Consecuencias y cambios económicos de las pandemias en la historia y del COVID-19 en la actualidad

Las pandemias han surgido una y otra vez a lo largo de la historia trayendo consigo cambios que han transformado nuestras vidas, pues hasta cierto punto han determinado nuestro desarrollo social, médico, económico, científico, farmacológico, etc. brindándonos una dirección diferente a la que hubiéramos tenido.

Tan es así que hasta la Segunda Guerra Mundial hubo más muertes en las guerras causadas por los microbios que se desarrollaron en los campos de batalla que por las heridas que sufrieron los soldados.

Por lo dicho, resulta interesante saber en qué otros periodos de la historia se vivió una situación similar a la actual, cómo se actuó, qué cambios hubo y cómo concluyó.

Aquí veremos algunos cambios sociales y económicos a través de la historia que han resultado de diferentes pandemias.

Asimismo, repararemos en las consecuencias económicas del COVID-19 y las medidas que se han tomado en Estados Unidos (EE.UU), la Unión Europea (UE) y México para mitigar su impacto, además de hacer una comparación y ver las posibles secuelas sociales y económicas de esta situación.

Este es un tema sumamente relevante, pues de ello dependen los siguientes años y los posibles cambios que experimentaremos en nuestra forma de vida. Esto se debe a que el virus no solo nos hará reconsiderar la enorme necesidad de un sistema de salud pública funcional o nuestros estándares de higiene, sino que su aparición puede resultar en una depresión económica y, en tanto tal, cambiará nuestra forma de comerciar y consumir, afectando el desarrollo de los países y repercutiendo en la vida de las personas.

Pandemias

  • La Peste negra, siglo XIV

Durante el siglo XIII Europa comenzó a desarrollarse y a prosperar, pues se retomaron las rutas comerciales que se habían abandonado debido a las “invasiones bárbaras”, haciendo que la economía se recuperara y las ciudades resurgieran.

No obstante, las rutas comerciales que conectaban el mercado europeo con el asiático también sirvieron para que surgiera un mercado “común de microbios”, pues junto con la expansión del comercio con Asia, causaron la llegada de nuevas enfermedades contra las que los europeos no estaban inmunizados.

Se dice que la peste bubónica, la pandemia que surgió en el siglo XIV y a la que se le conoce comúnmente como la “Peste negra” –o la más catastrófica en la historia de Europa–, comenzó  en octubre de 1347 en Europa Occidental, cuando 12 barcos que regresaban del Mar Negro llegaron al puerto de Mesina, una ciudad que se encuentra en Sicilia, Italia.

La gente de la costa encontró a los tripulantes de las naves muertos o, aquellos que seguían vivos, llenos de manchas negras de las que salía pus. Aunque se ordenó que los barcos volvieran al mar la propagación de la enfermedad fue fatal. En pocos años murieron aproximadamente 20 millones de personas en Europa debido a la paga, es decir, poco más de un tercio de la población del continente.

La pandemia duró casi hasta 1353, causando fuertes estragos en los países del viejo continente, pues después de que llegaran los hombres –y las pulgas– al puerto de Mesina, empezaron a surgir brotes similares en Marsella, Francia y en Túnez, África. Asimismo se esparció rápidamente a través de importantes centros comerciales de Italia, como Roma y Florencia.

Y junto con las pérdidas humanas que ocasionó la enfermedad, también se dieron inesperados cambios económicos. Tanto historiadores como economistas siguen estudiando el impacto de la Peste negra en los sistemas económicos de Europa; algunos sugieren que la propagación da la peste posiblemente haya ocasionado el debilitamiento y la eventual desaparición del sistema feudal en lugares como Inglaterra. El feudalismo fue una práctica común durante la Edad Media, en la que los señores feudales les daban tierras a los campesinos a cambio de varios tipos de servicios y/o pagos. Estos acuerdos resultaban oportunos cuando los señores feudales decidían hacer guerras y necesitaban hombres paras sus líneas de combate.

La plaga redujo fuertemente el número de campesinos, esenciales para el funcionamiento del sistema feudal, lo que significó el debilitamiento de éste. Según un artículo de The Economist, la peste ocasionó que los ingresos aumentaran debido a que había menos trabajadores para las tierras, teniendo así más responsabilidades. Esto a su vez hizo que el feudalismo se debilitara aún más y, según algunos, fue la causa de su eventual caída en el mismo periodo.

Sin embargo, no fue hasta el siglo XIX, casi 500 años después, que el biólogo Alexandre Yersin descubrió el bacilo responsable de la peste, a saber, el Yersinia pestis.

  • Epidemia en Tenochtitlán, siglo XVI

Los españoles llegaron a América en 1492 y, como es de suponer, eran muchos menos que las personas que habitaban en dicha región. Y aunque su equipo militar era superior al que tenían los habitantes de América, es posible que algunos de los elementos que más les ayudó para conquistar el territorio americano hayan sido las bacterias y los virus que trajeron consigo desde Europa, y ante los cuales la población americana no tenía defensas, quedando totalmente expuesta.

Así, fueron más los americanos que murieron debido a las enfermedades que aquellos que lo hicieron luchando por su libertad.

La epidemia que causó la viruela en Tenochtitlán es un gran ejemplo. En 1519, Hernán Cortés desembarcó en la costa de la actual Veracruz con 600 hombres para enfrentarse al Imperio Azteca, el cual contaba con una gran población. Cortés perdió muchos hombres durante su primera incursión hacia Tenochtitlán, pero durante la segunda la viruela llegó para ayudarlo. Esta enfermedad llegó a México en 1520, ocasionando grandes estragos al provocar la muerte de casi la mitad de la población mexica, incluyendo la del emperador Cuitláhuac.

La viruela no solo afectó la salud de los mexicas, sino que también los desmoralizó, ya que veían que ésta no afectaba en la misma medida a los españoles. Así, el Imperio Azteca pasó de tener aproximadamente 20 millones de habitantes a menos de dos millones.

Asimismo, el resto de América durante esta época experimentó epidemias similares a la que se vivió en Tenochtitlán, brindándole a la historia un curso diferente.

  • La “Gran” peste, siglo XVII

Europa volvió a sufrir de la peste siglos después de la Peste negra, con la “Gran” peste del siglo XVII, pues a pesar de los avances científicos y sociales, fue devastadora.  A mediados de este siglo murió aproximadamente el 10 por ciento de la población de Inglaterra y Gales debido al nuevo brote, mientras que en algunas regiones de Italia llegó a morir aproximadamente 40 por ciento de la población.

Sin embargo, aunque la peste se propagó por toda Europa, las consecuencias económicas de ésta no fueron iguales en todos lados, pues el economista Guido Alfani ha asegurado que las zonas menos afectadas por la peste fueron aquellas que crecieron más rápido durante este siglo; su análisis muestra que posiblemente exista una relación entre ciertas zonas de Europa con menos impacto y periodos de mayor crecimiento económico, notando que Inglaterra sufrió considerablemente menos con la plaga del siglo XVII que ciertas zonas del norte de Italia. Como resultado, la economía de Inglaterra continuó prosperando y fortaleciéndose durante este siglo, mientras que el norte de Italia se estancó. Así, aunque muchas zonas de Europa tuvieron un impacto negativo durante la reemergencia de la plaga en el siglo XVII, éste no fue igual según la severidad de los brotes en diferentes zonas.

  • La Gripe “española”,  siglo XX

Aunque los brotes de enfermedades desconocidas siguieron emergiendo alrededor del mundo durante los siguientes años, la humanidad se volvió a enfrentar a una gran pandemia en 1918, con la conocida Gripe “española” –o la más devastadora de la historia de la humanidad. La gripe mató a un estimado de aproximadamente 40 y 100 millones de personas a nivel mundial entre 1918 y 1919.

Se cree que esta enfermedad, que es la influenza A del subtipo H1N1, se desarrolló en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, pues las condiciones bajo las que lucharon los solados eran realmente inhóspitas. Así, cuando acabó la guerra y los ejércitos volvieron a sus países, el virus comenzó a propagarse por todo el mundo. 

La primera ola de esta enfermedad pareció ser moderada, los síntomas incluían fiebre, escalofríos y fatiga, y, como resultado, al principio se registró una baja tasa de mortalidad. No obstante, con la segunda ola, los médicos comenzaron a notar una alta tasa de mortalidad.

En 2008, 90 años después del brote, los investigadores descubrieron qué fue lo que hizo que la gripe de 1918 fuera tan mortal: un grupo de tres genes permitieron que el virus debilitara los tubos bronquiales y los pulmones de las víctimas, dándole entrada libre a la neumonía bacteriana.

Además, el número de víctimas fue considerablemente más alto de lo que pudo haber sido debido a que el brote se dio al terminar la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, esta pandemia tuvo inesperados resultados económicos en EE.UU, pues los economistas Elizabeth Brainerd y Mark V. Siegler, aseguran que los estados que sufrieron un mayor impacto de la gripe en dicho país, tendieron a crecer económicamente más rápido después de la pandemia, ya que las tasas más altas de mortalidad se reflejaron en tasas de crecimiento anual en el ingreso real; no obstante, esto se dio con base en un gran sufrimiento.

