
Regímenes cambiarios*
En la década de 1970, cuando colapsó el sistema monetario de Bretton Woods, cambió completamente la forma de valorar el dinero en todo el mundo. A partir de dicho momento éste se comenzó a sostener en nuestra mera creencia, es decir, su valor se consolida en nuestra fe.
Por lo dicho, al cambiar el sistema monetario internacional, se transformó la economía global. Comenzaron a desarrollarse diferentes regímenes cambiarios y cada país decidió adoptar el que mejor se adaptara a sus circunstancias.
Dadas las condiciones económicas y financieras internacionales anteriores a esta época, el dólar se convirtió en la divisa de referencia, es decir, en la moneda más importante a nivel internacional, aún más que en décadas anteriores. Los efectos de este hecho son imprescindibles para entender el contexto actual de la economía y la política mundial, temas que, a pesar de ser muy complejos, se puede estimar necesaria su comprensión general para asimilar y juzgar nuestro entorno, pues determinan la manera en la que vive cada uno de nosotros, y el amplio desconocimiento sobre su impacto puede devenir en crisis sociales, políticas y/o económicas.
Asimismo, la economía y la política de Estados Unidos (EE.UU) tienen un papel decisivo en relación con la política y la economía de las demás naciones. Por ello, esta cuestión la comenzaré a tratar desde esta publicación, pero le dedicaré una segunda parte que se fije únicamente en este país.
*Este artículo es la continuación de la publicación pasada, en la cual se aborda el tema de los sistemas monetarios internacionales que se usaron en el siglo XX, no obstante, se puede leer aparte. La única recomendación es leer la primera parte del artículo anterior, en la que se explica qué es la Balanza de Pagos.
Adopción de diferentes regímenes cambiarios
En 1971, después de décadas en las que la confianza en el dinero se debía a que éste estaba respaldado por metales, como el oro y la plata, y después de décadas en las que la única moneda respaldada por el oro era el dólar, Richard Nixon decidió cerrar la ventana de cambio de oro y el dólar no se pudo convertir más a oro ni viceversa. Al finalizar con la convertibilidad, el dólar y todas las demás divisas se transformaron en dinero fiduciario. El término fiduciario proviene del latín fides que significa fe. Así pues, dinero fiduciario remite a que éste es respaldado por la confianza de la sociedad, ya no algún tipo de metal.
En 1973 se modificó el sistema monetario internacional, no obstante, se formalizó hasta 1976 con el Acuerdo de Jamaica. En primer lugar, se estipuló que las reservas del Fondo Monetario Internacional (FMI) ya no debían ser principalmente en oro. En segundo lugar, el nuevo sistema internacional permitió que cada país adoptara el régimen cambiario que mejor se adecuara a sus necesidades. Por ejemplo, EE.UU adoptó un sistema de tipo de cambio flexible o flotante. Bajo este sistema el valor de las divisas se determina con base en la oferta y la demanda en el mercado de divisas o Forex. En teoría, con este sistema el tipo de cambio entre divisas y cualquier desequilibrio en la Balanza de Pagos se auto corrige, pues si la demanda de una divisa es baja, se deprecia, haciendo que las importaciones se vuelvan más caras y las exportaciones más baratas. Por lo anterior, y, por lo tanto, aumentan las exportaciones y con ello la demanda por dicha divisa, haciendo que ésta se aprecie.
Con el sistema de cambio flexible se esperaba que los tipos de cambio entre divisas se mantuvieran estables, pues la mayor parte de los países adoptarían un tipo de cambio fijo, esto es, fijarían sus monedas a una más fuerte, y el comercio y la inversión internacional se conducirían bajo las condiciones de este régimen, por lo que la incertidumbre solo se daría sobre los tipos de cambio entre monedas fuertes, como el dólar y la libra esterlina. Estas monedas, debido a su amplio y diverso dominio económico, no fluctuarían mucho. Asimismo, debido a que las depreciaciones implicarían pérdidas similares a las devaluaciones, se esperaba que éstas no fueran frecuentes.
Por otro lado, con un tipo de cambio flexible o flotante la inflación no se transmitiría como pasó al final con el sistema Patrón Cambio Oro, lo cual sucedió porque bajo dicho sistema el dólar era la principal divisa de reserva al ser la única convertible a oro. Esto supuso que muchos países aceptaran dicha divisa para acumularla en sus reservas, así que cuando EE.UU aumentó su oferta monetaria en la década de 1970 y el dólar perdió valor, pero este país siguió registrando un déficit en su Balanza de Pagos y los demás países un superávit (es decir, EE.UU siguió importando de estos países más de lo que exportaba), estos tuvieron que aumentar su oferta monetaria para hacer frente a la demanda de los exportadores, quienes intercambiaban dólares por moneda local, y al igual que el dólar, sus divisas perdieron valor. Entonces, en teoría, con un régimen flotante los países no tendrían necesidad de sostener un exceso de reservas en dólares u otras divisas y, por lo tanto, si algún país aumentara su oferta monetaria, su moneda se depreciaría, pero los demás países no tendrían ningún motivo para aumentar dicha oferta.
