico, las cuales tratan de explicar qué pasa, por qué pasa, quiénes son los responsables y cuál es la solución.
Ahora, debido a que el populismo no es una ideología puede ser de izquierda o derecha. En América Latina ha predominado el populismo de izquierda, mientras que en Europa ha predominado el de extrema derecha, aunque esto no es una regla, en ambas regiones han surgido los dos tipos.
Para entender cómo se articula el populismo de izquierda y de derecha, debemos saber a qué se refieren estas categorías políticas. El eje izquierda-derecha es muy útil como brújula política, pero son categorías que cambian y se adaptan al contexto social y económico de cada época y región. Actualmente en Europa y EE.UU lo que define al populismo de extrema derecha es su discurso contra la globalización y a favor del Estado Nación, mientras que en América Latina lo que define al populismo de izquierda sigue siendo el discurso contra el libre mercado y a favor de la socialdemocracia. Lo dicho se puede resumir en dos divisiones, la étnico-nacional/cultural para la extrema derecha, y la de ingresos/clase social para la izquierda.
Por estas razones es que la creación de la identidad del pueblo es diferente en cada región. En Europa y EE.UU la identidad del pueblo se crea con base en una nación en contra de sus enemigos externos, como, por ejemplo, los inmigrantes, el Islam, la Comisión Europa (CE), etc. En América Latina dicha identidad se crea con relación a las estructuras sociales e institucionales, como la élite política y social, el Estado, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI), etc.
Por lo dicho, como se verá, las políticas económicas que proponen casi todos los políticos populistas, tanto de extrema derecha, como de izquierda, son similares.
Causas del populismo
Las causas del populismo en Europa, EE.UU y América Latina, son diferentes, sin embargo, una causa común se le puede atribuir a los efectos sociales y económicos de la globalización y el libre mercado. Aunque cabe aclarar que algunos de dichos efectos se perciben más de lo que tienen de realidad.
Es verdad que la globalización aumentó las oportunidades para exportadores, compañías multinacionales e inversores, así como ha ayudado a países pobres a transformarse rápidamente y ha disminuido la pobreza en todo el mundo. Pero también es verdad que dividió a la sociedad en productores locales y profesionales globales, regiones industriales con ventaja corporativa y regiones industriales sin ventaja, la ciudad y el campo, élites y gente ordinaria. Sin embargo, es importante mencionar que el desarrollo tecnológico es lo que más ha afectado a la desindustrialización y a la desigualdad espacial y de ingresos.
El reciente surgimiento de partidos populistas de derecha e izquierda en Europa se debe sobre todo a la inseguridad económica y cultural, es decir, el estar expuestos a la competencia de importaciones y a los movimientos migratorios. Los partidos populistas de extrema derecha en esta región son los que han prevalecido, pues son aquellos que señalan el peligro que corre la identidad nacional, étnica, religiosa o cultural, con los movimientos migratorios. En este caso los inmigrantes musulmanes, las minorías (gitanos y judíos) y los burócratas de la CE, representan al “enemigo”.
Pero lo que los políticos populistas de extrema derecha han convertido en un discurso racista y xenofóbico, tiene sus raíces en la inseguridad económica. Para que se entienda, los inmigrantes, los refugiados y las minorías, representan competencia laboral y demandan los mismos servicios públicos, haciendo que se reduzcan dichos recursos para los ciudadanos originarios.
Por otro lado, en América Latina el persistente populismo de izquierda, cuyo discurso se ha enfocado más en la economía que en la cultura, se hizo posible debido a la rápida apertura comercial, a las crisis financieras, a la entrada de corporaciones extranjeras en sectores domésticos sensibles y a los programas impuestos por el FMI, el Banco Mundial y EE.UU. En otras palabras, los partidos políticos tradicionales y las instituciones bajo su mando se empezaron a ver como instrumentos de élites locales y extranjeras, que implementando un sistema neoliberal, dieron cabida a una creciente desigualdad social y económica.
Grecia, España e Italia, con una situación similar a la de América Latina, también tienden al populismo de izquierda, pues fueron los países con mayor entrada de capital bajo el modelo de globalización europea, lo que generó que sus economías cayeran en picada y creciera el desempleo. Dichas consecuencias se intensificaron por la presencia del euro y las políticas de austeridad que les impuso la CE, el FMI y el Banco Central Europeo (BCE).
