
La prensa internacional sigue de cerca lo que sucede en Estados Unidos (EE.UU) en relación con el dólar, Wall Street o Donald Trump. De la misma manera, todos prestamos atención, opinamos y nos interesamos. Sabemos que nos puede afectar, pero ¿Por qué?
Esto es más claro si se sabe que fueron las condiciones económicas y financieras internacionales del siglo XX las que convirtieron al dólar en la divisa de referencia, es decir, en la moneda más importante a nivel internacional*.
Es por eso que la economía y la política estadounidense tienen un papel decisivo en relación con la política y la economía de las demás naciones. Siendo así, resulta imprescindible entender estos temas si se quieren juzgar los posibles riesgos y beneficios para el resto del mundo.
Por otro lado, este tema es complejo, por lo que resulta muy difícil asegurar que el dólar como moneda de referencia sea una situación con demasiada ventaja para EE.UU.
*Este tema se trata en los últimos dos artículos.
¿Beneficios?
Inflación
El dólar como moneda de referencia puede ser un beneficio para el país norteamericano en tanto es difícil que sufra un caso de hiperinflación, o sea, que los precios suban a niveles exorbitantes. Esto se debe a que las hiperflaciones, por lo general, son consecuencia de la emisión desmedida de masa monetaria, pues en tanto aumenta la oferta monetaria de una divisa, esta se deprecia porque, siendo como cualquier otro bien, sigue la ley de la oferta y la demanda; a saber, si aumenta la oferta de un bien sin que aumente la demanda, el valor del bien se verá perjudicado y viceversa. Por ejemplo, si aumenta la oferta del peso argentino que solo se usa en argentina, entonces se depreciará. Los casos más recientes de hiperinflación son Zimbabue y Venezuela, este último alcanzando máximos históricos.
Entonces, el hecho de que el dólar sea la divisa de referencia mundial y, por lo tanto, la más demandada, le da un amplio margen a la Reserva Federal (Fed) para emitir masa monetaria sin que el valor del dólar se vea muy afectado. No obstante, como se mencionó en el artículo anterior, el dólar goza de estabilidad, pues, a pesar de tener una alta demanda, las autoridades monetarias de EE.UU mantienen dicha oferta en proporciones prudentes.
Deuda
Otro “beneficio”, pues es debatible, del dólar como moneda de referencia es que el gobierno de EE.UU puede endeudarse como ningún otro. La deuda soberana de un país es la acumulación de los déficits fiscales o presupuestarios que se registran cada año fiscal. Un déficit presupuestario se da cuando los gastos que realiza el gobierno superan sus ingresos. La deuda soberana de EE.UU actualmente es la más grande del mundo, superando los 22 billones de dólares, un máximo histórico que rompe récord a cada segundo.
Un gobierno emite deuda a través de diferentes activos, a saber, bonos, letras y obligaciones del estado. Para que se entienda, cuando algún inversor compra activos de deuda de un gobierno, le está prestando dinero, y este último debe cumplir con sus obligaciones y además pagar una tasa interés.
El país norteamericano puede tener una deuda de tal magnitud porque los activos del Tesoro se consideran muy seguros, puede decirse que los más seguros del mundo. A estos se les conoce como activos de refugio o, en inglés, safe-haven assets, pues con ellos los inversores reducen el riesgo de pérdidas cuando hay inestabilidad en el mercado financiero y/o crisis en tanto se supone que durante dichos periodos estos activos conservaran su valor o lo aumentaran. Las características de los activos de refugio son:
- Liquidez: en cualquier momento estos activos se
deben convertir fácilmente en dinero. - Funcionalidad: estos activos deben tener un uso
que continuamente proporcione demanda a largo plazo. - Oferta limitada: la oferta de estos activos no
debe superar su demanda. - Certeza de demanda: no deben ser fácilmente
reemplazados o volverse obsoletos. - Permanencia: no deben decaer con el tiempo.
El dólar como moneda de referencia hace que los activos del Tesoro de EE.UU cumplan con estas características porque les brinda liquidez, ocasionando una gran demanda y, en consecuencia, es difícil que esta sea superada por la oferta. Asimismo, dada la demanda, estos no son fácilmente reemplazables y no se vuelven obsoletos.
Un gran ejemplo es la estrategia que llevó a cabo el banco central de EE.UU para mitigar las consecuencias de la crisis económica de 2008 o Gran Recesión: la Fed decidió poner en marcha una política monetaria no convencional llamada Expansión Cuantitativa o, en inglés, Quantitative Easing (QE), de la cual hablaré más adelante, pero a grandes rasgos esta consistió en una compra masiva de activos del Tesoro y otros por parte de este banco central, aumentando así la demanda por estos, lo que ocasionó que subiera su precio y disminuyeran las tasas de interés (siempre que sube el precio de un bono disminuye su tasa de interés y viceversa). En consecuencia los inversores no perdieron confianza y, además, comenzaron a comprar otro tipo de activos, pues debido a las bajas tasas de interés, buscaron invertir en otros mercados. Esto ayudó a que la economía del país norteamericano no se viniera abajo y comenzara a recuperarse.
En resumen, gracias a la seguridad que tienen los inversores sobre los activos del Tesoro, la demanda por estos es alta, lo que facilita que la deuda de EE.UU crezca, pues, entre más se estimen, más se compran y esto significa que más dinero se le presta a este país. Además, la gran demanda por estos activos hace que los precios se mantengan altos y las tasas de interés bajas, por lo que el gobierno estadounidense cumple con sus obligaciones sin tener que pagar mucho más debido a las tasas de interés. En otras palabras, su deuda de alguna manera se mantiene estable.
Ahora, la deuda de EE.UU se divide en dos, a saber, deuda intergubernamental y deuda pública.
La deuda intergubernamental es la parte de la deuda soberna que se le debe a 230 agencias federales. La razón es que algunas agencias, como el Fondo Fiduciario de la Seguridad Social, obtienen más ingresos de los impuestos de lo que necesitan, por lo que lo invierten en activos del Tesoro. Hasta diciembre de 2018, 5.9 billones de dólares o 27 por ciento de la deuda soberana era deuda intergubernamental.
La deuda pública suma el resto de la deuda soberana, hasta diciembre de 2018, ésta registraba 16.1 billones de dólares. Gobiernos e inversores extranjeros poseen 30 por ciento; particulares, bancos e inversores, 15 por ciento; la Fed, 12 por ciento; fondos de inversión, 9 por ciento; gobiernos estatales y locales, 5 por ciento. El resto lo poseen fondos de pensiones, aseguradoras y bonos de ahorro.
Es importante aclarar que aunque la deuda pública es más grande que la deuda intergubernamental, el Fondo Fiduciario de la Seguridad Social posee la mayor parte de la deuda soberana, sumando un total hasta diciembre de 2018 de 2.798 billones de dólares. Esto supera a China, el mayor tenedor extranjero de bonos del Tesoro de EE.UU, que hasta octubre de 2018 poseía 1.4 billones de dólares de la deuda soberana.
Se puede decir que gracias a la gran cantidad de deuda que puede sostener este país, se recuperó de la crisis económica que tuvo lugar entre diciembre de 2007 y junio de 2009. Hasta el momento el crecimiento económico de EE.UU se ha mantenido estable y ha llamado mucho la atención la baja tasa de desempleo.