Asimismo, la deflación tampoco se transmitiría. Para que sea claro, en la década de 1930, cuando se vivió la Gran Depresión, el proceso de deflación en el mundo se dio en gran parte por la creencia de políticos y autoridades monetarias sobre que era su responsabilidad limitar la salida de oro, restringiendo así el crecimiento de la oferta monetaria durante la crisis. La Reserva Federal (Fed) y el Banco de Francia (los bancos centrales de EE.UU y Francia, respectivamente) aumentaron demasiado sus reservas en oro durante la Gran Depresión y la demanda de oro de los bancos centrales durante este periodo excedió el ritmo del mercado sobre la producción de dicho mental. En consecuencia, se generó una deflación masiva en el mundo. Por lo tanto, con un régimen flotante la inflación y la deflación no estarían sujetas a las decisiones monetarias de otros países, pues el banco central de cada país tendría control sobre sus políticas monetarias.
Sin embargo, las cosas no salieron como se esperaba. La mayoría de los países comenzaron a hacer lo mismo que en la década de 1930, a saber, devaluación (en este caso depreciación) competitiva, pues al no estar sujetos al oro, comenzaron a aumentar su oferta monetaria, lo que a corto plazo causó que sus productos fueran más baratos para el extranjero e incrementaron sus exportaciones, sin embargo, a largo plazo, el crecimiento de la oferta monetaria devino en inflación y disminuyeron las exportaciones. Asimismo, esta situación causó que se volviera al uso de políticas proteccionistas, como cuotas y aranceles. Por ejemplo, en 1981 la inflación en EE.UU había aumentado mucho, la tasa de desempleo era del 10 por ciento y las exportaciones cayeron, por lo que diferentes industrias presionaron a la administración de Ronald Reagan para que impusiera restricciones a ciertas importaciones, como a las automotrices provenientes de Japón y Francia, y a diferentes bienes y servicios provenientes de Corea, México, Sudáfrica, Finlandia, Australia, Canadá, Alemania Occidental, Suiza, etc. Dicha decisión fue insostenible, el Banco Mundial estimó que para 1984 el proteccionismo del país norteamericano afectó a sus ciudadanos lo equivalente a un recargo en el impuesto sobre la renta del 66 por ciento. Asimismo, esta situación recayó en la industria estadounidense, pues sus exportaciones disminuyeron y los costos de producción aumentaron, también debido a que subieron los precios de los bienes de capital.
Además, no todos los países adoptaron un régimen flotante o un tipo de cambio fijo, sino que se desarrollaron diferentes regímenes cambiarios. El FMI clasifica a sus miembros en diferentes acuerdos cambiarios. Existen cuatro categorías de dichos acuerdos, a saber, tipos de cambio fijos rígidos o hard pegs; tipos de cambio fijos ajustables o soft pegs; regímenes flotantes; y categoría residual.
Los tipos de cambio fijos rígidos o hard pegs se dividen en dos, a saber:
1) Adopción de moneda o dolarización: Bajo este régimen la divisa de un país extranjero circula como única moneda de curso legal, rehusando así la capacidad del banco central de aplicar políticas monetarias. Algunos ejemplos actuales son Ecuador, El Salvador, Panamá, las Islas Marshall y Micronesia, los cuales usan el dólar estadounidense como moneda oficial; y Kosovo, Montenegro y San Marino, usan el euro.
2) Junta monetaria: Este régimen se basa en la convertibilidad total de una moneda doméstica por una moneda de reserva a un tipo de cambio fijo, por lo que la oferta monetaria de la moneda doméstica es respaldada totalmente por la moneda de reserva. Siendo así, no es posible la emisión monetaria, pues afectaría al tipo de cambio. Asimismo, debe haber un compromiso a largo plazo y conversión automática entre las divisas. Actualmente las monedas de Yibuti, Hong Kong, Antigua y Barbuda, Granada, Dominica, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía y San Vicente y las Granadinas, se convierten al dólar a un tipo de cambio fijo; y las monedas de Bulgaria y Bosnia y Herzegovina, al euro.