Lo anterior lo podemos entender con el reporte que hizo Thomas Garrett para el Banco de la Reserva Federal de San Luis (Fed) –el banco central de EE.UU–, en el que señala que una de las características particulares de la Gripe “española” fue que en general causaba la muerte en personas entre 18 y 40 años con una tasa de mortalidad más alta en hombres que en mujeres. Garrett asevera que usualmente las muertes no eran consecuencia del virus de la influenza en sí mismo, sino de la reacción inmunológica del cuerpo frente al virus, es decir, los individuos con un sistema inmunológico más fuerte morían con más frecuencia que aquellos con un sistema inmunológico más débil. Además, Garrett señala que de los 272 mil 500 hombres que murieron de la gripe en EE.UU, 49 por ciento se encontraban entre los 20 y 39 años. Como resultado, el hecho de que los hombres que murieron estuvieran en dicho rango de edad repercutió seriamente en la economía para las familias que perdieron a la persona que más ingresaba dinero al hogar; asimismo, las empresas y las fábricas se enfrentaron a pérdidas significativas al quedarse sin empleados en plena edad de trabajar.

Por ello, aunque algunos individuos y familias hayan visto un incremento en sus ingresos debido al reducido número de trabajadores, otros sufrieron al perder a su principal sostén económico y miembros de la familia que podían contribuir al hogar.

Implicaciones actuales

No podemos usar las catástrofes pasadas para ver nuestro futuro, no obstante, la historia nos puede ofrecer ideas sobre el comportamiento humano y brindarnos tranquilidad cuando sintamos que estamos atravesando por una situación desconocida.

La reacción de los seres humanos ante la crisis es lo que posiblemente determine más los resultados: las medidas sanitarias, ayudarnos los unos a los otros, los estímulos monetarios y fiscales en cada país y otros factores pueden tener un papel principal en los resultados de la actual crisis sanitaria y económica.

Por lo dicho aquí expondré qué se está haciendo en algunos países del mundo y cómo están actuando ciertas instituciones para sobrellevar la crisis, así como las posibles consecuencias que esto le traerá al mundo.

Impacto económico y social del Coronavirus

El SARS-CoV-2 o COVID-19, que brotó en Wuhan, China, y del que se le notificó al mundo el 31 de diciembre de 2019, propagándose primero por Asia, después por Europa, América, África y finalmente llegando a Oceanía, sin duda tendrá un impacto social y económico muy diferente dependiendo la región; no obstante, el mundo entero se encuentra en plena crisis sanitaria y económica. Por ello, vale la pena saber qué está pasando a nivel mundial, cómo se está sobrellevando este problema en diferentes regiones, como en Norte América (México y EE.UU), la Unión Europea (UE) o eurozona y cuáles serán las posibles consecuencias.

Crisis económica mundial

A nivel mundial los gobiernos han tomado distintas medidas para superar la crisis sanitaria que ha provocado el COVID-19, entre tantas: el confinamiento y la distancia social. Por ello, aproximadamente durante dos meses o más –dependiendo de los países o de las regiones dentro de un mismo país– se han cerrado fábricas, empresas, escuelas, negocios y fronteras –impidiendo la entrada y/o la salida de personas,  frenando las exportaciones y/o importaciones y rompiendo así con las cadenas de suministro a nivel mundial. Esto quiere decir que las ganancias de los países, las empresas, los hogares, etc., han dejado de ingresar y que la inversión a nivel mundial se está viendo afectada, presentándose un problema enorme a nivel social y económico que se suma a la crisis sanitaria, pues al no haber inversión ni ingresos las empresas no pueden pagar sus deudas y no son capaces de seguir funcionando o lo hacen en un menor nivel, ocasionando despidos o cierres definitivos. Es decir, la gente en todo el mundo también se está quedando sin trabajo y sin ingresos. Simultáneamente esto implica que, en el mejor de los casos, los hogares tampoco pueden seguir cumpliendo con sus obligaciones –por ejemplo, seguir pagando una renta o una hipoteca–; y, en el peor de los casos, ni siquiera tienen los medios para comprar comida, pues hay millones de personas en el mundo que viven de los negocios informales o que no tienen un trabajo, o un equipo, que les permita trabajar desde casa.

Así, el mundo ha entrado en un estado de alarma que ha traído consigo una especie de recesión autoimpuesta. Las noticias sobre economía a nivel internacional son muy malas: la Comisión Europea ha pronosticado que la economía de la UE se contraerá -8.7 por ciento, entrando en una recesión de proporciones históricas; por su lado, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha informado que el PIB de Canadá caerá hasta -6.2 por ciento, el de EE.UU -5.9 por ciento y a nivel mundial se espera una contracción de -4.9 por ciento, la más grande desde que existen registros; asimismo, en México se estima que la caída del PIB será entre -4.5 por ciento y -12 por ciento.

Por esta razón, algunos gobiernos y bancos centrales a nivel mundial han tomado medidas, como la implementación de estímulos fiscales y/o monetarios a través de diferentes políticas, para que la economía de sus respectivos países y/o región –si se piensa en la UE– siga funcionando aunque no se estén generando los ingresos que se esperaban para este año. Asimismo, instituciones financieras internacionales, como el FMI, han estado otorgando préstamos a países extremadamente pobres y a aquellos en vías de desarrollo para que puedan sobrellevar esta crisis.

Estados Unidos y la Unión Europea

  1. ¿Qué está haciendo EE.UU?

Todos sabemos que EE.UU es la potencia mundial, lo que sencillamente se debe a que el dólar estadounidense es la moneda de referencia a nivel internacional –actualmente el dólar estadounidense abarca el 70 por ciento del dinero y el crédito de la economía mundial, siendo la divisa con la que se comercia internacionalmente; tan solo basta decir que el 80 por ciento de las cadenas de suministro globales usan dólares. En una entrada que publiqué hace un año en este blog, titulada: “Consecuencias del dólar como moneda de referencia a nivel mundial”, expliqué que esto tiene ventajas y desventajas para EE.UU –aunque realmente son más las ventajas–, y una de las ventajas es que se puede endeudar como ningún otro país sin sufrir las consecuencias que normalmente acarrearía hacerlo. Para darse cuenta de esto sin analizarlo mucho, solo hace falta ver su deuda soberana: hace un año, cuando escribí la publicación que mencioné, la deuda soberana de EE.UU era de 22 billones de dólares, sin embargo,  actualmente ya supera los 25 billones. Se pronosticó que esta deuda iba a crecer 1.1 billones de dólares durante el año fiscal de 2020, pero por la crisis que ha traído consigo el COVID-19 y por los estímulos fiscales y monetarios que se han puesto en marcha para mitigarla, ésta ha crecido 3.7 billones; por ello también se ha calculado que para finales de septiembre del presente año la deuda soberana de EE.UU alcanzará 26.9 billones de dólares.

En marzo de 2020 la tasa de desempleo en EE.UU registró 4.4 por ciento, no obstante, en abril alcanzó 14.7 por ciento, cifra a la que no llegaba desde la década de 1930. Asimismo, en mayo de 2020, el PIB del país norteamericano registró una caída del 5 por ciento.

Dicho esto, explicaré solo algunos de los estímulos que se han llevado a cabo EE.UU para combatir la actual crisis económica.

Políticas monetarias

  • Expansión Cuantitativa (QE, por sus siglas en inglés)

La Expansión Cuantitativa es una política monetaria expansiva no convencional que la Fed usó por primera vez cuando se enfrentó a la crisis financiera que comenzó en 2008, mejor conocida como la Gran Recesión. Ésta política se parece mucho a lo que se conoce como monetización de la deuda; a grandes rasgos esto es cuando un banco central compra bonos del gobierno y los reemplaza con crédito para liberar el capital que se encuentra bloqueado en dichos activos, poniéndolo en circulación a través de las reservas bancarias.

La Fed es capaz de hacer esto debido a que el dólar es la moneda con más demanda a nivel mundial. No obstante, también lo puede hacer porque no se trata simplemente de imprimir dinero, es decir, emitir papel moneda, pues ni siquiera tiene dicha capacidad, la cual le corresponde al Departamento del Tesoro. Más bien, lo que hace la Fed es comprarle a la banca activos del Tesoro, como bonos, letras y obligaciones del estado con base en la emisión de crédito, el cual se dirige a las reservas bancarias del banco central. Esto no significa que aumente la oferta monetaria disponible para el público, sino que debido a que existen varias medidas de la oferta monetaria, a saber: M0 o base monetaria, M1, M2, M3 y M4, de las cuales en este caso las que tenemos que distinguir  son M0 –la suma de divisas en circulación y reservas bancarias en el banco central– y M1 –la suma de divisas que posee el público y las transacciones de depósitos hechas principalmente a través de instituciones financieras–, entonces la Fed aumenta la base monetaria manteniendo igual la medida M1. En otras palabras, hay más reservas en los bancos y, por lo tanto, existe la posibilidad de que aumenten los préstamos.