Aunque en España también se puede hablar de migración, los inmigrantes que reciben son principalmente de América Latina y de otros países europeos, en contraste con Francia, por ejemplo, en donde estos, en su mayoría, llegan de países musulmanes o de África Sub-sahariana. Por ello también cambia la tendencia hacia el populismo de izquierda o derecha.
Dicho lo anterior cabe aclarar que, como mencioné, algunos efectos de la globalización se perciben más de lo que tienen de realidad. Así, es necesario mencionar que el número de inmigrantes en toda la Unión Europea (UE) es de 34 millones de personas, menos del siete por ciento de la población de esta región, en contraste con Australia (27,7 por ciento), Nueva Zelanda (25,1 por ciento) o Canadá (20,7 por ciento). Además, actualmente hay menos terrorismo en Europa que en las décadas de los 70, 80 y 90.
En el caso de EE.UU las circunstancias económicas y sociales han dado cabida para el populismo de izquierda y derecha. El discurso populista de ambas categorías se centra en que, por un lado, las importaciones que registra este país superan por mucho a las exportaciones (aún así es el segundo mayor exportador del mundo), pero cabe mencionar lo que no dice el discurso, a saber, que esto se debe a que el dólar es la divisa más fuerte del mundo y a que los activos del Tesoro se consideran extremadamente seguros, por lo que demasiados inversores internacionales deciden colocar su dinero en este país. Asimismo, debido a que es más barato para las industrias estadounidenses producir en otros países, como México, muchas se han mudado, dejando desempleo en algunos estados. Por otro lado, la inmigración de México y de otros países de América Latina, y el terrorismo de algunos grupos musulmanes radicales, también ha dado entrada a la manipulación política.
Populistas paradigmáticos y las consecuencias económicas actuales del populismo
América Latina ha tenido una larga lista de mandatarios populistas de izquierda. Podemos mencionar algunos pasados, desde Perón y Fernández de Kirchner en Argentina, Fujimori en Perú, Uribe en Colombia, etc.; hasta algunos actuales, como Ortega en Nicaragua, Evo Morales en Bolivia, etc. pero ninguno llevó la socialdemocracia tan lejos como lo hizo Hugo Chávez y lo ha continuado Nicolás Maduro en Venezuela.
A Hugo Chávez se le conoce como el padre de la Revolución Bolivariana, pues prometió al pueblo venezolano combatir el neoliberalismo y “devolver” la soberanía nacional que había perdido Venezuela debido a los políticos y las instituciones ligadas al FMI, el Banco Mundial y EE.UU ¿Y qué hizo?
1) Autoritarismo
Cuando Chávez llegó al poder en 1999 su régimen le dio a los excluidos la oportunidad de organizarse y movilizarse y, en 2001, creó una serie de instituciones sociales participativas, como los Círculos Bolivarianos y los Colectivos, que tenían a su cargo promover el proceso revolucionario. Los Colectivos rápidamente degeneraron en grupos de choque que tenían como objetivo a los medios de comunicación y periodistas que criticaban al nuevo régimen y su propósito. Dichas instituciones a su vez legitimaron al régimen chavista, mostrando lealtad ante Chávez y parcialmente ante Maduro.
Además, aunque el comandante promovió una intensa, aunque virtual, participación política, llevando a cabo 14 elecciones y referéndums a lo largo de sus 14 años en el poder, también, como es costumbre de mandatarios populistas, debilitó las instituciones democráticas. Reformó la Constitución haciendo más fuerte al Poder Ejecutivo a expensas del Legislativo, socavó la independencia del Consejo Nacional Electoral, colocó a sus partidarios en el Tribunal Supremo de Justicia y acabó con la autonomía del ejército. En cuanto a los medios de comunicación, revocó licencias de radio y televisión y forzó a los periódicos de oposición amistosa a vender sus operaciones a los partidarios del régimen.
2) Economía
En cuanto a la economía, Chávez llevó a cabo lo que tradicionalmente hacen los mandatarios populistas, a saber, implementó políticas económicas redistributivas creando programas sociales, aumentando el gasto público y tomando el control de ciertas partes de la economía nacional (estatizó industrias). El resultado de estas medidas económicas a corto plazo permitió que mejorara la calidad de vida de muchos venezolanos, pero el resultado a largo plazo ha sido una fuerte crisis económica.