Lo dicho se debe a que, como se mencionó, la deuda que ha emitido el país norteamericano se ha dirigido a diferentes gastos en diferentes administraciones. Muchos de estos gastos han sido para el sector militar, con el objetivo de financiar los costos de guerra; no obstante, los programas de recuperación de la última crisis, que se estima ayudaron a mitigarla, también aumentaron la cifra de la deuda. En octubre de 2008, durante la crisis, George W. Bush aprobó el Programa de Alivio de Activos Problemáticos (TARP, por sus siglas en inglés), el cual destinó 700 mil millones de dólares para rescatar a la banca y a otras instituciones financieras, sin embargo, se terminó gastando 250 mil millones de dólares; además, posteriormente se expandió para ayudar a la industria automotriz y propietarios de viviendas. Se cree que este programa previno que el sector automotriz se viniera abajo, ayudó a estabilizar a la banca, salvó más de un millón de trabajos y restauró la disponibilidad de crédito para individuos y negocios.
En febrero de 2009, cuando comenzó la administración de Barack Obama, se aprobó la Ley de Recuperación y Reinversión Estadounidense (ARRA, por sus siglas en inglés). Con esta ley se recortaron impuestos, se extendieron los beneficios por desempleo, se invirtió en salud y educación y se crearon trabajos, asignando 275 mil millones de dólares a contratos federales, subsidios y préstamos. Se considera que este estímulo económico acabó con la Gran Recesión, pues impulsó el consumo creando la confianza necesaria para activar el crecimiento económico; asimismo, recuperó la seguridad en el sector de servicios financieros.
A pesar de lo dicho, el aumento de la deuda implica cierto riesgo para EE.UU, lo que ha hecho que se generen diferentes narrativas, las cuales señalan culpables y el poder de algunos acreedores de dañar la economía estadounidense. En el primer caso, se ha dicho que Obama fue un mal presidente porque durante su administración dicha deuda creció desmedidamente, lo cual no es del todo cierto. La administración durante la cual la deuda aumentó sin precedentes fue la de Franklin D. Roosevelt, incrementando 1,048 por ciento; a esta le sigue la administración de Woodrow Wilson, con 727 por ciento; después, la administración de Ronald Reagan, con 186 por ciento; posteriormente, en la de George W. Bush, incrementó 101 por ciento; y, finalmente, durante la administración de Obama la deuda aumentó 74 por ciento.
Durante el primer año fiscal de la administración de Trump el déficit presupuestario aumentó de 587 mil millones de dólares en 2016, que fue el último año fiscal de Obama, a 666 mil millones de dólares en 2017. Además, durante diciembre de dicho año se aprobó la Ley de Reducción de Impuestos y Empleo, sobre la cual muchos economistas consideran que ha estimulado el crecimiento económico, lo que debe incrementar los ingresos del gobierno y equilibrar el presupuesto. Sin embargo, otros dudan de su eficacia, pues es posible que posteriormente aumente el déficit presupuestario, añadiendo a la deuda aproximadamente 1.85 billones de dólares en los próximos 10 años. Muchas disposiciones de dicha ley expirarán en 2025, pero se teme que algunas, como los recortes de impuestos, se renueven, pues acrecentará la deuda.
En el segundo caso, sobre el poder de algunos acreedores de dañar la economía estadounidense, se ha señalado a China, pues debido a la mala relación que actualmente existe entre estos dos países, han surgido sospechas sobre una posible venta de activos del Tesoro por parte del país asiático. Esta posible acción se teme debido a que si incrementa la oferta de dichos activos podría ocasionar que aumenten las tasas de interés y, en consecuencia, crecería el costo de la deuda de EE.UU y posiblemente habría desaceleración económica. China ha negado tener tal intención y, además, si lo llegara a hacer, es debatible que aumenten las tasas de interés, pues el mercado del Tesoro es un mercado de 15.7 billones de dólares, por lo que se cree que se absorbería fácilmente.
Además de dichas narrativas, una situación que actualmente ha generado polémica y desconfianza por las posibles consecuencias que puede llegar a tener, es la Expansión Cuantitativa. Entender esta herramienta de política monetaria poco convencional y cómo se ha implementado en EE.UU, ayudará a comprender los beneficios y los riesgos del dólar como moneda de referencia y hará más claro el problema actual de deuda. Además, servirá para aclarar el escenario social y político de este país.
Monetización de la deuda
Para poder entender qué es y cómo funciona la Expansión Cuantitativa, es necesario comprender qué es la monetización de deuda.
Un banco central monetiza deuda cuando compra bonos del gobierno y los reemplaza con crédito, liberando el capital que se encontraba bloqueado en dichos activos y poniéndolo en circulación a través de las reservas bancarias. Se dice que esto es lo mismo que si el gobierno, en vez de cobrar impuestos para pagar su deuda, emite masa monetaria con dicho fin, pues en ambos casos el resultado es una cantidad más grande de dinero en circulación, lo que tradicionalmente se traduce como inflación; esto es, más dinero persiguiendo la misma cantidad de bienes.
Lo dicho es verdad solo parcialmente y, además, en el caso de EE.UU las cosas cambian, pues al ser el dólar la moneda más demandada en el mundo, es difícil que se deprecie. Es oportuno decir que actualmente se estima que hay 1.70 billones de dólares en circulación a nivel internacional, de los cuales, más de la mitad están fuera de EE.UU. En otras palabras, al ser el dólar sumamente demandado, la Fed tiene un margen muy amplio para monetizar la deuda del país norteamericano. Sin embargo, como se mencionó antes, el dólar goza de estabilidad debido a que este banco central mantiene la oferta monetaria en proporciones prudentes.
Para que se entienda lo anterior, o sea, cómo la Fed monetiza la deuda de EE.UU, pero simultáneamente mantiene prudente la oferta monetaria y, por ello, no sólo la posición del dólar es lo que evita que este país caiga en inflación, es necesario entender cómo funciona este sistema.
Entonces, la Fed monetiza la deuda a través de las operaciones de mercado abierto, esto es, cuando compra a la banca activos del Tesoro, como bonos, letras y obligaciones del estado (la Fed no puede comprar activos del Tesoro directamente). Sin embargo, la emisión monetaria para la compra de estos activos no causa que aumente la oferta monetaria disponible para el público. Asimismo, es importante saber que este banco central no emite papel moneda, dicha responsabilidad le corresponde al Departamento del Tesoro.
Para que se entienda, existen varias medidas de la oferta monetaria, estas son: M0 o base monetaria, M1, M2, M3 y M4. Las que importan en este caso son M0 y M1. M0 o base monetaria, se define como la suma de divisas en circulación y reservas bancarias en el banco central; M1, se define como la suma de divisas que posee el público y las transacciones de depósitos hechas principalmente a través de instituciones financieras, como bancos comerciales, cajas de ahorro, cooperativas y, asociaciones de préstamo y ahorro.
Por lo tanto, se entiende que la Fed compra a la banca activos del Tesoro con base en la emisión de crédito, el cual se dirige a las reservas bancarias en el banco central, aumentando la base monetaria, no obstante, manteniendo igual la medida M1. En otras palabras, la monetización de la deuda no aumenta directamente la oferta monetaria disponible para el público.