Así pues, la Expansión Cuantitativa consiste en una compra masiva de activos con base en crédito por parte del banco central. Para que se entienda la magnitud de esta política monetaria basta saber que hasta 2007 la Fed monetizó deuda solo con la compra de letras del Tesoro, acumulando en toda su historia 780 mil millones de dólares de deuda soberana, y fue a partir de la implementación de la Expansión Cuantitativa en 2008 –la cual se llevó a cabo durante años y en tres fases– que la Fed compró masivamente obligaciones del estado, bonos y garantías hipotecarias con una buena calificación crediticia de empresas patrocinadas por el gobierno estadounidense, alterando drásticamente su balance, pues éste se quintuplicó al finalizar la última fase de dicha política monetaria poco convencional en diciembre de 2014, llegando a registrar 4.25 billones de dólares, de los cuales 3.5 billones correspondían a obligaciones del estado, bonos y garantías hipotecarias.

Entonces, ante la presente crisis la Fed ha decidido volver a aplicar esta política monetaria expansiva con el fin de que el crédito fluya y la economía no caiga en picada. Por esta razón, vimos un aumento en el balance de la Fed, el cual registró 4.1 billones de dólares desde enero hasta marzo de 2020 y a partir de marzo comenzó a aumentar, llegando a registrar 6.9 billones de dólares en mayo, un máximo histórico.

Jerome Powell, el actual presidente de la Fed, ha asegurado que este banco central seguirá comprando los activos necesarios para apoyar el funcionamiento del mercado.

  • Tasas de interés cercanas a cero por ciento

Al implementar la expansión cuantitativa las reservas de la banca aumentan, pues dicha política monetaria consiste en que un banco central compre masivamente activos del tesoro a la banca, resultando en que ésta tenga más reservas de las que necesita para cumplir con el requisito de reserva que impone la Fed. Por ello, cuando los bancos tienen más reservas o fondos federales, si algún banco no alcanza a tener los fondos federales suficientes para cumplir con el requisito de reserva, los otros le prestaran parte de sus fondos; sin embargo, debido a que en general existe un exceso de reservas, los bancos bajan la tasa de interés interbancaria, mejor conocida como tasa de fondos federales o federal funds rate, y la cual funciona como referente para establecer tasas de interés comerciales a corto y largo plazo, ocasionando que éstas también disminuyan. Así pues, con esta medida bajan las tasas de interés de algunos préstamos bancarios –como la tasa preferencial–, las hipotecas con tasa variable, las tasas de interés de las tarjetas de crédito, las de los préstamos para coches, etc.

La Fed implementó esta medida durante la Gran Recesión y actualmente lo está volviendo a hacer, pues desde el tres marzo la tasa de fondos federales bajó 1.5 puntos porcentuales, ubicándose actualmente entre 0 y 0.25 por ciento.

La Fed ha asegurado que las tasas de interés se mantendrán bajas hasta que la economía haya superado la crisis que ha ocasionado el COVID-19 y pueda lograr los objetivos de máximo empleo y estabilidad de precios.

  • Más incentivos para que la banca realice préstamos

La Fed también ha bajado la tasa de interés que le cobra a la banca por los préstamos que los bancos hacen en su ventana de descuento. Antes de que se presentara la crisis por la pandemia dicha tasa se ubicaba en 1.75 por ciento, actualmente se ubica en 0.5 por ciento; ésta cifra es más baja que la que se vio durante la Gran Recesión.

Los bancos piden dinero prestado directamente a la Fed cuando, al finalizar el día, no tienen las reservas suficientes para cumplir con los requisitos de reserva que les impone el mismo banco central. Por lo tanto, estos préstamos solo duran una noche, es decir, se sacan al finalizar el día y se pagan la siguiente mañana; no obstante, dadas las circunstancias actuales, la Fed ha extendido los plazos hasta 90 días.

Además, los bancos le ofrecen al banco central una gran variedad de garantías, a saber: títulos, préstamos comerciales y para consumo, hipotecas AAA, etc.

La Fed comúnmente prefiere que los bancos se presten entre ellos para cumplir con los requisitos de reserva y solo acudan a la ventana de descuento como último recurso. Sin embargo, debido a que es posible incrementar la oferta monetaria a través de los préstamos que se hacen en la ventana de descuento gracias a que la banca comienza a tener más dinero para realizar préstamos, estimulando así el crecimiento económico, entonces resulta en una política monetaria expansiva que se puede usar para enfrentar la situación actual.

Por otro lado, después de la Gran Recesión se hicieron reformas en las que se estableció que la banca debía guardar capital adicional para poder absorber pérdidas y prevenir futuros rescates; no obstante, estos colchones de capital y liquidez se pueden usar durante las crisis para incentivar la emisión de créditos por parte de la banca, y es justamente lo que la Fed está haciendo en este momento.

Asimismo, la Fed ha eliminado el requisito de reserva que le impone a la banca, acción que se ha considerado irrelevante dado que los bancos actualmente tienen más reservas de las que se requieren.

  • Apoyo a empresas y negocios

La Fed, yendo más allá de las políticas monetarias expansivas que implementó para mitigar el impacto de la Gran Recesión –las cuales se enfocaron en el funcionamiento del mercado financiero–, desde el 23 de marzo estableció dos nuevos programas para apoyar a empresas estadounidenses con una alta calificación, prestándoles dinero directamente.

El programa Primary Market Corporate Credit Facility (PMCCF) le permite a la Fed hacer préstamos directamente a las empresas a través de la compra de nuevas emisiones de bonos y otorgándoles créditos. Los prestatarios tendrán la capacidad de aplazar el pago de los créditos y de los intereses por lo menos durante seis meses, con el fin de que puedan pagarle a sus empleados y a sus proveedores.

Asimismo, con el programa Secondary Market Corporate Credit Facility (SMCCF) la Fed podrá comprar bonos corporativos ya existentes y fondos de inversión cotizados (ETF, por sus siglas en inglés) invirtiendo en bonos corporativos con grado de inversión.

El nueve de abril de 2020 la Fed anunció que con base en estos programas se destinarán 750 mil millones de dólares a la deuda corporativa, los cuales les permitirán a las empresas tener acceso a créditos para que puedan mantener las operaciones de sus negocios y su capacidad durante el periodo de crisis.

Por otro lado, la Fed también apoyará a pequeñas y medianas empresas (pymes) a través de tres programas, a saber: New Loans Facility, Expanded Loans Facility y Priority Loans Facility. Bajo estos programas este banco central destinará 600 mil millones de dólares a préstamos durante cuatro años. Las empresas con 15 mil empleados o con ganancias anules que se acerquen a los 5 mil millones de dólares podrán participar.

  • Apoyo a familias y consumidores

El 23 de marzo la Fed reinició un programa llamado Term Asset-Backed Securities Loan Facility (TALF), a través del cual apoya los préstamos a hogares, consumidores y microempresas prestándole a los tenedores de valores respaldados por activos (VRA o, en inglés, asset-backed securities, ABS).

Los VRA son un tipo de bonos o pagares respaldados por activos financieros como deuda personal, deuda de tarjetas de crédito, créditos estudiantiles, etc. Y debido a la excepcional situación, la Fed extendió las garantías para poder incluir valores respaldados por hipotecas y nuevas emisiones de obligación de deuda garantizada de la más alta calidad.

Los VRA funcionan para que los prestamistas realicen más préstamos vendiendo préstamos. Para que se entienda, cuando un banco vende un VRA a un inversionista, lo hace con el fin de obtener liquidez y tener más capacidad para ofrecer créditos.

Bajo el TALF, la Fed le prestará  a los tenedores de ciertos VRA con calificación AAA –o de la más alta calidad–, respaldados por nuevos o recientes préstamos a consumidores o microempresas.

  • Permutas financieras: dólares para todo el mundo

El banco central estadounidense ha comenzado a hacer uso de otra herramienta que empleó durante la Gran Recesión, a saber, las líneas swap en dólares con bancos centrales de todo el mundo. Con las líneas swap la Fed está haciendo disponibles dólares estadounidenses a otros bancos centrales para que estos a su vez puedan hacer préstamos a bancos comerciales que los necesiten. A cambio de los dólares, la Fed está recibiendo divisas de otros países y cobrando intereses por estas permutas financieras; no obstante, este banco central ha extendido el plazo de vencimiento de los intercambios y ha recortado las tasas de interés que normalmente les cobra a los bancos centrales de Canadá, Inglaterra, la UE, Japón y Suiza. Asimismo, la Fed ha extendido las líneas swap con los bancos centrales de Australia, Brasil, Dinamarca, Corea, México, Nueva Zelanda, Noruega, Singapur y Suecia.

Además, la Fed también está ofreciendo dólares a bancos centrales que no tienen una línea swap establecida a través de préstamos en dólares a un día o repos, bajo un programa llamado Foreing and International Monetary Authorities (FIMA), recibiendo como garantía activos del Tesoro de EE.UU que tengan estos bancos.  

Esta política monetaria se presenta muy importante para EE.UU, pues no solo le brinda liquidez al mercado financiero para que funcione sin problemas en los periodos de crisis, sino que también favorece a que la demanda por el dólar estadounidense se mantenga alta al garantizarle a los bancos y a los inversores que es seguro comerciar con esta divisa, pues los bancos centrales no permitirán que la oferta del dólar se agote.