Debido a que Venezuela es uno de los países con más reservas de petróleo en el mundo, una de las primeras políticas que llevó a cabo Chávez la implementó en Petróleos de Venezuela S.A (PDVSA), la refinería venezolana. Dicha política fue el Sistema de Democratización del Empleo, que tenía como objetivo crear trabajos. Así, en cuatro años PDVSA multiplicó el número de sus trabajadores, aunque la producción de la industria se mantuvo igual. En la administración pública también se multiplicó el número de funcionarios y se crearon programas sociales de todo tipo. En esta época la pobreza en Venezuela disminuyó en un 50 por ciento. El gobierno de Chávez pudo mantener el gasto público gracias a los ingresos que obtenía por exportación del petróleo. Y aunque la lucha de la Revolución Bolivariana era en contra de occidente y el neoliberalismo, no había un sólo país occidental que rechazara su petróleo. Sin embargo, debido a la estatización de industrias (hay que recordar el famosísimo “¡exprópiese!” de Chávez) y mantener tal cantidad de gasto público, hizo que Venezuela dependiera casi totalmente del petróleo. Al principio la economía se mantuvo, pues en tanto el precio del barril de petróleo en el mercado fuera superior a su costo de producción, Venezuela tenía ingresos seguros.
En 2014, después de la muerte de Chávez, con Nicolás Maduro, los precios del petróleo cayeron en picada y, por evidentes razones, Venezuela fue el primer país en sufrir las consecuencias. Con la disminución en los precios del petróleo y el famosísimo “¡exprópiese!”, que había dejado a Venezuela con muy pocas empresas privadas, Maduro encontró un país que se dirigía a la bancarrota. Ya no tenía ingresos para costear el desmedido gasto público y, además, no había manera de subir impuestos para recaudar. En resumen, el gobierno no tenía dinero ni capacidad para conseguirlo.
Para hacer frente a tal situación, Maduro tomó la decisión de emitir masa monetaria, lo cual hizo que el Bolívar se devaluara, es decir, que su valor disminuyera (esto se debe a que el dinero es como cualquier otro bien, entre más oferta haya, su valor disminuye, pues hay menos demanda). Por ello aumentaron los precios de los bienes y servicios, es decir, se produjo inflación. En 2015, en tan sólo tres meses, los precios se triplicaron.
En ese mismo año Maduro decidió implementar políticas de control de cambios y control de precios. Para que se entienda, por un lado, imponer un control de cambios significa que se le pone un precio determinado a una divisa (en este caso al dólar) que no es su valor real, para así controlar la compra y venta de ésta y también para evitar que haya fuga de capital, esto es, que los ciudadanos y algunos inversores no puedan sacar más de una determinada cantidad de dinero del país.
Por otro lado, imponer un control de precios significa ponerle un tope máximo a los precios de bienes y servicios. Pero debido a que en Venezuela los precios subían y subían por la emisión desmedida de masa monetaria, imponer un precio máximo a los bienes y servicios significó que en un punto estos llegaron a ser imposibles de producir. Un ejemplo muy burdo, si de mayo a julio el precio de una lata de atún aumenta de 15 a 45 pesos debido a que el valor de la moneda disminuye en tanto el gobierno se dedica a emitir masa monetaria, pero el mismo gobierno, para impedir que sigan subiendo los precios, le pone un precio máximo de 50 pesos a la lata de atún, mientras sigue emitiendo masa monetaria, para septiembre dicho precio máximo haría imposible que se vendieran latas de atún, debido a que se deberían vender en 60 pesos, por lo que con un precio máximo de 50 pesos no alcanzaría para producirlas.
Esto último hizo que los productores y las pocas empresas privadas de Venezuela dejaran de producir. Al gobierno de Maduro esto le ha importado poco, la emisión de masa monetaria ha continuado y actualmente se encuentran en un estado de hiperinflación. Así es como Venezuela ha llegado a sufrir extrema escasez. En los supermercados venezolanos no hay nada, lo que, por obvias razones, ha devenido en una crisis humanitaria.