Ahora, la compra de activos del Tesoro por parte de la Fed es una política monetaria expansiva y tiene varios efectos que se relacionan entre sí, a saber:
- Monetización tradicional de la deuda
Como se mencionó, la Fed monetiza la deuda de EE.UU cuando compra a la banca activos del Tesoro, como bonos, letras y obligaciones del estado. Antes de la Gran Recesión lo hacía principalmente con base en la compra de letras del Tesoro.
Al llevar a cabo dicha práctica, este banco central disminuye la oferta de los activos del Tesoro y, en consecuencia, aumenta su demanda y sube sus precios, lo que tiene como efecto que bajen las tasas de interés (siempre que sube el precio de un bono disminuye su tasa de interés y viceversa). Esto, finalmente, ocasiona que el gobierno del país norteamericano pague menos intereses por la deuda que sostiene.
Además, aunque para costear los gastos de operación la Fed genera ingresos de los intereses de los activos del Tesoro y del pago que recibe de los bancos por ejercer funciones de regulación fiscal, el exceso de las ganancias lo debe remitir al Departamento del Tesoro, de tal manera que disminuye el déficit presupuestario, pues dicho Departamento adquiere de vuelta una parte de los intereses que pagó a la Fed.
- Bajas tasas de interés
Cuando la Fed compra a la banca activos del Tesoro, lo hace con base en crédito, lo que resulta en más reservas para los bancos de las que necesitan tener para cumplir con el requisito de reserva impuesto por este banco central.
El requisito de reserva que fija la Fed es la cantidad de fondos que la banca debe tener cada noche. La cantidad que se fija es un porcentaje de los depósitos de los bancos.
Por lo tanto, cuando los bancos tienen más reservas o fondos federales, si algún banco no alcanza a tener los fondos suficientes para cumplir con el requisito de reserva, los otros le prestan parte de sus fondos. Asimismo, debido a que muchos bancos tienen exceso de reservas, ofrecen a otros bancos una baja tasa de interés interbancaria, mejor conocida como tasa de fondos federales o federal funds rate, con el fin poder descargar dicho exceso.
Es importante señalar que la tasa de fondos federales es el referente para establecer otras tasas de interés comerciales.
Entonces, hasta aquí se entiende que cuando la Fed compra activos del Tesoro a la banca, resulta en más reservas para esta y, en consecuencia, disminuye la tasa de fondos federales, lo que ocasiona que bajen otras tasas de interés. Por ejemplo, disminuyen las tasas de interés de algunos préstamos bancarios, como la tasa preferencial, las hipotecas con tasa variable, las tasas de interés de las tarjetas de crédito y las de los préstamos para autos, etc.
- Crecimiento económico e inflación
De lo dicho anteriormente se puede decir que se incentiva el crecimiento económico, pues cuando la banca disminuye algunas tasas de interés, hay más posibilidad para el público de obtener préstamos y, por ello, obtener casas y autos se vuelve más accesible. De la misma manera, incrementa la inversión, debido a que se pueden emprender nuevos negocios y los ya existentes pueden costear su producción o aumentarla y mantener o incrementar la demanda de sus consumidores. Ambas acciones pueden requerir contratar trabajadores, haciendo que crezca el empleo y, por lo tanto, el ingreso de mucha gente, lo cual promueve el consumo.
Al haber más consumo, crece la demanda por bienes y servicios, lo que resulta en precios más altos o inflación, pues, por un lado, no hay suficiente oferta; y por otro, se necesita dinero para producir más.
En resumen, en teoría, el aumento de liquidez en el mercado estimula el crecimiento económico, pues facilita la inversión y genera empleo, expandiendo así la demanda del consumidor por bienes y servicios o Demanda Agregada, lo que genera inflación.
Expansión Cuantitativa
La Expansión Cuantitativa (QE, por sus siglas en inglés) es una política monetaria no convencional con la que respondieron a la última crisis financiera, conocida como Gran Recesión, algunos bancos centrales, como la Fed, el Banco de Inglaterra, el Banco Nacional Suizo y el Banco Central Europeo; sin embargo, éste último la implementó a partir de 2014.
La Gran Recesión, que dañó la economía mundial, fue efecto de una ineficiente regulación en el sistema financiero de EE.UU, pues en el mercado hipotecario de dicho país se llevaron a cabo una serie de fraudes en los que participaron muchas instituciones financieras, como bancos comerciales y de inversión, calificadoras crediticias, aseguradoras, etc. Dichos fraudes se ejecutaron a través de préstamos de alto riesgo (como las hipotecas de alto riesgo o subprime mortgage y los préstamos de alto riesgo de muy baja calidad o NINJA loans) y productos financieros con riesgo (como las garantías hipotecarias o mortgage-back securities, las permutas de incumplimiento crediticio ocredit default swaps y las obligaciones de deuda garantizada o collateralized debt obligations). Todo esto generó una burbuja económica (cuando aumenta el precio de algún bien debido a una irracional sobrevaloración de este) en el mercado inmobiliario que, finalmente, terminó por estallar, dejando una crisis de deuda que llevó a la bancarrota a muchas instituciones financieras, inversores internacionales y al público en general, causando pánico y depresión en el mercado mundial.
Anteriormente se mencionaron los programas que implementaron las administraciones de Bush y Obama para mitigar y evitar algunos efectos de la recesión, pero, por su naturaleza, la deuda del gobierno estadounidense aumentó significativamente, pues los gastos incrementaron y comenzó a recibir menos ingresos debido a la reducción de impuestos.
Asimismo, en diciembre de 2008, la Fed reaccionó ante la crisis reduciendo la tasa de fondos federales a 0-0.25 por ciento; anteriormente, en septiembre de 2007, ésta se encontraba en 5.25 por ciento. No obstante, esto no pareció suficiente para ayudar al gobierno con la deuda. Además, es posible que los programas del gobierno por sí solos no hubieran sacado al país de la recesión. Por ello, las autoridades monetarias decidieron implementar la Expansión Cuantitativa, que consiste en la compra masiva de activos con base en crédito por parte del banco central.
Hasta 2007, la Fed monetizó deuda solo con la compra de letras del Tesoro, acumulando en toda su historia un total de 780 mil millones de dólares de deuda soberna. A partir de la implementación de la Expansión Cuantitativa en 2008, este banco central comenzó a comprar masivamente bonos y obligaciones del estado, así como garantías hipotecarías con una buena calificación crediticia de empresas patrocinadas por el gobierno, como la Asociación Federal Nacional Hipotecaria y la Corporación Federal de Préstamos Hipotecarios, conocidas como Fannie Mae y Freddie Mac, respectivamente.
Es importante señalar que las letras del Tesoro son el activo más líquido de este mercado, pues tiene un plazo de vencimiento de un año o menos. Las obligaciones del estado y los bonos son activos a largo plazo, el primero tiene un plazo de vencimiento de uno a 10 años y el segundo de 10 a 30 años.
La compra masiva que realizó la Fed no se hizo en una fase, sino en tres, a saber:
- QE1 entre noviembre 2008 y junio 2010 la Fed compró dos billones de dólares en garantías hipotecarias y de activos del Tesoro a largo plazo (bonos y obligaciones del estado).
- QE2 entre noviembre 2010 y junio 2011 compró 600 billones de dólares de activos a largo plazo del Tesoro.