Los tipos de cambio fijos ajustables o soft pegs se dividen en cinco, a saber:
1) Tipo de cambio fijo: Este régimen es el que se usó con el sistema monetario Patrón Oro y con el sistema Patrón Cambio Oro, sin embargo, este régimen fuera de dichos sistemas se hace entre divisas. Para que se entienda, con este régimen un país fija su divisa a una divisa extranjera o a una canasta de divisas de reserva, la cual se forma con las divisas de los principales socios comerciales o financieros. Las autoridades monetarias de los países que fijan sus divisas mantienen la paridad a través de la intervención directa, como vender y comprar en el mercado de divisas; y a través de la intervención indirecta, como cambiar los tipos de interés. Sobre este acuerdo realmente no hay un compromiso formal, sino que se confirma empíricamente, por ejemplo, manteniendo la fluctuación del tipo de cambio en un rango de más/menos uno por ciento alrededor de una tasa central por lo menos seis meses.
Este tipo de régimen tiene diferentes ventajas. Por ejemplo, da certeza sobre el valor de la divisa, por lo que es atractivo para inversores internacionales. Asimismo, la inflación en los países que fijan su divisa es baja, creando certeza en el mercado de bonos. Una desventaja importante es la imposibilidad de ajustar la Balanza de Pagos debido al compromiso de mantener un tipo de cambio.
Actualmente los países que tienen sus respectivas divisas fijadas al dólar son Aruba, las Bahamas, Bahréin, Barbados, Belice, Curazao, la Isla de San Martín, Eritrea, Irak, Jordania, Omán, Qatar, Arabia Saudita, Turkmenistán y los Emiratos Árabes Unidos.
Los países que tienen sus respectivas divisas fijadas al euro son Cabo Verde, Comoras, Dinamarca, Santo Tomé y Príncipe, Guinea Ecuatorial, Benín, Burkina Faso, Costa de Marfil, Mali, Gabón, Níger, Senegal, Togo, Camerún, la República de Chad y la República del Congo.
2) Acuerdo estabilizador: este acuerdo requiere que la divisa de un país se mantenga en un rango de más/menos dos por ciento en el mercado al contado o spot durante seis meses. El rango de estabilidad se puede cumplir en relación con una sola divisa o una canasta de divisas. Actualmente la referencia de las divisas de Angola, Líbano, Guyana, Trinidad y Tobago y las Maldivas, es el dólar; y la referencia de las divisas de Croacia y Macedonia, es el euro.
3) Crawling peg: Con este sistema el tipo de cambio de la divisa de un país se ajusta periódicamente siguiendo cambios de ciertos indicadores cuantitativos, como la diferencia entre la inflación pasada entre países. Con esto se pueden generar modificaciones en el tipo de cambio ajustadas a la inflación, o se puede preanunciar un cambio fijo y/o por debajo de la inflación proyectada. El fin de este sistema es que la divisa no se devalúe bruscamente, sino progresivamente.
Este sistema lo usan países con divisas débiles, las cuales suelen devaluarse continuamente frente a divisas más fuertes, como el dólar o el euro. Actualmente Honduras y Nicaragua usan este sistema; México y Argentina alguna vez lo usaron.
4) Crawl-like arrangement: Para clasificar a un país en este sistema el tipo de cambio de su divisa debe permanecer en un rango de más/menos dos por ciento relativo a una tendencia identificada estadísticamente por seis meses o más. Asimismo, es necesario que la divisa tenga una tasa de cambio de al menos uno por ciento.
5) Tipo de cambio fijo entre bandas horizontales: Con este régimen el valor de una divisa se mantiene entre ciertos rangos de fluctuación alrededor de un tipo central fijo de más/menos uno por ciento. El Sistema Monetario Europeo usó este régimen antes de la introducción del euro en 1999.
Los regímenes flotantes se dividen en dos:
1) Flotación controlada o sucia: Bajo un régimen flotante, como se mencionó, el valor de las divisas se determina con base en la oferta y la demanda en el mercado, sin embargo, con la flotación controlada el banco central suele intervenir en el mercado de divisas para moderar la tasa de cambio y prevenir fluctuaciones en el tipo de cambio. Esto se hace para mantener la posición de la Balanza de Pagos, mantener las reservas, etc.
Actualmente muchos países se manejan bajo este régimen, por ejemplo, Argentina, Brasil, India, Paraguay, Nueva Zelanda, Rumania, Perú, Uruguay, Turquía, Israel, Islandia, Hungría, Egipto, Indonesia, Guatemala, Colombia, Armenia, etc.
2) Flotación libre: Bajo este régimen en teoría no hay intervención, sino que el valor de las divisas se determina únicamente con base en la oferta y la demanda en el mercado, no obstante, se considera flotación libre cuando las intervenciones en el mercado ocurren de manera excepcional.
Actualmente algunos de los países que se manejan bajo este régimen son Australia, Chile, Canadá, España, Lituania, Estonia, México, Reino Unido, EE.UU, Grecia, Japón, Noruega, Rusia, Polonia, Irlanda, Italia, Francia, Alemania, Bélgica, Finlandia, Austria, Somalia, etc.