En el caso de Europa, últimamente abundan los partidos populistas de extrema derecha con una gran cantidad de seguidores en Alemania, Holanda, Dinamarca, Austria, Hungría, Finlandia, Polonia, República Checa, etc., pero el que sobresale, por su antigüedad, es el francés Frente Nacional, con Marine Le Pen a la cabeza (a pesar de que en las elecciones del año pasado ganó el banquero centrista Emmanuel Macron). Las propuestas de Le Pen fueron: salirse de la UE y posiblemente dejar el euro (bajo referéndum), para así no seguir las políticas de la CE y el BCE; cerrar fronteras, hacer más complicada la residencia legal en Francia a inmigrantes, que la nacionalidad francesa no se les conceda a los hijos de inmigrantes sólo por nacer en Francia, etc.; y proteccionismo, a saber, cobrarles un impuesto extra a aquellos que contraten inmigrantes, rechazar tratados de comercio internacional, etc.; que se realizaran referéndums para ciertas decisiones si lo solicitaban 500 mil ciudadanos.
Pero no todos los partidos populistas de extrema derecha en Europa tienen el tradicional enfoque económico de izquierda, es decir, no todos proponen políticas proteccionistas. Un gran ejemplo es el Partido de la Independencia de Reino Unido, aquél que propuso el Brexit (y ganó), y el Partido por la Libertad de Holanda, quienes tienen un enfoque liberal.
Por otro lado, como había mencionado, en Europa también hay populismo de izquierda. Bajo contextos sumamente similares, Grecia con Syriza, España con Podemos e Italia con Movimiento 5 Estrellas (M5E), han visto emerger este tipo de populismo. Pero, debido al contexto de estos países, Syriza, en 2015, hizo una coalición con el partido de extrema derecha los Griegos Independientes, y en Italia, recientemente, M5E hizo una coalición con la Liga Norte. Por ello las propuestas de estos partidos, en general, son: salirse de la UE y dejar el euro (bajo referéndum); oponerse a la política de austeridad que les impone la CE y el BCE, bajar impuestos, aumentar el gasto público y deportar inmigrantes.
Italia es un gran ejemplo para que se entienda el riesgo del tipo de políticas económicas que estos partidos proponen bajo el contexto de sus países, pues está al día y alertando a toda la eurozona. Italia debe más del 130 por ciento de su PIB, con una deuda pública de 2,5 billones de dólares, y con un crecimiento de aproximadamente uno por ciento al año desde 2008. Por ello los intereses de los bonos de deuda italianos (préstamos) han subido demasiado, pues hay un alto riesgo de que caiga en default (impago). Ante tal situación el BCE le ha impuesto austeridad y un límite a su déficit (un límite al gasto que pueda tener que supere sus ingresos). Pero el nuevo gobierno italiano, bajo el M5E, ha rechazado tales medidas, proponiendo aumentar el gasto público con un déficit del 2,4 por ciento de su PIB (ningún país de la UE puede superar el 3 por ciento, y dada la situación de Italia, dicha cifra es altísima), y debido a que se prevé que Italia no crezca más del uno por ciento en los próximos años, esto representa un riesgo de default más alto. Además, al representar más riesgo, menos inversores estarán dispuestos a comprar bonos de deuda italianos (es decir, Italia tendrá menos préstamos) lo que hará que los intereses de los bonos sean más altos, aumentando todavía más el riesgo de default. El BCE y la CE no aceptaron tal propuesta (todavía no se decide nada), pues es un riesgo para toda la economía europea. Esto último se debe a que todos los países de la eurozona tienen la misma divisa (euro), y los bancos, entre países, se pueden prestar dinero sin problema, pero si un país quiebra, los bancos de los países que le hayan prestado dinero, también quiebran. Asimismo, si Italia decide salirse de la UE y dejar el euro, se pone todavía más en riego y a toda la eurozona.
El caso de Grecia con Syriza fue diferente, pues al final se adaptaron a las medidas impuestas por la CE y el BCE, y al no ser tan grande como Italia, se le pudo dar un rescate. En España, Podemos perdió popularidad después de que se supiera su vínculo con el gobierno Venezolano.