- QE3 entre septiembre 2012 y octubre 2014 compró 1.7 billones de dólares de garantías hipotecarias y activos del Tesoro a largo plazo.
Además de dicha compra masiva, entre septiembre de 2011 y diciembre de 2012, la Fed llevó a cabo un programa de extensión de pago de vencimiento (Maturity Extension Program), el cual consistió en el intercambio de activos del Tesoro a corto plazo (letras), por activos a largo plazo (obligaciones del estado y bonos), por un total de 660 mil millones de dólares.
Dicho de otro modo, la Expansión Cuantitativa significó un cambio sumamente importante para la Fed, pues transformó la forma de estimular la economía y de monetizar deuda con base en una alteración drástica de su balance.
Para que sea claro, en un balance se registra el estado financiero de alguna empresa, persona o institución, mostrando los activos y los pasivos que posee. En el balance de la Fed se registran como activos los préstamos a bancos, los activos del Tesoro, las reservas extranjeras y otros, como las cuentas por cobrar. En los pasivos se registran las reservas de la banca, el papel moneda en circulación y otros.
Los pasivos están respaldados por los activos, pues son su contrapartida contable, por ejemplo, si la Fed le compra a algún banco un bono del Tesoro por 2 mil dólares, en su balance el bono se registrará en los activos y los 2 mil dólares en los pasivos, pues se convertirán en parte de las reservas del banco al que la Fed compró el bono.
Entonces, con la Expansión Cuantitativa el balance de la Fed se quintuplicó y vio alterados todos sus componentes. Para que se entienda, hasta 2007 este banco central había adquirido en toda su historia un total de 280 mil millones de dólares de deuda soberana con la compra de letras del Tesoro. Al finalizar la última fase de la Expansión Cuantitativa (QE3) en diciembre de 2014, en los activos del balance de este banco central se registraban 4.25 billones de dólares, de los cuales 3.5 billones correspondían a obligaciones del estado, bonos y garantías hipotecarias.
La Fed aumentó a tal grado la liquidez en el sistema financiero de EE.UU porque su trabajo es mantener los precios estables y el máximo empleo, lo que se vio amenazado por la crisis de deuda, la caída del mercado financiero y el pánico, pues comenzó un proceso de desaceleración económica. Un buen indicador de cómo se encuentra la economía de un país es la tasa de desempleo; en diciembre de 2007 esta era del 5 por ciento y se mantuvo en los primeros meses de 2008, pero posteriormente aumentó, hasta que en octubre de 2009 alcanzó el 10 por ciento. Asimismo, la Demanda Agregada se encontraba muy débil. En otras palabras, la Fed respondió con fuertes medidas a la recesión que estaba afectando profundamente la economía del país norteamericano.
Para notar la magnitud del problema al que se enfrentó este banco central, se puede dar el ejemplo del proceso y las consecuencias de la crisis de 1930, mejor conocida como Gran Depresión.
En el artículo antepasado se mencionó que la caída de la bolsa de valores de 1929 dejó un ambiente de desconfianza, al cual la Fed respondió con políticas monetarias restrictivas, es decir, lo contrario a lo que hizo ante la Gran Recesión. El ambiente en 1929 ocasionó que se llevaran a cabo una serie de corridas bancarias que hundieron la economía de EE.UU, pues se inició un proceso de deflación; esto es, reducción de la oferta monetaria que lleva a la caída de precios y a una contracción económica.
Para que se entienda, en esa época la gente perdió todo su dinero y los bancos no podían dar préstamos debido a las políticas monetarias restrictivas impuestas por el banco central y, en consecuencia, disminuyó el consumo y bajaron los precios. La industria cayó como resultado de las pocas ganancias que generaba y por la imposibilidad de obtener préstamos para sostener su producción, y para recortar gastos, se despidió a una gran cantidad de trabajadores. Debido al aumento del desempleo y la falta de recursos, disminuyó aún más el consumo y bajaron más los precios. Algunas industrias comenzaron a cerrar y otras redujeron su producción a la mitad. La tasa de desempleo alcanzó el 25 por ciento. En resumen, fue un círculo vicioso que dejó a la gente sin dinero para pagar sus deudas, desplomó el mercado inmobiliario, acabó con la clase media y ocasionó que millones vivieran en situación de pobreza.
Por lo tanto, lo que la Fed previno con la Expansión Cuantitativa fue que la crisis se agravara cayendo en un proceso de deflación parecido al de la Gran Depresión.
Ahora, para entender mejor cómo funciona la Expansión Cuantitativa y las consecuencias de haber aumentado y alterado a tal magnitud el balance, hay que notar en qué es igual a la política monetaria expansiva convencional y en qué cambia:
- Monetización de la deuda con la Expansión
Cuantitativa
Lo básico se mantiene, es decir, cuando la Fed compra activos del Tesoro hace que aumente su demanda y sus precios y, en consecuencia, bajan las tasas de interés.
Al bajar las tasas de interés, el gobierno estadounidense paga menos por la deuda que emite.
Ahora, como se mencionó, por ley la Fed debe remitir el exceso de sus ingresos al Departamento del Tesoro, de tal manera que disminuye el déficit presupuestario, pues dicho Departamento obtiene de vuelta parte de los intereses que pagó a la Fed.
Con la Expansión Cuantitativa, es decir, debido al gran aumento en su balance, la Fed multiplicó la cantidad de dinero que había remitido tradicionalmente al Tesoro. Por ejemplo, de 2006 a 2009 la Fed remitió al Tesoro 130 mil millones de dólares, y tan solo en el año fiscal 2016, remitió 116 mil millones. Por otro lado, en dicho año fiscal el déficit presupuestario sumó 585 mil millones de dólares, no obstante, si la Fed no hubiera remitido al Tesoro 116 mil millones, dicho déficit hubiera sido de 700 mil millones de dólares.
- Bajas tasas de interés
Como se mencionó, cuando la Fed compra activos del Tesoro a la banca, resulta en más reservas para esta, disminuyendo la tasa de fondos federales o federal funds rate, la cual es el referente para establecer otras tasas de interés, por lo que éstas también bajan. Algunos ejemplos son: la tasa preferencial de los préstamos bancarios, las hipotecas con tasa variable, las tasas de interés de las tarjetas de crédito y las de los préstamos para autos, etc.
Desde diciembre de 2008 hasta diciembre de 2015, la tasa de fondos federales se mantuvo entre 0-0.25 por ciento, a partir de dicha fecha ha ido aumentando gradualmente. En diciembre de 2018 se estableció entre 2.25-2.50 por ciento. Se anunció que incrementaría en 2019, pero, como se verá, puede suponer un riesgo, por lo que se va a mantener.
Además, debido a que la Fed no solo aumentó su balance con base en activos del Tesoro a largo plazo, sino que también con garantías hipotecarías, la liquidez en dicho mercado también incrementó considerablemente.
Por lo dicho, se puede decir que durante la época de la Expansión Cuantitativa obtener préstamos para la inversión y el consumo fue demasiado accesible.
- Crecimiento económico e inflación
Durante la Gran Recesión los bancos y otras instituciones financieras disminuyeron dramáticamente el volumen de sus préstamos y, en consecuencia, el consumo y la inversión comenzaron a decaer, pues, como se notó, muchas formas de inversión y consumo son posibles debido a los préstamos. Esto representó una amenaza, parecía el comienzo de un proceso de deflación.