Las ventajas de la flotación libre son, por ejemplo, que no es necesario tener grandes reservas de divisas extranjeras; asimismo, los bancos centrales pueden implementar políticas monetarias libremente, sin tener como objetivo un tipo de cambio específico, sino que se puede modificar la tasa de interés para tratar de controlar la inflación o sostener el crecimiento.
Cómo se han manejado algunos regímenes cambiarios
China
China, tras décadas de vivir en un intento de comunismo bajo el mando de Mao Tse-Tung, se «liberó» a finales de 1970 y comenzó un proceso de desarrollo económico y social en la década de 1980. Mao intentó adoctrinar al pueblo chino a través de la Revolución Cultural y colectivizó todas las propiedades, el campo lo ordenó por comunas y el Estado dictó los objetivos de producción, lo cual irónicamente acabó explotando a los agricultores hasta matarlos. Al final, todo esto terminó por convencer al pueblo chino que era mejor apostar por un modelo capitalista, pues vivían en la miseria y con demasiado terror político. Se estima que murieron más personas de hambre y ejecuciones bajo el régimen del líder chino que bajo los regímenes de Hitler y Stalin.
En la década de 1970 los agricultores chinos comenzaron una revolución silenciosa, descolectivizaron el campo y volvieron al sistema de explotación familiar, asimismo, el mercado negro empezó a funcionar. En 1976, cuando murió Mao, muchos jóvenes volvieron a las ciudades y abrieron tiendas privadas. En 1978, el nuevo líder autoritario, Deng Xiaoping, apoyó el cambio autoproclamándose arquitecto de las reformas económicas. En la década de 1980, China, con la intención de seguir siendo un país comunista, pero que apuntaba al desarrollo económico, se abrió comercialmente al mundo con la creación de las Zonas Económicas Especiales, cuya función fue atraer inversión extranjera directa a través de facilidades en cuanto a mano de obra, impuestos y burocracia.
En 1994, cuando las cosas iban mejor, China decidió fijar el yuan o renminbi a 8.28 frente al dólar estadounidense. Este régimen fue atractivo para el país asiático debido a que quería hacer crecer su economía con base en el comercio, pero aún no tenía una industria muy desarrollada, por lo que fijar el yuan al dólar a un precio muy bajo y mantener dicho precio le ayudó a atraer y mantener inversión extranjera directa, lo que efectivamente causó que la industria se desarrollara, aumentaran las exportaciones, incrementara el trabajo y, con ello, a largo plazo, mejorara la calidad de vida de su pueblo. De esta manera China se ha ido convirtiendo en un país desarrollado.
Ahora, como se ha expuesto, con un tipo de cambio fijo las autoridades monetarias intervienen en el mercado de divisas vendiendo y comprando divisas o cambiando los tipos de interés para mantener la paridad cambiaria. En el caso del país asiático, la intervención del Banco Popular de China (el banco central de este país) se ha llevado a cabo de dicha manera, no obstante, también se han implementado controles de capital muy estrictos, es decir, el gobierno ha impuesto restricciones en cuanto a la entrada y la salida de capital extranjero con el fin de mantener su paridad cambiaria. Por ejemplo, una de las restricciones más polémicas es que todas las empresas chinas y extranjeras que se localizan en este país deben dar al Banco Popular de China todo el dinero que poseen en divisas extranjeras, que son sobre todo dólares, a cambio de yuanes, con el propósito de aumentar la cantidad de yuanes en el mercado y disminuir la cantidad de dólares, de tal manera que la demanda por el yuan se mantenga baja y, al contrario, por el dólar, alta.
China modificó su régimen cambiario en 2005 y adoptó el sistema denominado Crawl-like arrangement, pues introdujo una banda cambiaria, esto es, permitió que su tasa cambiaria fluctuara entre dos límites. Asimismo, el yuan se dejó de fijar únicamente al dólar y se fijó a una canasta de divisas, incluyendo el dólar; en 2014 el Banco Popular de China amplió la banda cambiaria, permitiendo que el tipo de cambio aumentara o disminuyera en un rango de más/menos dos por ciento con base en el valor de cierre del día anterior, abriéndose así a la influencia del mercado de divisas, por lo que actualmente se considera que este país tiene un régimen cambiario flotante controlado o sucio.
Ahora, el valor del yuan se ha apreciado desde que se dejó de fijar al dólar, debido al superávit comercial que el país asiático tiene con EE.UU, quien es su principal socio comercial, por lo que el Banco Popular de China sigue intercambiando dólares por yuanes para que su divisa no se aprecie demasiado y en teoría las exportaciones no disminuyan. Esto es sumamente polémico debido a que las reservas en dólares que tiene China exceden por mucho a las de cualquier otro país, por ejemplo, en diciembre de 2018 las reservas en dólares de este país sumaron un total de 3.073 billones de dólares, sin embargo, tal cantidad no representa un máximo histórico, al contrario, las reservas en dólares del país asiático han disminuido debido a las tensiones que ha causado la guerra comercial que sostiene con EE.UU.