Por último, a muy grandes rasgos, el caso de EE.UU y el resto del mundo con Donald Trump, el político populista que se puede considerar el más importante, pues sus decisiones, junto con las consecuencias de las políticas monetarias expansivas que impuso la Reserva Federal (Fed) para superar la crisis del 2008, actualmente están poniendo en peligro la economía de países emergentes (México es un país emergente). Para que se entienda, la Fed y otros bancos centrales, tras la crisis de 2008, decidieron bajar la tasa de interés interbancaria y aplicar una política monetaria no convencional llamada expansión cuantitativa, para que a través de la banca se canalizaran recursos asequibles y baratos con el fin de incentivar el crecimiento económico. Esto ha ocasionado que muchos gobiernos, como el de EE.UU (el país que más debe en del mundo), sus empresas y ciudadanos, estén sumamente endeudados, y para evitar que la deuda siga creciendo y se genere inflación, malas inversiones y burbujas económicas, la Fed ha decidido aumentar dicha tasa de interés.
Para los países emergentes que tienen deuda denominada en dólares (préstamos en dólares que les han hecho inversores internacionales) que al principio no tuvieron problema para cumplir con sus obligaciones, un alza en las tasas de interés significa que el préstamo inicial ahora es más caro y difícil de pagar, pues, por un lado, al tener una deuda difícil de pagar, se vuelven poco atractivos para inversores extranjeros y pierden capital, pues estos se marchan; por otro lado, debido a que la divisa de dichos países pierde demanda, se deprecia.
El dólar es un caso especial debido a que es la divisa con mayor demanda en el mundo, todos los bancos centrales tienen más de la mitad de sus reservas en dólares y casi todos los bienes y servicios en el mundo se venden en esta divisa. Ahora, las políticas proteccionistas impuestas por Trump han agravado el problema, pues al tratar de combatir el déficit por importaciones que tiene EE.UU (que de hecho no es algo malo para este país) ha comenzado una guerra comercial, imponiendo aranceles a bienes y servicios que llegan de otros países (muchos de estos son países emergentes), haciendo que estos exporten menos y sus divisas se deprecien aún más. Esto, en conjunto con la decisión de la Fed y las decisiones que cada país toma en torno a su economía, ya está dejando estragos en países como Turquía y Argentina.
Por otro lado, la guerra comercial también ha afectado directamente a EE.UU, pues los aranceles que ha impuesto Trump a ciertos bienes y servicios provenientes de países extranjeros, significa un aumento en su precio. Muchos de estos bienes, como el aluminio, el acero, las autopartes, etc. son básicos para las industrias estadounidenses, y al encarecerse, ocasionan que la producción de dichas industrias disminuya, pues deben recortar gastos, ya sea corriendo empleados, reduciendo sueldos o mudándose de país. Asimismo, esto hace que los productos de estas industrias se vuelvan más caros. En resumen, la guerra comercial impulsada por Trump no está haciendo a America great again, sino que está haciendo que su industria sea menos competitiva, aumente el desempleo, se reduzcan sueldos, haya inflación y pérdida de poder adquisitivo.
El daño del populismo a la democracia liberal
Para que entender cómo el populismo daña la democracia liberal, debemos entender qué es con base en los conceptos que la componen, a saber, democracia, constitucionalismo y liberalismo.
Democracia quiere decir el “gobierno del pueblo”, de lo que se puede concluir que todos somos iguales. En general lo que esto significa es, por un lado, que las decisiones públicas las toma la mayoría popular; por otro, que la toma de decisión democrática se extiende a una máxima gama de asuntos públicos. El poder de la mayoría sólo se ve limitado por el imperativo de preservar las libertades, como la libertad de expresión, y los poderes, como el poder legislativo.
El constitucionalismo denota una estructura básica y duradera de poder institucional. Esta estructura es básica en tanto proporciona la base para la conducta de la vida pública, y es duradera porque incluye mecanismos que hacen difícil cambiar la estructura en sí misma, aunque se pueden enmendar o revertir decisiones hechas dentro de ella. Además, para organizar el poder, las constituciones establecen límites a las instituciones que las manejan. Estos límites pueden ser horizontales, como la “separación de poderes” y los “pesos y contrapesos”; y también pueden ser verticales, como, por ejemplo, con el federalismo, en donde el poder público se divide en diferentes niveles de jurisdicción (nacional, regional, etc.).