La Expansión Cuantitativa ayudó a la economía por medio de los mecanismos ya mencionados, sin embargo, impulsó ciertos mercados en específico que se estaban hundiendo.
Entonces, con la compra de garantías hipotecarias la Fed redujo las tasas de interés de dichos activos y las tasas de interés de las hipotecas. Asimismo, al haber aumentado la liquidez en el mercado hipotecario los bancos y otras instituciones financieras tuvieron más incentivos para otorgar hipotecas. Todo esto aumentó la demanda en el mercado inmobiliario, con el fin de aumentar los precios de los bienes inmuebles. Esto es importante porque dichos bienes (v.g. casas) son el único activo de muchas personas.
Por otro lado, la Fed, al haber disminuido las tasas de interés de los activos del Tesoro y haber aumentado su demanda, tenía como objetivo que los inversores buscaran apostar en otros mercados, cuyos activos ofrecieran tasas de interés más altas, dando así un mejor rendimiento. Por lo dicho, creció la inversión en el sector corporativo y, en consecuencia, aumentó la demanda de sus bonos, lo cual hizo que sus tasas de interés bajaran y resultara más barato para este sector obtener préstamos a menor costo. Asimismo, estimuló el mercado de capitales. Por lo tanto, esto impulsó a muchas empresas, pues pudieron refinanciar viejas deudas y crecer, aumentado su producción y generando trabajo.
Al haber más producción y empleo, como se vio, aumenta el consumo y, por ello, la demanda, lo que hace que suban los precios o, en otras palabras, que aumente la inflación.
Entonces, el fin de la Expansión Cuantitativa fue impulsar la economía con base en un aumento de liquidez sin precedentes, aunque apuntando especialmente a ciertos mercados que se estaban hundiendo, de tal manera que incrementara la Demanda Agregada y la inflación, haciendo crecer la economía o, en otras palabras, la riqueza.
Por otro lado, es difícil saber con exactitud los efectos de la Expansión Cuantitativa sobre la economía, sobre todo a largo plazo, no obstante, hay cifras que ayudan a dar una idea de los resultados en los últimos 10 años:
- Inflación
La Fed se basa en el índice de inflación subyacente para decidir si implementa una política monetaria expansiva o contractiva, pues una de sus tareas es mantener los precios estables y, por lo tanto, fija un objetivo para la tasa de inflación.
El índice de inflación subyacente se mide con base en el Índice de Precios al Consumidor (Consumer Price Index) y el Índice de Precios del Gasto de Consumo Personal (Personal Consumption Expenditures Price Index). No obstante, la Fed se centra en el último, pues indica mejor las tendencias de la inflación subyacente.
Para que sea clara la razón, hay que mencionar qué mide cada índice. El índice de Precios al Consumidor (CPI, por sus siglas en inglés) usa una canasta de bienes y servicios muy amplia para determinar la variación de los precios a lo largo del tiempo. En dicha canasta se toman en cuenta los precios de alimentos y energéticos (petróleo, gas, gas natural), los cuales son muy volátiles, pues cambian con demasiada rapidez, dando así una lectura poco precisa sobre la inflación. Asimismo, se fija en los gastos directos de los consumidores, en los costos de vivienda y en el gasto urbano. No toma en cuenta el gasto rural ni el comportamiento de los consumidores.
El Índice de Precios del Gasto de Consumo Personal (PCE, por sus siglas en inglés), no toma en cuenta los precios de alimentos y energéticos, lo cual hace que su lectura sobre la inflación sea más exacta. Asimismo, considera el gasto rural y urbano, mide los gastos de los hogares y las organizaciones que gastan en nombre de los hogares. Además, analiza el comportamiento de los consumidores, es decir, si la gente sustituye ciertos productos debido a su precio; por ejemplo, si se empieza a consumir más pollo que pescado debido a que es más barato, el PCE lo refleja, mientras que la canasta del CPI se mantendría igual ante este cambio.
Es pertinente saber lo anterior debido a que son dos medidas de la inflación que arrojan diferentes resultados, verbigracia, desde 2008 el CPI suele tener aproximadamente 0.3 puntos porcentuales más que el PCE.
En enero de 2012 la Fed anunció que fijaría un objetivo para la tasa de inflación del dos por ciento, pues es una tasa baja y estable, lo que permite que las expectativas del público sobre la inflación se mantengan, fomentando así la estabilidad de los precios y el máximo empleo, ya que también tiene el efecto de incentivar moderadas tasas de interés a largo plazo.
Además, fijar una baja tasa de inflación mantiene las expectativas del público, por lo que disminuye la probabilidad de deflación si la economía se debilita.
Sin embargo, a pesar de la Expansión Cuantitativa, el objetivo para la tasa de inflación no se alcanzó en todos los años, por lo que continuó la política monetaria expansiva, es decir, la tasa de fondos federales no aumentó. Para que esto sea claro, hay que recordar que de 2008 a 2015 dicha tasa se mantuvo entre 0-0.25 por ciento. En diciembre de 2018 se estableció entre 2.25-2.50 por ciento, pues el objetivo de la tasa de inflación se alcanzó y se estimó prudente; no obstante, se anunció que la tasa de fondos federales no subiría más durante 2019, ya que podría ser un riesgo para la economía de EE.UU.
El aumento en la tasa de fondos federales es una política monetaria contractiva, pues reduce la oferta monetaria al hacer que otras tasas de interés incrementen, de tal manera que se vuelve más difícil obtener préstamos y, en consecuencia, disminuye el consumo y la demanda, es decir, la gente comienza comprar menos bienes. Asimismo, la industria produce menos y no genera empleo. Además, dicha política incentiva el ahorro, ya que el público obtiene mejores rendimientos al mantener sus depósitos, lo que también ocasiona que disminuya el consumo y la demanda. Todo esto hace que los precios bajen.
Por lo dicho, una de las razones por las que se aplica esta política monetaria es un aumento en la inflación, pues esta se refiere a un aumento generalizado en los precios de bienes y servicios y, siendo así, uno de sus efectos es disminuir el poder adquisitivo o, en otras palabras, la capacidad para comprar, reduciendo el nivel de vida de la gente cuando incrementa demasiado.
En resumen, a pesar de que la Fed implementó una política monetaria expansiva no convencional para evitar un caso de deflación y estimular la economía, el objetivo ha sido difícil de alcanzar.
- Hiperinflación
La implementación Expansión Cuantitativa fue muy polémica debido a que muchos políticos y economistas señalaron que un aumento desmedido y sin precedentes en el balance de la Fed causaría hiperinflación, esto es, que los precios suban a niveles exorbitantes debido a una fuerte depreciación de la divisa por el aumento desproporcionado de la oferta monetaria.
No obstante, como ya se vio, en muchos años ni siquiera se alcanzó el objetivo para la tasa de inflación del dos por ciento.
Es importante recordar las cifras para entender la crítica sobre la hiperinflación. Entonces, el balance de la Fed se quintuplicó, de haber registrado en toda su historia un total de 280 mil millones de dólares de deuda soberana, con la Expansión Cuantitativa terminó por registrar 3.5 billones de dólares de dicha deuda.