Además, la polémica aumenta porque China no sólo se queda con dichas reservas, sino que las usa para comprar activos del gobierno del país norteamericano, esto es, diferentes bonos del Tesoro, con el fin de generar más capital con base en intereses. Aún más, esta acción hace que aumente la demanda por los bonos del Tesoro y, en consecuencia, aumenta su precio y bajan los intereses. Encima, los bonos que compra China al gobierno de EE.UU se traducen en préstamos, es decir, el país asiático le presta dinero al gobierno estadounidense, con lo cual este último financia y aumenta el déficit en su presupuesto. En otras palabras, dicha acción aumenta la deuda de EE.UU, así como la de sus empresas y ciudadanos. No obstante, como se verá en el siguiente artículo, la enorme deuda soberana y el déficit en la cuenta corriente que tiene este país no recaen sobre las acciones de China, aunque se le señale.
Por otra parte, se ha creado una institución financiera llamada Corporación de Inversión China, la cual administra parte de las reservas de este país y las invierte en acciones de diferentes empresas privadas extranjeras y bonos de deuda de países emergentes, entre otros.
Por último, aunque parece que China se ha vuelto un país capitalista, no se le puede clasificar como tal, pues las empresas más grandes del país le pertenecen al gobierno, incluyendo bancos. Adicionalmente, no se puede emprender de manera libre, el gobierno no deja que las empresas privadas compitan con las estatales y, en todo caso, las empresas privadas deben cumplir con un plan de desarrollo que establece el gobierno. Por otro lado, la inversión extranjera directa, es decir, las empresas extranjeras que montan sus industrias en China, tienen como condición asociarse con empresas privadas o estatales chinas. A todo esto se le deben sumar los controles de capital que se mencionaron anteriormente.
EE.UU
Desde el colapso de Bretton Woods EE.UU se ha manejado bajo el régimen de flotación libre. En todos estos años las autoridades monetarias de este país han intervenido pocas veces en el mercado de divisas para regular el valor del dólar, haciéndolo sobre todo en los años posteriores al colapso de Bretton Woods.
El país norteamericano puede manejarse bajo dicho régimen porque su divisa es muy estable y es la más usada en el mundo, casi todos los países emiten su deuda en dólares y casi todos los bienes y servicios se venden y se compran en dólares. Por lo dicho, el 60 por ciento de las divisas de reserva extranjera que tienen los bancos centrales son en dólares; se estima que actualmente hay 1.70 billones de dólares en circulación a nivel internacional, de los cuales, más de la mitad están fuera de EE.UU. El otro 40 por ciento de las divisas de reserva se dividen en: euro, 20 por ciento; yen japonés, 4.9 por ciento; libra esterlina, 4.5 por ciento; dólar canadiense, 2 por ciento; dólar australiano, 1.8 por ciento; yuan o renminbi, 1.2 por ciento; y franco suizo, 0.2%.
Es importante aclarar que, como se vio en la publicación pasada, las condiciones históricas, cuya planeación resulta imposible, fueron las que dieron cabida para que el dólar se convirtiera en la moneda de referencia a nivel mundial. Debemos recordar que durante las décadas en las que funcionó el sistema monetario de Bretton Woods, el dólar fue la única divisa convertible a oro, por lo que la mayor parte de las reservas en los bancos centrales del mundo eran en dólares, y esto no cambió después del colapso de dicho sistema monetario.
Ventajas y desventajas del dólar como moneda de referencia para el mundo
Las ventajas y desventajas del dólar como moneda de referencia son muchas, tanto para el mundo y las instituciones financieras como para EE.UU. La ventaja principal para algunos países y para algunas instituciones financieras es que cuando se emiten bonos de deuda denominados en dólares, el prestamista, sea un país o una institución financiera, asegura el dinero que prestó, pues el bono, al ser denominado en dólares, se tiene que pagar en dólares, y hay que recordar que el dólar es muy estable, es decir, no se aprecia o deprecia demasiado, así, cuando llega el momento en el que el país al que se le prestó debe cumplir con sus obligaciones, no lo paga en su divisa, la cual se pudo haber depreciado o devaluado con el tiempo. En otras palabras, cuando algún país o alguna institución financiera presta en dólares, se asegura de obtener el mismo valor cuando se le paga de vuelta. La desventaja es que si la Fed decide aumentar la tasa de interés, aumenta la deuda del país al que se le prestó en dólares, pues, por un lado, aumentan los intereses que el país deudor debe pagar; y, por otro lado, el dólar se tiende a apreciar en tanto su liquidez disminuye. Además, los países más endeudados por lo general son países emergentes.