El liberalismo se puede distinguir entre la “libertad de los antiguos” y la “libertad de los modernos”. Para los antiguos la libertad implicaba “participación activa en el poder colectivo”, es decir, en un gobierno autónomo. Sin embargo, la magnitud de las comunidades políticas actuales hace que este tipo de gobierno sea imposible. De esto se puede concluir que la “libertad de los modernos” consiste en la selección de representantes a través de elecciones libres y justas, en donde todos deben participar en igualdad de condiciones.
Entonces, la democracia liberal es un orden político constitucional y democrático que cumple con el principio liberal sobre que el alcance público, o de la mayoría, es limitado. El discurso populista merma la democracia liberal en tanto polariza a la sociedad. El “pueblo”, según este discurso, tiene intereses opuestos a los de su “enemigo”, sea la élite, los inmigrantes, etc. Los intereses del “pueblo” siempre son buenos y virtuosos, mientras que los de la élite o los inmigrantes siempre son sospechosos, malos y corruptos.
El enfoque del discurso populista, como se ve, divide y, en un contexto de soberanía popular, dividir a una población entre el “pueblo” y el “enemigo” implica que una parte de la población, debido a que no pertenece al “pueblo”, no merece participar en las decisiones públicas. Por lo tanto, los individuos que no encajen con lo que se considere “pueblo” deben ser excluidos de la ciudadanía igualitaria, lo cual viola el principio de inclusión, esencial a la democracia por definición.
El mensaje del discurso populista parece decir que la voluntad del pueblo es una sola y por ello puede crear un mandato singular sin ambigüedades, lo cual es falso, pues hasta en circunstancias de libertad parcial, diferentes grupos sociales tendrán intereses, valores y orígenes diversos. La pluralidad es lo que caracteriza a los pueblos, no la homogeneidad.
En otras palabras, imponer una suposición de uniformidad en una realidad heterogénea distorsiona los hechos y eleva las características de unos grupos sociales sobre otros, atentando contra la democracia, que requiere pluralidad y el reconocimiento de que debemos encontrar términos justos para vivir juntos como ciudadanos libres, iguales e irreductiblemente diversos. Así, el populismo es enemigo del pluralismo y, por lo tanto, de la democracia moderna.
Otra falsedad del discurso populista es la aseveración de que el “pueblo” es virtuoso. No lo es. El político populista se sujeta esta afirmación para atacar al “enemigo” en términos morales, como corruptos, interesados y con malas intenciones hacia el “pueblo”.
En este punto queda explicar algo que parece paradójico, pues si el discurso populista atenta contra la democracia liberal ¿Por qué uno de sus medios más útiles son los referéndums o consultas populares?
Como mencioné, el discurso populista da por hecho que existe una sola voluntad del pueblo, por ello rechaza toda limitación a la expresión de ésta, y para que se manifieste, los regímenes populistas tradicionalmente han usado la democracia directa, es decir, a través de referéndums han intentado hacerla patente ¿Cuál es el problema?
El problema es que los referéndums cuando son tendenciosos no sirven para manifestar la voluntad del pueblo, pues más bien, en este tipo de prácticas, el voto funciona a favor de la popularidad del gobierno. Las preguntas que se hacen y que se responden de una manera limitada y poco crítica (“si” o “no”), generalmente van en contra de los “enemigos” del “pueblo”. Para que se entienda es importante enfatizar que el discurso populista divide y crea enemigos, poniéndose del lado de la mayoría que se siente amenazada, manipulándola a través de una narrativa que encaje con sus expectativas. De esta manera el fin de este tipo de referéndums es la legitimación del gobierno populista. Por ello a la democracia directa en los gobiernos populistas es aparente y se le ha llamado “democracia iliberal”.
Dos ejemplos claros sobre este tipo de referéndums son el caso del Brexit y el que Viktor Orbán llevó a cabo en Hungría para prohibir la entrada a refugiados.