Tal cifra parece señalar un gran aumento en la oferta monetaria, sin embargo, como se mencionó, la emisión monetaria por parte de la Fed para la compra de activos del Tesoro no causa que incremente directamente la oferta monetaria disponible para el público, pues dichos activos los compra a la banca, haciendo crecer las reservas de esta y, por lo tanto, el dinero que posee el público no aumenta inmediatamente.
Además, aunque la compra de activos del Tesoro por parte de la Fed también tiene el efecto de incentivar a los bancos a hacer más préstamos debido a que el exceso de reservas hace que baje la tasa de fondos federales y, en dicho caso, sí es posible que aumente el dinero disponible para el público, con la Ley de Estabilización Económica de Emergencia de 2008 (Emergency Economic Stabilization Act of 2008), se le permitió a la Fed pagar a la banca intereses por mantener exceso de reservas, lo que estaba prohibido anteriormente.
Por lo dicho, el exceso de reservas de los bancos aumentó de menos de dos mil millones de dólares al inicio de 2007, a aproximadamente 2.7 billones en 2014. Esos 2.7 billones de dólares representan casi el 80 por ciento de los 3.5 billones que se registran en los activos del balance de la Fed.
Por lo tanto, aunque con la Expansión Cuantitativa incrementó el volumen de la oferta monetaria de la medida M0 o base monetaria, ésta se controló de tal manera que no se presentara un caso de hiperinflación.
- Desempleo
En septiembre de 2007, cuando comenzó la crisis financiera, la tasa de desempleo en EE.UU era del 4.7 por ciento, y fue aumentando, hasta llegar a su punto más alto en octubre de 2009, registrando un 10 por ciento. A partir de dicha fecha comenzó a disminuir lentamente, pues no fue hasta noviembre de 2016 que volvió a ubicarse en 4.7 por ciento. En febrero de 2019 la tasa de desempleo registró 3.8 por ciento.
La lenta reducción del desempleo en EE.UU ha generado argumentos en contra de la Expansión Cuantitativa, poniendo en cuestionamiento su eficacia.
La Expansión Cuantitativa es una política monetaria que se puede asociar con la “teoría del goteo” (Trickle-Down Theory), pues las políticas a las que refiere dicha teoría tienen como fin incrementar las ganancias para aumentar la producción y el empleo. El economista por antonomasia, Adam Smith, dio dos versiones de la “teoría por goteo”, las cuales dependen del aumento de la división del trabajo. La primera versión involucra ampliar el mercado, de tal manera que incremente la división del trabajo y, en consecuencia, la productividad y el empleo; la segunda se centra en el recorte de impuestos, para así incentivar el consumo y la inversión. Ambas versiones tienen el objetivo de hacer crecer la producción y los ingresos, con los cuales se compra lo que se produce.
Las dos primeras versiones de la “teoría del goteo” afectan el flujo de los ingresos; la Expansión Cuantitativa, como ya se vio, afecta el precio de los activos, por lo que su relación con la economía real no es directa.
Para que sea claro, el expresidente de la Fed, Ben Bernanke, bajo cuya administración se implementó esta política monetaria expansiva no convencional, explicó el mecanismo de transferencia antes mencionado, a saber, que la idea de tal política era proveer a los bancos y otras instituciones financieras de liquidez en exceso con el objetivo de que estos optaran dirigir una parte considerable a hacer préstamos o comprar activos de diferentes mercados. Tales compras debían aumentar el precio de los activos de dichos mercados e incrementar el dinero disponible para el público, lo que se supone incentivaría a las familias y a los negocios a consumir más bienes y servicios y a comprar activos no financieros, como casas y bienes de capital.
Además, el conocido economista Milton Friedman sostuvo que debido a que los precios de los activos no financieros crecen al aumentar su demanda, incrementa la riqueza relativa al ingreso, lo que ocasiona que la adquisición directa de los servicios se vuelva más barata que la compra de las fuentes de esos servicios; es decir, las empresas comienzan a generar trabajo para ciertos servicios en vez de buscar negocios externos que los suministren y, por lo tanto, sube el empleo.
Ahora, los ingresos que resultan del trabajo se basan en el flujo de los gastos. Las empresas aumentan sus gastos debido a que la oportunidad de obtener ganancias los induce a iniciar una serie de obligaciones dirigidas a incrementar la producción, la cual se convierte en dinero; dichas obligaciones implican generar empleo. Proveer de liquidez a las empresas les permite cumplir con sus obligaciones, no obstante, por sí mismo no crea esas obligaciones. En otras palabras, la política monetaria que implementó la Fed influye indirectamente en el aumento del empleo.
Entonces, al ser indirecta la relación entre la Expansión Cuantitativa y el mercado no financiero y al carecer de activos el público con menos ingresos, la creación de empleos y el incremento en los ingresos, es decir, los beneficios que muchas familias pueden obtener de dicha política monetaria, encuentran una condición, pues sólo sucederá en la medida en que el mecanismo antes expuesto funcione en la práctica.
Esto es lo que puede explicar la lenta reducción del desempleo, sin embargo, la situación es más compleja y se deben tomar en cuenta otros factores.
Por ejemplo, también se cree que la austeridad fiscal impuesta por los legisladores republicanos durante la administración de Obama fue lo que afectó la recuperación del desempleo.
Por lo general, las políticas monetarias y fiscales que se implementan durante las recesiones para impulsar la Demanda Agregada, son expansivas, como ya se vio, pues existe la posibilidad de que se caiga en un periodo de deflación.
Una política fiscal expansiva se refiere al recorte de impuestos y/o al incremento del gasto público, de tal manera que, en el primer caso, ayude a las familias y a las empresas a tener más ingresos disponibles y crezca la producción y el consumo; y en el segundo caso, aumente el trabajo con base en la creación de obras de infraestructura o con el empleo federal.
A veces el gasto público que sigue a las recesiones es automático, es decir, sin que se decrete por ley. Sin embargo, como se mencionó antes, para mitigar las consecuencias de la Gran Recesión, en la administración de Bush se aprobó la Ley de Estímulo Económico de 2008, y en el primer año de la administración de Obama se aprobó la Ley de Recuperación y Reinversión Estadounidense (ARRA, por sus siglas en inglés).
El programa de estímulo económico de Obama repuntó fuertemente el gasto público, lo cual persistió a lo largo de las primeras etapas de la recuperación de la crisis. En los últimos meses de 2010, cuando dicho estímulo estaba por concluir, el gasto público total per capita no fue muy diferente al que se llevó a cabo en recuperaciones de crisis anteriores y, de hecho, aumentó más rápido que ciclos económicos previos durante fases de recesión. A pesar de ello, posteriormente se aprobó la Ley de Control Presupuestario de 2011, pues los republicanos en la Cámara de Representantes demandaron reducir el gasto público como precondición para elevar el límite máximo de la deuda.
Por lo tanto, el gasto público que siguió a la Gran Recesión fue débil en relación con otros ciclos económicos durante la misma fase, lo cual se considera que afectó a la reducción del desempleo.
Otros factores que pueden explicar dicho fenómeno son el desánimo del público por encontrar trabajo debido al brusco aumento del desempleo durante la recesión, el crecimiento demográfico, el desarrollo tecnológico y la movilidad geográfica.