En cuanto al comercio internacional, aunque no hay una ley o un acuerdo que así lo estipule, la mayor parte se lleva a cabo en dólares, pues así las industrias pueden prevenir un exceso en la variación de sus precios en relación con los precios de su competencia mundial. En consecuencia, mantienen el porcentaje de sus ventas o cuota de mercado. Asimismo, debido a que gran parte de las materias primas que usan las industrias en todo el mundo para producir, se venden en dólares, entonces muchos costos son en dólares, lo que incentiva a las industrias a vender en dólares.
Para dar una idea sobre la fuerza del dólar a nivel mundial es pertinente mencionar que por lo menos hasta el 2017, 97 por ciento de las exportaciones argentinas estaban denominadas en dólares, dos por ciento en euros y ninguna en pesos argentinos; 40 por ciento de las exportaciones de Francia estaban denominadas en dólares y 50 por ciento en euros; 29 por ciento de las exportaciones de Reino Unido estaban denominadas en dólares, 13 por ciento en euros y 51 por ciento en libras esterlinas; 50 por ciento de las exportaciones japonesas estaban denominadas en dólares, ocho por ciento en euros y 39 por ciento en yenes japoneses.
Según la Sociedad para las Comunicaciones Interbancarias y Financieras Mundiales (SWIFT, por sus siglas en inglés) hasta diciembre de 2017, 39.85 por ciento de los pagos domésticos e internacionales se llevaron a cabo en dólares; 35.66 por ciento en euros; 7.7 por ciento en libras esterlinas; 2.96 por ciento en yenes japoneses; 1.61 por ciento en yuanes; y en el decimonoveno lugar quedó el peso mexicano, con 0.32 por ciento.
El hecho de que actualmente casi todo el comercio internacional se lleve a cabo en dólares es muy importante, pues implica que el argumento sobre la depreciación y la devaluación competitiva ya no es del todo válido. Para que se entienda, este argumento sostiene que un país deprecia o devalúa su divisa a propósito para aumentar sus exportaciones en tanto éstas se vuelven más baratas para países con divisas más fuertes, asimismo, las importaciones disminuyen debido a que se encarecen los productos extranjeros. Para que este argumento se sostenga, los bienes y servicios de todos los países deben venderse en su propia divisa, pero si actualmente la mayor parte de los bienes y servicios en el mundo se venden y se compran en dólares, entonces el argumento no aplica totalmente.
En otras palabras, si los precios en dólares no son muy sensibles al tipo de cambio de otras divisas, sino que dependen del tipo de cambio del dólar, y casi todos los países venden y compran en dólares, entonces aunque un país deprecie o devalúe su divisa (sea en relación con el dólar o no), sus precios de exportación no cambian mucho y, por lo tanto, no aumenta la demanda de sus exportaciones, por lo que tratar de aumentar éstas con base en dicha estrategia resulta ineficiente.
En este contexto las ganancias de la depreciación y la devaluación competitiva se pueden ver reflejadas en otros sectores relacionados al comercio, a saber, en el turismo, pues viajar a un país cuya divisa es más débil en relación con otras, efectivamente, es más barato; y en cuanto al aumento en las ganancias y el margen de ganancia, o rentabilidad, de las industrias del país que depreció o devaluó su divisa, pues si esto pasa, al vender en dólares obtienen más ganancias, no obstante, hay que tomar en cuenta que si dichas industrias compran bienes de capital y materia prima en dólares, entonces no siempre aumentan las ganancias con la depreciación o la devaluación de su respectiva divisa, al contrario, representaría una pérdida.
Sobre las importaciones el argumento se sostiene cuando la depreciación o la devaluación de la divisa es en relación con el dólar, pues entonces sí resulta más caro comprar productos extranjeros y, por lo tanto, las importaciones disminuyen. Asimismo, cuando una divisa se deprecia o se devalúa frente al dólar, tiene un efecto inflacionario, pues, por lo dicho, los bienes y servicios provenientes del extranjero se encarecen, así como los productos de las industrias domésticas que usan materia prima que compran en dólares. En resumen, actualmente hay pocas ganancias cuando alguna divisa se deprecia o se devalúa frente al dólar.
Además, lo dicho manifiesta la razón por la cual muchos países no apuestan por el régimen de flotación libre, sino que optan por diferentes regímenes cambiarios, como la flotación controlada o sucia, con la cual pueden intervenir en el mercado de divisas para mantener estable su tipo de cambio; o la fijan a una más fuerte o a una canasta de divisas, etc.
China es un gran ejemplo de cómo el argumento de la depreciación y la devaluación competitiva parece ya no sostenerse. En 2015 se generó mucha polémica porque en agosto de dicho año el Banco Popular de China decidió devaluar el yuan frente al dólar más del tres por ciento. Desde 2005 el yuan se había apreciado gradualmente frente al dólar 33 por ciento, y las devaluaciones que se llevaron a cabo en agosto de 2015 representaron la mayor caída en 20 años.