En el caso del Brexit, la campaña que llevó a cabo el Partido de la Independencia de Reino Unido se centró en la amenaza de los movimientos migratorios, exagerando el peligro que los inmigrantes pueden representar y minimizando o ignorando sus beneficios, por ejemplo, para la economía británica. Asimismo, acusó a la UE y a la CE de abusar económicamente de Reino Unido y de imponerles barreras para un mejor desarrollo comercial. No se mencionó en dicha campaña que habría un impacto negativo en la economía, pues los acuerdos comerciales con la UE tendrían que cambiar y Reino Unido debería buscar nuevos socios comerciales alrededor del mundo, lo cual no se logra en poco tiempo. Tampoco se mencionó el problema que dicha separación representaría para Irlanda del Norte y la República de Irlanda, así como para Gibraltar y España. Actualmente, después de dos años y medio de la decisión del Brexit, parece que el acuerdo entre la UE y Reino Unido será alargar el tiempo de negociación para llegar a un acuerdo definitivo, en el que ambos queden satisfechos y las consecuencias económicas y comerciales sean mínimas. No obstante, existe una gran posibilidad de que el Parlamento británico se niegue a aceptar tal acuerdo en diciembre, lo que ocasionaría desestabilidad política, social y económica en Reino Unido, sin importar cuál sea el camino que decidan tomar a partir de ahí.
Además, el día en el que se llevó a cabo este referéndum, cuando las casillas habían cerrado, Google Trends registró que las preguntas que más buscaron los británicos fueron: “¿Qué es la UE?” y “¿Qué es el Brexit?”. También registró que muchos londinenses buscaron “Mudarse a Gibraltar”. Esto hace evidente que manejar la democracia directa tendenciosamente, la hace aparente.
En el caso del referéndum que llevó a cabo Orbán en Hungría hace dos años para prohibir la entrada a refugiados, se hace patente cómo los gobiernos populistas actúan al margen de la ley. En dicho referéndum participó el 43.9 por ciento de la población húngara, de los cuales, el 98 por ciento decidió prohibir la entrada a refugiados. En Hungría la ley establece que para que un referéndum sea válido, debe participar por lo menos el 50 por ciento de la población. A Orbán y a su partido esto les importó poco, celebraron la “victoria” y validaron la decisión que no tomó ni la mitad de los húngaros. Dicho caso nos deja ver otra manera en la que el populismo daña a la democracia liberal, a saber, mermando el constitucionalismo. Otro ejemplo claro, además del de Orbán, es cuando un político cambia o reforma la Constitución para poder reelegirse, lo que logra, de igual manera, mermando el constitucionalismo.
Para que se entienda, en la sección pasada apunté que Chávez se mantuvo en el poder 14 años llevando a cabo 14 elecciones y referéndums ¿Cómo lo logró? A principios de la década de los 2000, realizó decretos legislativos que permitió el Congreso, pero dichos decretos tuvieron tal alcance que la oposición no tuvo más lugar, así, el mandatario bolivariano comenzó a monopolizar el poder político. La oposición pidió volver a hacer elecciones y él las retrasó un año, lo que le permitió ganarlas. Pudo retrasar las elecciones porque ya tenía control sobre el Poder Judicial y la boleta electoral.
Ahora, fue importante retrasar tales elecciones porque al inicio del año 2002, el precio del petróleo estaba entre los 25 y 30 dólares, y en 2004, cuando se llevaron a cabo las elecciones, el precio del petróleo se encontraba en casi 80 dólares por barril. Chávez pudo financiar con eso importantes programas sociales y ganar el voto de una gran cantidad de venezolanos.
Otro ejemplo es el de Alberto Fujimori en Perú, cuando el 5 de abril de 1992, después de un año de confrontación con el Congreso, el mandatario peruano lo disolvió, despidió a 134 jueces de la Suprema Corte y decidió gobernar por decreto. La sorpresa fue que Fujimori pensó que iba a necesitar del poder militar para restaurar el orden en la calle, no fue así, de hecho el 80 por ciento de los peruanos aprobó sus acciones.
Estos ejemplos dejan claro cómo los mandatarios populistas merman el constitucionalismo, deshaciéndose de los límites horizontales que éste establece, es decir, deshaciéndose de la separación de poderes y de los pesos y contrapesos. De igual forma lo pueden hacer deshaciéndose de los límites verticales, es decir, deshaciéndose del federalismo.
Es importante mencionar que para llevar a cabo lo dicho, no sólo usan como medio el discurso populista y la aparente democracia directa, sino que también pueden llegar a usar a la policía, a los militares y a grupos paramilitares.
En resumen, el populismo tiende a hundir a las sociedades democráticas en una serie de falsos conflictos morales, amenaza los derechos de las minorías y da la oportunidad a líderes autoritarios para deshacerse de los controles en su gobierno.
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