Por lo dicho, aunque el tema del desempleo puede relacionarse con la Expansión Cuantitativa, sería simplificar demasiado aseverar que dicha política monetaria es la causa de un problema tan complejo.
Por otro lado, esto deja entrever la falsedad del discurso que actualmente domina el mandatario estadounidense, bajo el cual acusa a China y a los inmigrantes mexicanos de ser una causa directa del problema del desempleo en EE.UU.
- Desigualdad económica
Entre 2007 y 2010 los precios de las viviendas cayeron 23 por ciento y los precios de las acciones 21 por ciento; pero para 2016 habían incrementado 26 por ciento y 160 por ciento, respectivamente. Esto se debe a que, como se explicó, el fin de la Expansión Cuantitativa era impulsar el mercado inmobiliario y el mercado de capitales.
Asimismo, durante la Gran Recesión las familias estadounidenses perdieron 20 por ciento de su riqueza, pero en los siguientes años la recuperaron, no obstante, dicha recuperación se concentró en el sector más rico de la población. En 2016, el 80 por ciento de la riqueza lo poseía el 10 por ciento de las familias de dicho sector. Esto indica que aumentó la desigualdad económica.
La Fed se ha basado en la Encuesta de Finanzas del Consumidor (SCF, por sus siglas en inglés), para examinar la tendencia en la distribución de la riqueza de las familias estadounidenses durante la Gran Recesión y la posterior recuperación.
Para llevar a cabo dicho análisis, la Fed divide a las familias en diferentes grupos, los cuales se forman con base en el “ingreso usual” de estas. El primer grupo es el 10 por ciento superior, pues es en el que se concentra la mayor parte de la riqueza. El 90 por ciento restante se divide en tres grupos, a saber, el 30 por ciento inferior, que es el grupo con menos ingresos; el 30 por ciento medio, que va del percentil 31 al 60; y el 30 por ciento próximo, que va del percentil 61 al 90.
Durante la Gran Recesión el grupo más afectado fue el 30 por ciento medio, pues su riqueza disminuyó 40 por ciento; a éste le siguió el 30 por ciento próximo, con una pérdida del 22 por ciento; después, el 10 por ciento superior, con una pérdida del 14 por ciento; y, finalmente, la riqueza del 30 por ciento inferior disminuyó 10 por ciento.
En 2016, bien entrada la recuperación, la riqueza para el 90 por ciento de la población permaneció por debajo de los niveles en los que se encontraba en 2007, sin embargo, el 10 por ciento superior vio un aumentó en su riqueza. El 30 por ciento inferior poseía 31 por ciento menos riqueza; el 30 por ciento medio, 35 por ciento menos; y el 30 por ciento próximo, 17 por ciento menos. Solo el 10 por ciento superior poseía 11 por ciento más riqueza.
La irregular distribución de la riqueza después de la Gran Recesión se puede explicar con base en los activos financieros y no financieros que poseía cada grupo antes de la crisis. En 2007 las viviendas representaban poco más de un tercio de la riqueza del 90 por ciento de las familias de EE.UU, y un 15 por ciento del 10 por ciento superior. Asimismo, en dicho año, el 90 por ciento de las familias tenían concentrada una parte considerable de su riqueza en acciones, haciéndolas vulnerables al cambio en los precios de estas. Las familias del 10 por ciento superior tenían concentrada gran parte de su riqueza fuera de los dos tipos de activos mencionados, por lo que el cambio en los precios de las viviendas y de las acciones no les afectó en el mismo grado.
Otra situación que puede explicar la diferencia en las pérdidas de cada grupo es el nivel de apalancamiento inmobiliario. El 90 por ciento de las familias tenían apalancadas sus casas, pero el 30 por ciento medio era el grupo con mayor apalancamiento y, al contrario, el 10 por ciento superior era el grupo con menor apalancamiento. Por lo dicho, cuando los precios de los inmuebles se vinieron abajo, la pérdida en la riqueza de cada grupo fue proporcional.
Ahora, aunque en 2016 los precios en el mercado inmobiliario y en las acciones habían incrementado un 26 y un 160 por ciento, respectivamente, las familias de los grupos pertenecientes al 90 por ciento experimentaron poca o ninguna recuperación debido a que la tasa de propietarios de viviendas disminuyó y, al no poseer bienes inmuebles, no experimentaron un aumento en su riqueza cuando subieron los precios de estos.
Asimismo, el 90 por ciento de las familias no tuvo una buena recuperación debido a que su participación en el mercado de valores decayó desde 2007. Esto se debe a que la mayor parte solo poseía acciones a través de planes de pensiones de contribución definida, como los planes 401k o los planes IRA. Por lo tanto, debido al desempleo hubo una fuerte disminución en el acceso a estos planes de retiro entre 2007 y 2016 para las familias del 30 por ciento inferior y del 30 por ciento medio, haciendo que la recuperación de la riqueza en estos sectores se viera afectada.
En consecuencia, la desigualdad económica aumentó demasiado. Para dar una idea, en 2007 el 10 por ciento superior tenía 45 veces más riqueza que el 30 por ciento inferior, 17 veces más que el 30 por ciento medio y 7 veces más que el 30 por ciento próximo. En 2016, dichas proporciones aumentaron, el 10 por ciento superior poseía 72 veces más riqueza que el 30 por ciento inferior, 30 veces más que el 30 por ciento medio y 10 veces más que el 30 por ciento próximo.
Los datos que se registraron en el segundo trimestre de 2018 han mostrado que la tasa de propietarios de vivienda sigue siendo menor que en 2007. De igual manera, aunque no hay datos que midan la participación en el mercado de valores, las familias sin acceso a un plan de retiro siguen siendo más que en 2007. Por lo tanto, se puede suponer que la brecha de riqueza persiste a pesar de la continua recuperación económica.
Finalmente, aunque esta situación no es una consecuencia directa de la Expansión Cuantitativa, pues evidentemente se deben tomar en cuenta otros factores, como el desempleo o las circunstancias en las que se encontraba cada grupo antes de la Gran Recesión, este es el panorama que ha resultado.
- Populismo
La lenta reducción del desempleo, el aumento en la desigualdad de ingresos y, en consecuencia, en la desigualdad social y económica, así como el estancamiento salarial, pueden explicar el éxito de los recientes discursos populistas en EE.UU y el triunfo del actual mandatario, Donald Trump.
Para que sea claro, el populismo es una estrategia política que genera narrativas con el fin de definir la identidad de un pueblo apoyándose en su frustración, enojo y resentimiento hacia la élite política y/o social, hacia los inmigrantes, hacia la globalización o cualquier cosa que se pueda considerar un “enemigo” en relación con el contexto social, político y económico, creando así inexistentes grupos antagónicos.
Con base en dicha narrativa los políticos populistas parecen amparar al “pueblo”, representando sus intereses, yendo en contra del “fallido” sistema político, social y/o económico. Además, dichos políticos proponen soluciones burdas, simples o indirectas, a problemas sumamente complejos, como lo son el desempleo y el aumento en la desigualdad.
Como se ha visto, bajo el contexto social y económico que se ha desarrollado en la última década en EE.UU, esta estrategia política ha sido fácil de implementar y ha tenido mucho éxito.