Respuesta fiscal

Además de la respuesta del banco central de EE.UU, el gobierno de este país también ha implementado estímulos fiscales para tratar de mitigar el impacto de la crisis por la pandemia. Durante marzo y abril de 2020, el gobierno aprobó tres paquetes y uno de suplemento, con los cuales han destinado 2.8 billones de dólares a diferentes causas.

Con el primer paquete, llamado Coronavirus Preparedness and Response Supplemental Appropriations Act, se han destinado 8.3 mil millones de dólares a

  • financiar la investigación para una vacuna contra el COVID-19;
  • darle dinero a los gobiernos estatales y locales para detener la propagación del virus en EE.UU;
  • destinar dinero para detener la propagación del virus en el resto del mundo.

Con el segundo paquete, llamado Families First Coronavirus Response Act (FFCRA), se han destinado 3.4 mil millones de dólares a

  • darle dinero a las familias que dependen de los almuerzos gratuitos que ofrecen las escuelas debido al cierre generalizado de éstas;
  • créditos fiscales para las empresas con menos de 500 empleados para que puedan dar bajas por enfermedad remuneradas a aquellos de que sufran de COVID-19;
  • brindarle a los estados casi mil millones de dólares adicionales para que puedan cubrir los seguros de desempleo y se les han hecho préstamos para que financien seguros de desempleo;
  • financiar exenciones para hacer que las pruebas de COVID-19 sean gratuitas para todos.

El tercer paquete llamado: Coronavirus Aid, Relief, and Economic Security Act, es el más grande que ha habido en la historia de EE.UU, destinando 2.3 billones de dólares a diferentes causas, entre otras:

  • un cheque de 1,200 dólares por persona más 500 por infante;
  • extensión de los beneficios de desempleo para incluir a los empleados en baja, a los trabajadores temporales o independientes y a los emprendedores independientes hasta el 31 de diciembre de 2020;
  • 600 dólares por semana adicionales para los desempleados hasta el 31 de julio de 2020;
  • 500 mil millones de dólares de créditos del gobierno para las empresas que hayan sido afectadas por la pandemia;
  • 367 mil millones de dólares en préstamos y subvenciones para las microempresas;
  • más de 130 mil millones de dólares  para los hospitales y provisiones para el cuidado de la salud;
  • 150 mil millones de dólares en subvenciones para los gobiernos locales y estatales;
  • casi 60 mil millones de dólares para las escuelas y las universidades.

2. ¿Qué está haciendo la Unión Europea?

El Banco Central Europeo (BCE) es el banco central de la eurozona, es decir, de las 19 naciones del continente europeo que comparten una única divisa: el euro. Y así como la Fed, el BCE ha respondido ante la crisis desatada por la pandemia comprometiéndose a prestar libremente y reforzando sus compras de deuda pública. Christine Lagarde, la actual presidente del BCE, dijo que: Momentos extraordinarios requieren acciones extraordinarias y que no hay límites en su compromiso con el euro, estando así determinados a usar todo el potencial de sus herramientas dentro de su mandato.

No obstante, el gobierno del BCE y el ambiente político en el que opera no se parecen en nada a las circunstancias de la Fed en EE.UU, por lo que el BCE enfrentó algunos problemas a la hora de querer poner en marcha políticas monetarias para enfrentar la crisis que se vive actualmente.

Para comprender la situación del BCE, hay que entender que el funcionamiento de la economía en esta región es muy diferente al de EE.UU, pues la eurozona no tiene la capacidad de imponer políticas fiscales a las naciones que la integran ni tiene activos similares a los activos del Tesoro del país norteamericano. Además, una mayor fracción del crédito de la UE –aproximadamente 80 por ciento del total– se dirige al sistema bancario, pues los mercados de capital europeos no son tan grandes ni fuertes como los de EE.UU.

Por otro lado, la junta de gobierno del BCE, que implementa las políticas monetarias en el eurosistema, la conforman los seis miembros de la Junta Ejecutiva con sede en Frankfurt –incluyendo al presidente del BCE– y los 19 gobernadores de los Bancos Centrales Nacionales (BCN) de la eurozona, de los cuales, solo pueden votar 15 en cualquier reunión; por lo tanto, una mayoría de 21 votos en una reunión de la junta le pertenecen a los gobernadores de los BCN. El Banco Federal Alemán –Bundesbank– y el Banco de Francia tienen más peso sobre las decisiones en torno a las políticas, y aunque generalmente no difieren del presidente del BCE, en esta ocasión representó un problema convencerlos para implementar las políticas monetarias que se consideraron necesarias para lograr estimular la economía de la UE durante la crisis que ha propiciado la pandemia del COVID-19.

Políticas monetarias

  • Expansión cuantitativa

Antes de que se presentara la actual crisis, el BCE destinaba 20 mil millones de euros al mes a la compra de bonos gubernamentales, bonos de los gobiernos locales y regionales –es decir, deuda pública–, bonos corporativos, valores respaldados por activos y bonos garantizados, todo bajo el programa de compra de activos (APP, por sus siglas en inglés). El objetivo era impulsar la inflación hasta la meta establecida del dos por ciento.

No obstante, en cuanto se presentó la crisis ocasionada por el COVID-19, el BCE resolvió implementar el Programa de Compras de Emergencia para Pandemias (PEPP, por sus siglas en inglés), el cual, han declarado, durará hasta junio de 2021. Así, en marzo de 2020 el banco central de la eurozona se comprometió a destinar 750 mil millones de euros a este programa, sin embargo, en junio del mismo año se decidió a destinar 600 mil millones de euros adicionales. En otras palabras, con el PEPP el BCE está destinando 1.35 billones de euros a la compra de bonos gubernamentales, incluyendo por primera vez la deuda soberana de Grecia, deuda supranacional y varios tipos de bonos del sector privado.

Bajo el APP, la compra de bonos gubernamentales o Bonos del Estado por parte del BCE se hacía con base en la clave de capital, es decir, proporcionalmente al capital con el que contribuía el banco central nacional de cada país al BCE. Esto se debe a que la clave de capital refleja la demografía de cada país y la contribución que éste hace al PIB global de la eurozona. Con el PEPP, se supone que se mantendrá esta práctica, no obstante, el BCE declaró que tratará de distribuir las compras de activos bajo este programa de una manera “flexible” –es decir, que se podrá ignorar la clave de capital, dejando de lado la vieja regla de no poder comprar más de un tercio de la deuda pendiente de cualquier miembro de la UE.

Lo anterior se debe a que algunos miembros de la eurozona entraron a la crisis con una mejor situación fiscal que otros. Por ejemplo, la deuda soberna de Alemania ascendió a aproximadamente 60 por ciento de su PIB en 2019, mientras que la deuda soberana de Italia equivalió a 135 por ciento de su PIB en el mismo año y actualmente se espera que supere el 155 por ciento de éste; asimismo, la deuda soberana de España fue equivalente al 95 por ciento de su PIB al finalizar 2019 y se ha pronosticado que, debido a la crisis, este año alcance 113 por ciento de éste. 

Así, la crisis actual puede afectar más a los países con una mala situación fiscal, pues al necesitar dinero para financiar el paro económico que conlleva el estado de alarma a causa del COVID-19, les es más complicado obtenerlo. Para que se entienda, cuando la deuda soberana de un país rebasa su PIB, éste puede perder su grado de inversión al no darles confianza a los inversores, por lo que deben subir las tasas de interés de sus bonos gubernamentales como garantía por el riesgo y, con ello, también aumenta el costo de su deuda.

Por ello, uno de los objetivos del BCE al implementar el PEPP es reducir la presión de los países fiscalmente comprometidos, pues al comprar sus bonos genera demanda sobre estos y mantiene estables sus tasas de interés y, aunque aumenta su deuda, conserva el costo de ésta.

Con base en lo dicho es fácil entender el problema que surgió entre el BCE y algunas de las naciones que conforman la UE, pues aquellas económicamente mejor posicionadas inicialmente no aprobaron el PEPP.  Alemania fue una de estas naciones, cuya corte constitucional incluso amenazó con prevenir al Bundesbank de participar en la compra de bonos gubernamentales. El rechazo al PEPP por parte de Alemania y otros países se debe a que hay una idea equivocada sobre lo que puede ocasionar el programa de política monetaria, pues se cree que la compra masiva de bonos gubernamentales por parte de BCE puede transferir el riesgo económico de países como Italia o España a aquellos como Alemania o Países Bajos; no obstante, esto no es posible gracias a la estructura del BCE.

Para que se entienda, los BCN llevan a cabo operaciones para implementar las políticas monetarias del BCE, al igual que los bancos de la Fed –o bancos regionales– lo hacen para implementar las políticas de la Fed en EE.UU. Sin embargo, en el sistema del país norteamericano, los bancos de la Fed comparten un solo balance y, por lo tanto, también las pérdidas y las ganancias en sus activos. En el eurosistema este es el caso para la mayor parte de sus políticas monetarias, no obstante, los programas de compra de bonos gubernamentales son una importante excepción, pues bajo estos programas los BCN compran los bonos del Estado de su propio gobierno y los mantienen en sus propios balances, lo que quiere decir que las pérdidas no se comparten a través del sistema.