Las autoridades monetarias de China argumentaron que las devaluaciones fueron con el fin de volver la economía de su país más orientada al mercado. En este punto se debe recordar que desde 2014 el régimen cambiario de China se considera flotante controlado o sucio, pues el yuan está fijado a una canasta de divisas, y su tipo de cambio aumenta o disminuye en un rango de más/menos dos por ciento con base en el valor de cierre del día anterior. Sin embargo, hasta ese momento, cuando el Banco Popular de China establecía el tipo de cambio del yuan tendía a ignorar lo que señalaba el mercado de divisas, a veces lo establecía más fuerte frente al dólar cuando el mercado señalaba lo contrario. Esa fue la razón por la que las autoridades monetarias de este país decidieron devaluar el yuan, haciendo que su valor fuera más creíble.
Lo anterior también se hizo con el propósito de volver el yuan una divisa internacional, pues anteriormente el FMI había rechazado que dicha divisa formara parte de los derechos especiales de giro, esto es, una canasta de divisas de reserva que tiene el FMI con la cual complementa las reservas de los países miembros. En 2016 el FMI consideró coherentes las acciones de China y finalmente el yuan se aceptó como parte de los derechos especiales de giro. Las divisas que actualmente forman parte de dicha canasta son: el dólar estadounidense, el euro, la libra esterlina, el yen japonés y el yuan.
Ahora, la devaluación del yuan en 2015 alarmó a las autoridades monetarias de muchos países, pero sobre todo a las de EE.UU, pues China es uno de sus socios comerciales más importantes, siendo el país del que más importa. El motivo para alarmarse fue justamente la devaluación competitiva, pues en teoría las exportaciones del país asiático debieron haber incrementado mucho, y siendo EE.UU la nación que más importa de dicho país, esto significaba que el déficit en su cuenta corriente aumentaría; no obstante, se debe aclarar que dicho déficit se ha mantenido desde la década de 1970 en relación con la mayor parte de los países con los que comercia, justamente, porque es la divisa de referencia a nivel mundial.
Lo que realmente pasó fue que en 2015 aumentaron poco las exportaciones de China a EE.UU, en comparación con las de 2014; y en 2016, cuando el yuan se depreció aún más frente al dólar, estas disminuyeron, incluso siendo menos que en 2014. Asimismo, las exportaciones de China al resto del mundo vieron una reducción en 2016, e inesperadamente las importaciones aumentaron un poco. Esto se debe a que, como se mencionó, la mayor parte del comercio en el mundo se lleva a cabo en dólares. En diciembre de 2015, SWIFT registró que el 43.89 por ciento de los pagos domésticos e internacionales se hicieron en dólares y solo 2.31 por ciento en yuanes; en diciembre de 2017 el uso del dólar para dichos pagos bajó a 39.85 por ciento, no obstante, siguió siendo la divisa más usada. Asimismo, en dicho año cayó el uso del yuan, registrando solo un 1.61 por ciento. Además, solo el 16 por ciento del comercio chino se lleva a cabo en yuanes. Entonces, a pesar de que las autoridades monetarias del país asiático devalúen el yuan o éste se deprecie, lo más probable es que las exportaciones permanezcan casi iguales.
El hecho de que la devaluación y la depreciación competitiva ya no funcione en tanto el dólar es la divisa principal para hacer pagos internacionales, también significa que para muchos países ya no es tan fácil corregir la Balanza de Pagos con base en el tipo de cambio.
Asimismo, significa que si el dólar se aprecia considerablemente en relación con otras divisas alrededor del mundo, entonces, en teoría, habría un efecto inflacionario y la economía de muchos países se vería afectada, así como el comercio internacional. Para que se entienda, si una gran cantidad de productos a nivel internacional se vende y se compra en dólares y casi toda la deuda de los países y las empresas se emite en dólares, entonces, si el dólar se aprecia demasiado, por un lado, se depreciarían otras divisas y, en consecuencia, los precios locales aumentarían, pues la producción de muchos bienes y servicios se costea en dólares y, por ello, podría disminuir, y si la demanda de dichos bienes y servicios no cambia, entonces aumentarían aún más los precios; por otro lado, la deuda de los países y las empresas crecería y bajaría su presupuesto.