  • Incentivos para que la banca realice préstamos

En junio de 2014 el BCE anunció un programa para mejorar la transmisión del crédito hacia la economía llamado targeted longer-term refinancing operations (TLTRO) o préstamos condicionados a largo plazo, el cual se basa en una línea de crédito a la banca europea. Y en respuesta a la crisis ocasionada por la pandemia, a finales de abril de 2020 decidieron ampliarlo.

Bajo este programa el BCE ofrece a la banca préstamos baratos y a largo plazo, incentivándola a dar créditos a los consumidores y a los negocios de la eurozona. Actualmente los bancos pueden pedir préstamos durante tres años con una tasa de interés de -0.5 por ciento y, además, los bancos que den créditos por encima de un cierto límite a los consumidores y a los negocios se les ofrecerá una tasa de interés de -1 por ciento. En otras palabras, el BCE le está pagando a la banca para que pida prestado al banco central con la esperanza de que esto la motive a dar créditos.

A pesar de esto, no ha habido mucho movimiento, pues son escasas las oportunidades de préstamos rentables durante la pandemia.

  • Relajamiento en los requerimientos de capital

En marzo de 2020 el BCE anunció que la banca puede usar las reservas de capital y liquidez que ha acumulado en los últimos años para dar créditos a consumidores, negocios y otros bancos. En su declaración el BCE enfatizó que la banca europea ha construido una fuerte posición de capital para soportar una crisis como la del COVID-19 y ahora deben ser capaces de impulsar la economía.

  • Tasas de interés negativas

A diferencia de la Fed, que pudo bajar sus tasas de interés para sobrellevar la crisis ocasionada por la pandemia, la tasa de interés del BCE ha sido negativa desde junio de 2014, pues las secuelas de la Gran Recesión aún eran patentes y se quería incentivar a la banca para que diera créditos y no dejara sus depósitos en el banco central. La facilidad de depósito –o el interés que reciben los bancos por depositar en el BCE–, actualmente se ubica en -0.5 por ciento, es decir, en teoría los bancos pagan por realizar dichos depósitos, no obstante bajo un sistema llamado tiering, la mayor parte de los depósitos de la banca no paga esta penalización.

Por lo dicho, el BCE no ha bajado ninguna de sus principales tasas de interés durante la crisis actual.

Respuesta fiscal

La respuesta fiscal de los diferentes países que conforman la UE ha variado por lo que mencioné antes, a saber, hay algunos mejor posicionados que otros y aunque el BCE ha hecho lo posible por brindarle liquidez a toda la región, al final aquellos con una mejor situación fiscal tendrán más oportunidades para enfrentar la crisis. Esto se debe a que a pesar de que el BCE haya sacado al mercado deuda gubernamental de toda la eurozona, los inversionistas siempre se irán por lo seguro, es decir, por países menos endeudados y por lo tanto con menos riesgo de impago.

En otras palabras, hay países de la UE que tienen la oportunidad de tener una mejor respuesta fiscal que otros. Por ejemplo, las políticas fiscales discrecionales que han tomado diferentes países de la UE son las siguientes:

  • Alemania, como porcentaje de su PIB en 2019, ha tenido un impulso fiscal inmediato del 13.3 por ciento, un diferimiento fiscal del 7.3 por ciento y otras garantías de liquidez del 27.2 por ciento;
  • Italia, como porcentaje de su PIB en 2019, ha tenido un impulso fiscal inmediato del 0.9 por ciento; un diferimiento fiscal del 13.2 por ciento y otras garantías de liquidez del 29.8 por ciento;
  • España, como porcentaje de su PIB en 2019, ha tenido un impulso fiscal inmediato del 2.3 por ciento, un diferimiento fiscal del 0.9 por ciento y otras garantías de liquidez del 9.2 por ciento;
  • Países Bajos, como porcentaje de su PIB en 2019, ha tenido un impulso fiscal inmediato del 3.7 por ciento, un diferimiento fiscal del 7.9 por ciento y otras garantías de liquidez del 3.4 por ciento.

Asimismo, las medidas que se han impuesto para detener el contagio del COVID-19 en la mayor parte del mundo han significado la bancarrota de muchas empresas en diferentes sectores y hay países que la han pasado y la pasaran peor que otros. Para que se entienda, si la población de un país depende más de las microempresas, las cuales difícilmente estaban preparadas para enfrentar dos meses o más sin ingresos y si éstas pertenecen a sectores como la hostelería y el turismo, entonces el paro indefinido de dicho país se disparará más que en otros y tendrá que hacer frente a problemas sociales y económicos más fuertes.

Así, regresando al ejemplo de Alemania, Italia y España podemos ver que en Alemania el número de empresas por número de trabajadores son 82 por ciento microempresas, 15 por ciento pequeñas empresas, 2.4 por ciento medianas empresas y 0.2 por ciento grandes empresas; en Italia el 95 por ciento son microempresas, 4.5 por ciento pequeñas empresas, 0.5 por ciento medianas empresas y 0.1 por ciento grandes empresas; en España el 94 por ciento son microempresas, 4.7 por ciento pequeñas empresas, 0.1 por ciento medianas empresas y 0.2 por ciento grandes empresas.

Asimismo, hasta 2016, Alemania era el séptimo país en la lista de los principales destinos turísticos a nivel mundial; no obstante, Italia se encontraba en el quinto lugar y España en el tercero.

Por lo tanto, Alemania vuelve a estar mejor posicionado debido a que su población no depende tanto de las microempresas, del turismo ni de la hostelería. No obstante, la UE en general saldrá de la crisis en mejores condiciones y mucho tiempo antes que otras regiones del mundo, como América Latina. 

México

El mundo desarrollado nos ha mostrado que la crisis sanitaria y económica ha sido sumamente difícil de controlar, saturando sus hospitales y comprometiendo sus economías a pesar de que sus estructuras son fuertes y tienen los medios para no perecer en la batalla. Lo contrario es el caso de los países pobres y en vías de desarrollo, vulnerables ante los choques económicos internacionales debido a que sus economías no son robustas, la mayor parte de sus habitantes viven al día en plena informalidad y la respuesta fiscal y monetaria no puede igualarse a la del primer mundo.

Así, la crisis ocasionada por el COVID-19 tendrá un impacto profundamente negativo en los países pobres y en los emergentes, como muchos de los que se encuentran en América Latina. No obstante, gran parte depende de la respuesta del gobierno, de las autoridades monetarias y de las sanitarias, pues aunque no se cuenten con los mismos recursos que en el mundo desarrollado, es posible conseguir más de los que ya se tienen y es el momento de echar mano de ellos.

  • Recesión en México

México es uno de los países en América Latina con peor respuesta fiscal y sanitaria, por lo que aunque algunos pronósticos indiquen que la caída del PIB mexicano este año será del -7.8 por ciento –la peor caída en términos de actividad económica desde la década de 1930–, lo cierto es que puede ser hasta de -10 o -12 por ciento.

Como en muchos otros países, en México se han adoptado algunas medidas para enfrentar la crisis sanitaria, causando un colapso en la demanda y en la oferta agregada; a esto se le debe sumar que el confinamiento en otras partes del mundo ha supuesto que las cadenas de suministro se rompan.

Hasta este momento la caída se concentra en la oferta agregada por parte de

  • oferta industrial, como construcción y minería (-9.5 por ciento);
  • servicios, como restaurantes, hotelería, turismo e inmuebles (-7.3 por ciento).

Y en la demanda agregada por parte de

  • consumo de servicios (-7.2 por ciento);
  • inversión, que es espejo de la oferta industrial (-18.5 por ciento);
  • exportaciones (-8.6 por ciento);
  • importaciones (-12.8 por ciento).

La caída del turismo es brutal y es muy relevante para México, pues en 2019 este sector aportó el 8.7 por ciento al PIB y generó 2.3 millones de empleos, representando seis por ciento del total en el país.

Otros factores relacionados con la crisis mundial que están perjudicando mucho a México son:

  • la caída de los precios del petróleo, que afectarán a las finanzas públicas a través de las finanzas de Pemex;
  • las remesas, pues de los 36 mil millones de dólares que entraron en 2019, se estima que en 2020 sean solo entre 28 y 29 mil millones de pesos, ya que a nivel mundial se ha disparado el desempleo. No obstante, se espera una rápida recuperación debido a las políticas fiscales y monetarias que se han implementado en EE.UU y la UE;
  • el Banco de México (Banxico) ha registrado salidas de capitales superiores a los 9 mil millones de dólares, lo que representa aproximadamente 11 por ciento de la tenencia. Esto se debe a que los inversionistas a nivel internacional han tratado de liquidar lo más rápido posible y algunos de los instrumentos emergentes más líquidos son los bonos mexicanos, habiendo así una mayor salida que en otros países. Sin embargo, se cree que una vez que pase la pandemia, regrese el apetito por el riesgo y el mundo desarrollado siga teniendo sus tasas en 0 por ciento, con los inversionistas buscando mayores rendimientos, se verá una reversión en estas salidas.
  • ¿Qué significa esto, qué se está haciendo y qué más se puede hacer?

Todo esto supone una pérdida brutal para la economía mexicana, dejándonos en una situación muy delicada.

Hasta el momento la respuesta del gobierno federal ante la crisis por el COVID-19 ha sido prácticamente nula. El secretario de Hacienda, Arturo Herrera, declaró que a diferencia de otros países, México no tiene espacio fiscal; es decir, el Estado no tiene recursos para actuar y evitar la caída. Por ello, México es la segunda nación americana con el menor paquete de estímulos fiscales, destinando el equivalente al 0.6 por ciento de su PIB en apoyos contracíclicos. Así pues, sin contar a los otros dos países norteamericanos, tan solo en América Latina países como Perú o Brasil destinarán más del 10 por ciento de su PIB para combatir la crisis por la pandemia; de igual manera, hay muchos países que destinarán más dinero que México a pesar de tener menos recursos.

Así, el paquete que ha anunciado el gobierno federal es de 75 mil millones de pesos, con los cuales se les brindarán créditos de 25 mil pesos a quienes posean algún tipo de empresa o negocio. Sin embargo, si se piensa en la renta promedio de un local en el Estado de México o en la Ciudad de México, que son las entidades federativas más pobladas, este crédito prácticamente no alcanza ni para cubrir un mes de renta, salvo en muy pocos casos, y más bien acabará endeudando a una gran cantidad de personas, pues para otras ocupaciones dicho crédito no sirve de mucho.

Asimismo, México ha pedido un préstamo de 1000 millones de dólares al Banco Mundial para contrarrestar el daño de la crisis ofreciendo ampliar los servicios financieros para jóvenes y sectores que tradicionalmente se encuentran fuera del sistema bancario.

Por otro lado, en cuanto a la política monetaria, Banxico anunció que estimulará la economía mexicana inyectando 750 mil millones de pesos a través del sistema financiero, es decir, créditos para todo tipo de empresas y personas con actividad empresarial; asimismo, anunció que bajará la tasa de referencia hasta 100 puntos porcentuales, hasta ahora la ha bajado 50 puntos –de 6 a 5.5 por ciento–, ayudando a disminuir la carga financiera de las empresas y los hogares, pues dicha tasa está atada a las tasas a corto plazo y, además, si al final el gobierno decide tener un impulso fiscal lo financiará con una deuda menos costosa.

Y dada la débil respuesta del gobierno federal, el sector empresarial a través del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), uniéndose con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), inyectará 450 mil millones de pesos adicionales con base en el descuento de facturas a toda la cadena productiva del país.

No obstante, es necesario insistir en que México es un país de ingreso medio y que gran parte de la población vive al día de los negocios informales; en este país hay cinco millones y medio de unidades económicas, de las cuales cuatro millones 750 mil tienen menos de cinco empleados y otras 250 mil tienen menos de 10. Es decir, si se suma el total de las unidades con menos de cinco y con menos de 10 empleados, entonces estamos hablando del trabajo de 15 millones de personas, y si de éstas dependen otras dos, tres o cuatro personas, entonces estamos hablando del sustento de aproximadamente entre 40 y 60 millones de personas. En otras palabras, casi la mitad de los mexicanos dependen de estas muy pequeñas unidades económicas –como expendios, tiendas de abarrotes y alimentos, etc.

Entonces, un porcentaje altísimo de la población vive de los ingresos que genera al día, no a la semana ni a la quincena y mucho menos al mes, y el gobierno debería dirigir importantes fondos para que la gente pueda sobrevivir; éste es un momento en el que nadie ve mal repartir dinero, se debe ayudar a los más vulnerables directamente para que tengan el dinero suficiente para comprar medicinas y alimentos. Además, tendría que haber otro tipo de medidas adicionales, como lo que ha hecho Banxico.

Así pues, si se suman la casi inexistente respuesta fiscal del gobierno, la necesidad de las medidas de confinamiento para no saturar el sistema sanitario, la ruptura de las cadenas de suministro, el golpe al turismo y la gran cantidad de personas que viven al día trabajado en la informalidad, parece que es un verdadero reto sobrellevar esta situación en México.

Sin embargo, lo dicho no se debe confundir; las medidas que se han tomado para controlar el contagio del COVID-19, evitando muertes y la saturación de los hospitales, no están peleadas con la economía ni con el sustento de las personas, ese es un falso dilema. Asimismo, un endeudamiento en tiempos de crisis, como se está viendo en el resto del mundo, no está peleado con la salud fiscal del país; al contrario, la austeridad con la que el gobierno federal está manejando esta situación es una irresponsabilidad, pues está poniendo en riesgo al pueblo y a la economía del país.

Así, opuesto a lo que afirmó el secretario de Hacienda, muchos economistas importantes han insistido en que sí existe espacio fiscal. Posiblemente la preocupación del gobierno sea el endeudamiento, pero si no se hace nada la deuda del país aumentará aún más, pues, en primer lugar, es la deuda PIB y éste caerá fuertemente con la crisis; en segundo lugar, la recaudación también bajará y, en tercer lugar, porque la depreciación del tipo de cambio hace que el componente de deuda que está denominada en moneda extranjera (sobre todo en dólares) aumente notablemente.

Para que se entienda, si la capacidad de consumo de la gente no tiene apoyo por parte del gobierno, ésta será tan baja que la caída de la demanda y, por lo tanto, del PIB, se extenderá, pues con las circunstancias actuales es posible que 3 millones de personas se queden sin trabajo durante el segundo trimestre, sumándose a las 12 millones que no tenían trabajo en 2019. Esto daría como resultado que no haya una recuperación importante en lo que queda del año, situación que evidentemente debilitaría la recaudación y al peso mexicano.

Por lo tanto, México sin problemas podría tener un impulso fiscal de entre 6 y 8 puntos del PIB para salud pública, empresas y para la población más vulnerable, que en este momento depende más que nunca de la ayuda del gobierno. Esto haría que la recuperación del país sea mejor, más rápida y ayudará a que haya una mayor tasa de crecimiento en los próximos años.

Otra manera importante de ampliar el espacio fiscal es si se lleva a cabo un fortalecimiento importante de certeza jurídica o de Estado de Derecho, pues ello le daría certeza no solo a la inversión privada nacional y extranjera, sino que  también a los grandes inversionistas –quienes tienen fondos muy importantes y compran valores gubernamentales de México– y a la comunidad financiera e industrial en el mundo, pues de tal manera el espacio fiscal, aunque fuera menor este año, se ampliaría fuertemente, ya que habría más inversión y un cambio radical de la comunidad internacional y nacional. Así, el espacio fiscal también es función del Estado de Derecho.

Otros riesgos que tiene México y que se han agudizado con la crisis

  • Recorte de la calificación crediticia de México

Ahora bien, la crisis no es el único problema al que se enfrenta México actualmente, aunque sí es un factor que agudiza aquellos que ya se tenían.

México, durante tres décadas, ha sido calificado por Standard & Poor’s, Moody’s, Fitch, etc. como un país con grado de inversión; es decir, esto le indica a los inversionistas que es un buen territorio para que pongan su dinero. Sin embargo, en los últimos días se ha dicho que México podría perder esta calificación en 2021 o 2022 por el manejo de sus políticas públicas, relacionadas y no relacionadas con la crisis actual.  JP Morgan y Morgan Stanley coincidieron en que durante los últimos 18 meses se ha minado el crecimiento económico de México, manteniéndose un deterioro constante el ambiente para los negocios.

Según  Bank of America los factores que están poniendo en riesgo el grado de inversión de México son:

  • el estancamiento del PIB en 2019 que debilitó a la economía para recibir los choques de la caída en el precio del petróleo y del COVID-19;
  • el deterioro de las finanzas públicas tras el uso del Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios (FEIP), con el objetivo de conseguir el superávit el año pasado. Para que se entienda, en 2019 se gastaron 150 mil millones de pesos de un fondo al que normalmente se acude para atender emergencias graves, como la que se está viviendo con el COVID-19, pues los ingresos del gobierno fueron menores de lo que se esperaba, dejando tan solo 110 mil millones –menos de la mitad de lo que tenía el fondo– los cuales sin emergencias no hubieran alcanzado para llegar a 2021;
  • la caída del precio del petróleo y la limitada respuesta del gobierno para estimular la economía ante la crisis sanitaria.

Así pues, JP Morgan anticipó que si México pierde su grado de inversión podrían salir capitales hasta por 44 mil 300 millones de dólares.

No obstante, todos los análisis coinciden en que este país se está autoinflingiendo el riesgo de perder la máxima calificación y con un cambio de rumbo podría evitarlo.

Lo primero que se debería hacer es cambiar el rumbo de Pemex. Se deberían modificar las metas de producción y bajar las actividades de refinación, pues muchos posos a los precios actuales no son rentables y ahora resulta más barato importar gasolina –estando a precios históricamente bajos. Asimismo, habría que detener la construcción de la refinería Dos Bocas, ya que es un mega-proyecto económicamente inviable. Estas acciones tendrían como resultado que las pérdidas de Pemex no sean tan grandes y no haya una repercusión en las finanzas públicas.