En resumen, el dólar como moneda de referencia tiene ventajas y desventajas para el mundo. Algunas ventajas se pueden ver reflejadas en los préstamos y el comercio, pues, en primer lugar, al hacer préstamos en dólares el prestamista se asegura que la cantidad que prestó tenga un valor casi igual cuando el prestatario cumpla con sus obligaciones; en segundo lugar, al comerciar en dólares las industrias se aseguran de mantener estables los costos de producción, pues las fluctuaciones en el tipo de cambio de su divisa local los afecta menos debido a que la materia prima y los bienes de capital que necesitan para ello se venden en dólares, asimismo, se mantienen precios parecidos a los de la competencia internacional y se conserva la cuota de mercado, por lo que es más fácil comerciar. Por otro lado, algunas desventajas las podemos encontrar, en primer lugar, en que corregir la Balanza de Pagos con base en la intervención en el mercado de divisas ya no es tan fácil; y, en segundo lugar, en que una fuerte apreciación del dólar podría dañar la economía de muchos países y el comercio se podría desacelerar.
Por otro lado, dar cuenta de qué régimen monetario adopta cada país, nos puede dar una idea de cuáles son sus condiciones políticas y económicas, como se ejemplificó con el caso de China y EE.UU.
Asimismo, entender el impacto, sea éste positivo o negativo, del dólar como moneda de referencia internacional, es de gran ayuda para comprender qué pasa cuando nuestra divisa local se aprecia o se deprecia. De igual manera, es útil para asimilar el peso del comercio y la relación que éste tiene con nuestra calidad de vida.
Además, resulta conveniente estar informado sobre la economía mundial para analizar y juzgar los discursos políticos locales y extranjeros. Un gran ejemplo lo presenta Donald Trump, quien ha acusado a varios países de ser fieros enemigos del país norteamericano, siendo China el peor de todos, pues, según el mandatario estadounidense, mantiene una desleal competencia comercial, lo cual, se supone, es evidente dado el déficit comercial que sostiene EE.UU con éste país. Sin embargo, como se vio, esta situación también la mantiene con otras naciones y es más bien una consecuencia del dólar como divisa de referencia.
Otro ejemplo actual y que en los últimos días ha estado sofocando las noticias mundiales es el Brexit. En junio de 2016, tras una larga campaña que llevó a cabo el Partido de la Independencia de Reino Unido (UKIP, por sus siglas en inglés), se efectuó un referéndum en el que 51.9 por ciento de los ciudadanos británicos, del 71.8 por ciento que votó, decidieron que Reino Unido dejara de ser un Estado miembro de la Unión Europea (UE).
La campaña del UKIP se centró en la amenaza de los movimientos migratorios, exagerando los peligros que los inmigrantes representan e ignorando sus beneficios, por ejemplo, para la economía británica. Asimismo, acusó a la UE y a la Comisión Europea de abusar económicamente de Reino Unido, así como de imponerles barreras para un mejor desarrollo comercial.
Sin embargo, en dicha campaña no se mencionó que la economía de Reino Unido se vería afectada, entre otras cuestiones, debido a que habría una reducción en la inmigración de trabajadores altamente cualificados, así como se tendría que renegociar la política comercial, lo cual, hasta el momento, no ha quedado claro qué pasará. Asimismo, aunque es incierto el impacto de éstas y otras cuestiones, se estima que los posibles resultados serán negativos. Por otro lado, tampoco se mencionó el problema que la separación entre Reino Unido y la UE representaría para Irlanda del Norte y la República de Irlanda, y para Gibraltar y España.
El 29 de marzo de 2019 era la fecha en la que legalmente Reino Unido dejaría de ser Estado miembro de la UE, no obstante, esto no sucedió. Esta situación se debe a que a pesar de que la primera ministra, Theresa May, desarrolló un acuerdo para efectuar tal separación, éste ha sido rechazado tres veces por el Parlamento británico. Debido a esto, se ha aplazado la separación hasta el 12 de abril. Sin embargo, es inverosímil que en tan poco tiempo se solucione toda esta situación, pues, por un lado, es fuerte el rechazo que existe hacia el acuerdo que desarrolló May; y, por otro lado, Reino Unido se enfrentaría a un grave problema si decide retirarse de la UE sin resolución. Además, aunque se ha hablado de la posibilidad de un segundo referéndum, hasta el momento el Parlamento británico ha votado en contra.
Por otro lado, los ciudadanos británicos, muchos de los cuales, antes del referéndum que se efectuó en 2016, no tenían idea de qué era la UE, ya se han manifestado, tanto como los que están en contra del Brexit, como los que están a favor. Todos exigen algo, unos, que se les escuche de nuevo; otros, que se les cumpla lo que se prometió.
Este último ejemplo deja ver cómo podemos analizar los discursos políticos, sean locales o extranjeros, bajo el marco de la economía; así como por qué el ignorar las condiciones económicas y políticas de nuestro entorno puede devenir en crisis sociales, políticas y/o económicas.
Finalmente, este tema queda inconcluso, pues al ser el dólar una divisa con tanta importancia, la economía y la política de EE.UU son cuestiones que se deben abordar si se quiere estimar cómo pueden afectar al resto del mundo. Por ello, la siguiente publicación se concentrara en dicho tema.
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