Por otro lado, México debería respetar los contratos que ha firmado con otros países, pues al no hacerlo socava el Estado de Derecho y, por lo tanto, la confianza a nivel internacional.

Por dichas razones, entre otras, México ha salido este año del Índice de Confianza de Inversión Extranjera Directa (IED), el cual señala cuáles son los 25 destinos prioritarios a nivel mundial para este tipo de inversión.

  • Apoyarse en EE.UU

Para los países pobres y emergentes es imprescindible la salud económica de los países desarrollados, y las medidas fiscales y monetarias que hasta ahora han tomado estos dan cierta certeza a los primeros; no obstante, es absurdo pensar que el mundo desarrollado salvará a los más pobres y a aquellos en transición. La resolución que tome cada país individualmente pesará más sobre su resultado.

Así pues, para México la recuperación de EE.UU se ha presentado como una oportunidad para ganar nuevamente una posición importante en el sector manufacturero y, en tanto tal, el país podría comenzar a sobreponerse.

Para que se entienda, la cuota de mercado de China había comenzado a aumentar en EE.UU en los últimos años, aunque la de México, desde que se firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), también había incrementado. No obstante, China rebasó a México en los primeros años del 2000. Ahora, en un contexto en donde China ha perdido mercado en el país norteamericano debido al conflicto comercial entre ambos, México puede ganarlo de nuevo. Además, la pandemia puede hacer reflexionar a los productores de no concentrar a sus proveedores en una sola región y comenzar a diversificar las cadenas de suministro. En resumen, el país que más se puede beneficiar de la pérdida de competitividad que tendrá China, es México.

Asimismo, ya se ha aprobado el Tratado de libre comercio entre México, EE.UU y Canadá (T-MEC), dándole a otros países y a los inversionistas certeza sobre México. También se ha anunciado la actualización del tratado de libre comercio con la UE (TLCUEM). Así, este país de habla hispana se presenta como uno que puede comenzar a atraer más inversión para exportar al mercado de EE.UU, impulsando su recuperación.

No obstante, el gobierno mexicano no puede esperar que EE.UU, con base en la reactivación de su economía, remolque la mexicana, pues a pesar de las grandes inyecciones de dinero por el lado fiscal y monetario que ha hecho EE.UU, la producción manufacturera, por ejemplo, creció en mayo 3.8 por ciento, pero mantiene una caída de 16.5 por ciento respecto a 2019. Así, resulta poco probable que la economía del vecino del norte pueda amortiguar la caída de la economía mexicana.

Por otro lado, tiene que haber empresas potentes para enfrentar la crisis y para aprovechar la oportunidad que le abre el sector manufacturero a México, por lo que es necesario darle apoyo fiscal a todo tipo de empresas. A nadie le conviene que desaparezcan las grandes empresas, muchas de las cuales posiblemente no tengan el suficiente flujo de dinero para sobrevivir a la pandemia. Además, la capacidad exportadora del país se encuentra en ellas y si desaparecen también pueden desaparecer muchas pymes. Si se destruye la planta productiva en el país, México tendrá una peor trayectoria en los próximos años

Además, se tiene que tomar en cuenta lo antes dicho, a saber, que México podría perder su grado de inversión en los próximos años y que ya no se encuentra entre los 25 destinos principales para la inversión extranjera directa. Por lo tanto, para aprovechar esta oportunidad este país debe lanzar señales positivas respecto al Estado de Derecho dando seguridad jurídica, es decir, respetando los contratos que se firman con otros países y generando confianza sobre sus políticas públicas. Así, los tratados y la recuperación de EE.UU sin duda ayudarán, pero México tiene que poner de su parte.

  • Inseguridad

La inseguridad impactará mucho, pues debido la crisis ha ido incrementando, ya que las familias no están teniendo ingresos y por lo tanto están sufriendo escases. Este es uno de los problemas más grandes e importantes que estamos enfrentando y que el gobierno debería resolver de forma inmediata y simultánea.

Se trata de un tema que puede detener la posibilidad de una recuperación rápida y segura, pues hablando del Estado de Derecho, México no se puede jactar de tenerlo cuando la inseguridad y la violencia van en aumento.

Y es que la inseguridad va más allá de los asaltos a mano armada, los cuales, sin duda, también aumentarán; no obstante, lo que podría ocasionar un daño mayor y más profundo a la sociedad, a las autoridades y a la economía mexicana es el aumento de personas trabajando en mercados ilegales y el poder que con esta situación podría acumular el narco y otras organizaciones criminales con todo lo que ello implica.

Así pues, los posibles efectos que vivirá México en materia de seguridad son:

  • aumento en los precios de productos ilícitos, como drogas, armas y piratería;
  • aumento en el porcentaje de personas que trabajarán en mercados ilícitos después de la pandemia;
  • ayudas del crimen organizado a su base social;
  • surgimiento de mercados ilegales negros temporales y
  • menos recursos para la seguridad pública.

Uno de los primeros efectos que se han visto es que muchas empresas han detenido operaciones  y envíos por los asaltos y por la falta de certeza en términos de seguridad, tanto de la empresa como de los trabajadores.

Asimismo, esta es otra causa por la que México cada vez se vuelve un país más pobre y menos atractivo para la inversión extranjera.

¿Qué le espera al mundo?

Ray Dalio, fundador de la firma estadounidense de gestión de inversiones Bridgewater Associates y gestor de fondos de cobertura, desde el periodo de la Gran Recesión se ha vuelto personaje importante en materia de economía y geopolítica, pues sus opiniones suelen ser certeras al estar respaldadas por investigaciones profundas y análisis fundamentados.

Por ello, en la crisis actual se le ha consultado sobre el curso que seguirá la economía mundial. Dalio ha asegurado que el enorme impacto negativo en los ingresos y en los balances que ha tenido la emergencia por el COVID-19 –es decir, la falta de ingresos y ahorros, y las políticas monetarias y fiscales que se han puesto en marcha en diferentes países para mitigar esta situación–, ha generado una deuda gigantesca a nivel internacional que no se veía desde el periodo de 1930 a 1945, la cual causará otros problemas económicos muy fuertes.

En otras palabras, la emisión de crédito con base en la Expansión Cuantitativa en EE.UU y la UE, la reducción en las tasas de intereses en muchos países, los préstamos en dólares con base en las líneas swap por parte de la Fed a una gran cantidad de países, los préstamos del FMI y las diferentes políticas fiscales para contrarrestar el daño económico que está ocasionando la pandemia están generando un problema de deuda gigantesco del cuál será difícil salir.

Dalio ha asegurado que para salir de este problema lo más fácil sería que el mundo entero cooperara, pues los países desarrollados podrán hacer frente a la deuda, pero los países pobres probablemente se hundan y sufran más con esta situación.

Asimismo, Dalio ha explicado que entre 1930 y 1945 se vivió un problema similar. Para explicar dicha aseveración este gestor expone los cuatro factores del motor económico, a saber:

  • la productividad, que se genera del conocimiento, la creatividad y las acciones de las personas crece lentamente, uno, dos o tres por ciento al año, pero no es volátil porque el conocimiento no lo es y termina por mejorar nuestros estándares de vida después de cierto periodo. En otras palabras, la productividad es la “economía real”, es decir, personas reales generando bienes y servicios, y consumiendo los bienes y servicios de los demás;
  • después tenemos el ciclo de duda a corto plazo, es decir, recesiones, expansiones, auges, recesiones, etc. las cuales duran entre 7 y 8 años, y suceden una y otra vez durante décadas. Cada ciclo termina con más crecimiento y más deuda que el anterior, pues las personas tienden a pedir más dinero prestado y a gastar más en vez de pagar sus deudas. En otras palabras, en estos periodos aumenta el flujo del dinero en la economía. No obstante, al tratarse de ciclos, eventualmente esto deja de funcionar, pues con cada ciclo las deudas crecen más que los ingresos y deja de haber un aumento en el rendimiento económico, creando así el ciclo de deuda a largo plazo;
  • el ciclo de deuda a largo plazo dura aproximadamente entre 50 y 75 años, y se da gracias  a que durante muchas décadas la deuda crece más que los ingresos. Esto sucede porque a pesar de que la gente cada vez tiene más deuda, los prestatarios dan créditos con más libertad, pues las cosas aparentan ir bien; la gente por lo general se concentra en el pasado inmediato y durante los auges de los ciclos de deuda a corto plazo se presta dinero para que se consuman bienes, servicios y activos financieros, ocasionando que los ingresos aumenten y que el mercado de valores vaya al alza. Entonces, hay periodos en el que el índice de deuda a ingresos o la carga de la deuda se mantiene manejable, pues los ingresos crecen a la par de la deuda. No obstante, esto no dura para siempre, pues durante décadas la carga de la deuda crece lentamente y comienza a haber más obligaciones que cumplir, ocasionando que los ingresos disminuyan y las personas recorten gastos. Y debido a que el gasto de una persona es el ingreso de otra, los ingresos disminuyen y los prestamos también, y finalmente, debido a que incrementa el pago de las deudas, el ciclo se revierte. Así, la gente deja de consumir, los ingresos caen, el crédito desaparece, el precio de los activos financieros  disminuye, la banca se comienza a ver presionada, se genera una caída bursátil y surgen problemas sociales. En resumen, se crea un círculo vicioso en el que hay menos gatos, menos ingresos, menos riqueza y menos préstamos. Esto se parece a una recesión, pero se trata más bien de una depresión. En las depresiones las políticas monetarias que comúnmente se usan en las recesiones dejan de funcionar; por ejemplo, no sirve de nada bajar las tasas de interés a 0 por ciento, lo cual debería estimular los préstamos, pues en estos periodos las tasas de interés ya son bajas y no se logra estimular la economía. Además, la diferencia entre una recesión y una depresión es que la deuda que se ha acumulado durante décadas es demasiada y los prestamistas se dan cuenta de que ésta no se podrá pagar por completo. Cuando se revierte el ciclo de deuda a largo plazo comúnmente se cambia de moneda y se generan nuevos tipos de créditos. El ciclo que hemos vivido comenzó en 1945, cuando finalizó la segunda guerra mundial y se desarrolló el nuevo sistema monetario con el acuerdo de Bretton Woods –éste fue el que posicionó al dólar como moneda de referencia. Entonces, cuando el ciclo de deuda a largo plazo termina, usualmente surgen grandes cambios en la economía, se reorganiza todo y resulta en un nuevo sistema;
  • finalmente, el cuarto pilar de la economía es la política, la cual básicamente se trata sobre cómo lidiamos los unos con los otros. Existe la política interna y la externa. La interna se trata sobre cómo trata un país a sus ciudadanos, por ejemplo, cómo resuelve el problema de la brecha de riqueza o la brecha de valores: ¿tenemos una misión común o nos peleamos por la riqueza? La historia nos hace ver que de esto se tratan las revoluciones, y siempre en épocas como la actual surge alguna. Todo esto puede llevar a un cambio político, el cual a veces es extremo; por ejemplo, Hitler logró llegar al poder por la brecha de riqueza en la República de Weimar. La política externa trata sobre cómo los países lidian los unos con los otros, los cuales están en constante competencia y en tiempos de crisis se presenta el riesgo de que se desarrolle alguna guerra, sobre todo entre países deudores y países acreedores; por ejemplo, en la depresión que sufrió el mundo desde los 30, no solo Hitler llegó al poder, sino que surgió la segunda guerra mundial –por esta razón se han generado leyes, instituciones y acuerdos internacionales que controlan los conflictos entre países.

Por lo tanto, la crisis económica ocasionada por la pandemia nos ha puesto en una situación que nos pone más cerca de una depresión como la que se vivió en el periodo de 1930 a 1945, pues en esta época hubo una caída económica muy importante a nivel mundial y el desempleo alcanzó los dos dígitos.

A partir de 1933 se trató de resolver el problema emitiendo dinero y crédito,  y bajando las tasas de interés a 0 por ciento; asimismo el gobierno implementó el mismo tipo de programas fiscales. A partir de ese momento el dinero causó una expansión, aunque pasó mucho tiempo para que la economía volviera a alcanzar sus máximos anteriores.

No obstante, actualmente se sabe más sobre cómo funcionan las políticas monetarias y fiscales, así como las relaciones internacionales y, por lo tanto, el mundo podría encontrar una solución mejor, siendo este un momento decisivo.

Así pues, Dalio también expone los cuatro pilares de la recuperación económica, los cuales se han visto una y otra vez en la historia, a saber:

  • las personas, empresas y gobiernos recortan gatos (deflacionario) y dejan de pedir créditos para poder pagar viejas deudas. Usualmente es lo primero que se hace y se le conoce comúnmente como austeridad. El objetivo es que las deudas disminuyan, pero a veces pasa lo contrario, ya que los gastos se reducen y si se sigue la lógica de que el gasto de una persona es el ingreso de otra, entonces los ingresos también bajan y, además, lo hacen con más velocidad que la disminución de las deudas. Así pues, con este mecanismo muchas veces la carga de la deuda resulta aumentar. La austeridad es deflacionaria y dolorosa; las empresas, al recortar gastos, despiden gente o dejan de contratar, ocasionando que incremente la tasa de desempleo.
  • Por lo dicho, el siguiente paso es que las deudas se reduzcan con base en la reestructuración y el incumplimiento de las mismas (deflacionario), pues a muchos prestatarios les resulta muy complicado pagar sus deudas y éstas son los activos de los prestamistas; así, cuando los primeros dejan de cumplir con sus obligaciones las personas se ponen nerviosas al pensar que la banca no podrá devolverles sus depósitos, por lo que corren a sacar su dinero de los bancos, poniéndolos en una situación muy mala. Por ello las personas, las empresas y la banca terminan por caer en impago. Esta terrible contracción económica es una depresión. Al final, muchos prestamistas no quieren que sus activos desaparezcan y aceptan reestructurar las deudas, es decir, aceptan que se les pague menos de lo que se les debía o que las personas tengan más tiempo para pagar, o disminuyen la tasa de interés que se había acordado en un principio. En resumen, se llega a un acuerdo para que las deudas se reduzcan. No obstante, la reestructuración de la deuda ocasiona que los ingresos y el valor de los activos también disminuyan, por lo que la carga de la deuda continúa aumentando. Este método también es deflacionario y doloroso, e impacta al gobierno debido a que ingresos más bajos y más desempleo significa que habrá menos recaudación y que tendrá que aumentar el gasto fiscal, pues la gente no tiene trabajo y muchos carecen de ahorros, por lo que necesitan apoyo del gobierno. Además, los gobiernos crean programas de estímulo fiscal para hacer frente al mal momento económico, incrementando aún más el gasto. El déficit de presupuesto de los gobiernos se ve superado durante las depresiones, pues gastan más de lo que recaudan con los impuestos.
  • Así, pasamos a la redistribución de la riqueza, los que tienen “le dan” a los que no (deflacionario), pues para financiar los déficits los gobiernos suben impuestos o piden dinero prestado, pero con los ingresos disminuyendo y una alta tasa de desempleo, se le pide a quienes más tienen, es decir, se les comienza a cobrar más impuestos a los más ricos.
  • No obstante, el crédito siempre ha sido más que el dinero, así que cuando el crédito desaparece las personas dejan de tener dinero y comienza a haber una desesperación generalizada por este, así que los bancos centrales emiten dinero (inflacionario). Esto se diferencia de los otros tres mecanismos en tanto que es una política monetaria inflacionaria. Los bancos centrales hacen esto para estimular la economía a través de la compra de activos gubernamentales y financieros, pues hacen que sus precios suban y que se comience a prestar dinero de nuevo. En principio esto solo ayuda a financiar el presupuesto del gobierno, a las empresas y a quienes poseen sus activos; sin embargo, el gobierno puede hacer que el dinero llegue a las personas comprando bienes y servicios a través de estímulos fiscales y beneficios para los desempleados, ayudando a que el ingreso de las personas aumente. Y aunque sin duda bajo esta política monetaria aumenta la deuda del gobierno, baja la carga de la deuda de la economía, pues el banco central no solo se fija en que aumente el ingreso de las personas, sino que su objetivo también es que la tasa de crecimiento de los ingresos sea más alta que la tasa de intereses en la deuda acumulada, es decir, los ingresos deben crecer más rápido que la deuda. Así, cuando los ingresos comienzan a subir y baja la carga sobre la deuda, los prestatarios  parecen más solventes y los prestamistas empiezan a dar préstamos de nuevo, ocasionando que la gente vuelva a gastar y eventualmente la economía vuelve a crecer, comenzando de nuevo con el ciclo de deuda a largo plazo. Pero hay que tener cuidado, pues a veces cuando se emite dinero desmedidamente y sin control no solo se genera inflación, sino que se puede llegar a la hiperinflación.

Las autoridades deben balancear estos cuatro métodos para que la carga de la deuda disminuya; es decir los métodos deflacionarios deben equilibrarse con los inflacionarios para mantener la estabilidad saliendo de la depresión sin excesos y sin problemas sociales.

Dalio asegura que para salir de la crisis actual es posible que haya una combinación de las cuatro y que el proceso dure por lo menos tres o cuatro años. Después habrá una reconstrucción, la cual se resolverá simplemente con creatividad.

Asimismo, dijo que se puede afirmar que esta situación es un proceso sano, pues es una prueba de estrés. En la historia, ha habido muchas épocas similares a ésta y a veces la gente reorienta sus prioridades, es decir, comienza a ahorrar y a poner primero las necesidades que los lujos, haciéndonos apreciar más las cosas más esenciales de la vida.

Finalmente aseveró que habrá una reestructuración masiva de deuda después de esta crisis. Para que se entienda, por ejemplo, los hospitales se irán a la quiebra porque una pandemia es extremadamente costosa y no se recuperarán económicamente del todo, así que habrá que ver los sectores más dañados y quiénes pagarán y quiénes no. También cambiará nuestra forma de operar, pues las cadenas de suministro se modificarán para ser más autosuficientes. Habrá una gran reestructuración de la economía y del sistema financiero. Las cosas no volverán a ser como antes.

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