En 2015 el senador Bernie Sanders, con el partido demócrata y el empresario Trump, con el partido republicano, se presentaron como posibles candidatos a la presidencia de EE.UU. Aunque sus discursos se pueden considerar hasta cierto punto contrarios en términos de posición política, pues el de Sanders tendía a la izquierda y el de Trump, a la derecha, la forma de dichos discursos se elaboró bajo una estrategia populista.
Ambos definieron de manera muy general y, por lo tanto, vacía, la identidad del pueblo estadounidense. Por un lado, el discurso del actual mandatario, Trump, evocó un sentimiento de enojo y resentimiento al culpar a diferentes agentes extranjeros (inmigrantes mexicanos, China, Japón, etc.) del mal estado social y económico de EE.UU, formando así la identidad del pueblo estadounidense con base en una característica que todos los ciudadanos de dicho país pueden entender: “ser americano”, y en tanto tal, haciendo equivalente la identidad del pueblo estadounidense con su país. Esto es más claro si se recuerda el lema de su campaña: Make America great again. Así como algunas de las palabras que mencionó durante su discurso de presentación de campaña “[…] we are going to make our country great again. It can happen. Our country has tremendous potential. We have tremendous people.”
Por otro lado, Sanders compuso un discurso que se apoyó en el sentimentalismo y en un vocabulario llenó de generalidades. Primero hizo alusión a la gente trabajadora y desilusionada, y manifestó que su campaña era una “revolución política” que “uniría a nuestra gente”. La enunciación “nuestra gente” no refiere a ningún grupo en particular, pues engloba a los ciudadanos estadounidenses, a la gente trabajadora, a la gente desilusionada, a la gente presente en el momento de la presentación del senador, a la gente que compartía su agenda política, etc.
Ahora, ambos excandidatos lograron que sus discursos colocaran su imagen como representativa de su construcción de pueblo, a pesar de la contradicción que esto suponía, pues pertenecen a la élite social (Trump) y política (Sanders). Así pues, Trump logró que el ser un empresario multimillonario, únicamente en su caso, dejara de figurar como un antagónico del pueblo, y se convirtiera en el símbolo de “ser americano”, pues su historia, según la contó, fue la típica vida de aquél que va de la pobreza a la riqueza, denotando así el conocido “sueño americano”.
Por su lado, Sanders consiguió que su posición como senador se difuminara enfocando su discurso en el sentimentalismo, apelando a la desilusión y a las consecuentes necesidades del pueblo. De esta manera pudo oscurecer la contradicción de “luchar” contra el sistema siendo él mismo parte de éste.
Luego, los antagónicos, esto es, los “enemigos” del “pueblo”, se alinearon a la construcción que cada excandidato hizo de este. En el discurso de Trump, al ser equivalente América a los americanos, los antagónicos son agentes extranjeros, como China, con su “malvada” competencia comercial o los “peligrosos” inmigrantes mexicanos.
Sanders, al manifestar en su discurso la urgencia de una “revolución política” dadas las malas condiciones sociales y económicas del pueblo estadounidense, los antagónicos fueron aquellos en el poder, es decir, la élite social y política.
El problema de este tipo de política y de políticos no son los problemas que señalan, sino, más bien, cómo los señalan. Es cierto que las circunstancias actuales en EE.UU no son tan buenas como en el pasado, sin embargo, las causas de los problemas que han surgido, son muchas y muy complejas, por lo que resulta falso y demasiado simplista culpar a la élite y/o a agentes extranjeros.
Además, estos mensajes refuerzan el enojo, la frustración y el resentimiento de mucha gente, generando que las divisiones se marquen más o que se comiencen a manifestar actitudes xenofóbicas.
Cuando este tipo de políticos llegan al poder, puede ser desastroso para la economía de un país, como lo ha sido para Argentina, que sigue viviendo las consecuencias de la administración de Cristina Fernández de Kirchner, o Venezuela, con Hugo Chávez y Nicolás Maduro, por ejemplo.
En el caso de EE.UU las cosas cambian, pues las consecuencias de un político populista gobernando el país cuya divisa es la moneda de referencia, pueden ser muy negativas a nivel internacional y, sin embargo, no tener un impacto proporcional para el país norteamericano. Así pues, la guerra comercial que promovió e implementó Trump como estrategia para que los extranjeros dejaran de dañar la economía estadounidense, ya ha afectado en buena medida el crecimiento comercial y económico a nivel mundial.
La obstinación de este mandatario por iniciar una guerra comercial con sus principales socios comerciales, es decir, con la Unión Europea, Canadá, México y China, quien ha sido el más perjudicado al ser el país del que más importa, se debe al famoso déficit comercial que sostiene EE.UU con estos.
Para que sea claro, un déficit comercial ocurre cuando una nación importa más de lo que exporta. Por ejemplo, en enero de 2019 el déficit comercial que sostuvo EE.UU fue de 51.15 mil millones de dólares, pues exportó 207.34 mil millones en bienes y servicios e importó 258.49 mil millones.
La balanza comercial, esto es, la balanza en la que se registran las importaciones y las exportaciones, es parte de una medida más amplia conocida como Balanza de Pagos, de la cual he hablado en publicaciones pasadas. Esta se refiere al estado contable que mantiene todo país, pues es en donde se registran las transacciones internacionales, el flujo del dinero y de los bienes y servicios. Se divide en dos subcuentas, a saber, la cuenta corriente que se compone sobre todo de la balanza comercial, y la cuenta financiera. En la cuenta financiera se registran las transacciones de instrumentos financieros, como bonos y acciones, la inversión extranjera directa y las reservas del banco central.
En teoría, la suma de las transacciones que se registran en la Balanza de Pagos debe equivaler a cero, pues un déficit en la cuenta corriente (déficit comercial) resulta en un superávit en la cuenta financiera dada la entrada de capital e inversión extranjera en el país.
La causa fundamental de un déficit comercial es un desequilibrio entre los ahorros y la tasa de inversión de un país. Por lo tanto, el déficit comercial en EE.UU se debe a que se gasta más dinero de lo que se genera. El gasto adicional, por definición, debe dirigirse a bienes y servicios extranjeros. Financiar ese gasto es posible de dos maneras, a saber, con la compra de activos del Tesoro por parte de extranjeros, que resulta en más deuda soberana, o con base en inversión extranjera directa.
En consecuencia, esta situación da cabida a otro fenómeno conocido como déficits gemelos o twin deficits. La deuda soberana, como se vio anteriormente, se genera principalmente mediante la emisión de activos del Tesoro, en otras palabras, el gobierno estadounidense puede gastar a pesar de tener pocos ahorros debido a la gran cantidad de inversión extranjera que llega a este país. Por consiguiente, esto da cabida al déficit comercial.
Ahora, la enorme inversión extranjera en EE.UU es consecuencia del dólar como moneda de referencia y, por lo tanto, también el déficit comercial. Como se mencionó antes, los activos del Tesoro se consideran muy seguros, se puede decir que los más seguros del mundo, pues están respaldados por el dólar. Se les conoce como activos de refugio o safe-heaven assets, debido a que con ellos los inversores reducen el riesgo de pérdidas cuando hay inestabilidad y/o crisis en el mercado financiero en tanto se supone que durante dichos periodos estos activos conservaran o aumentaran su valor.
En el artículo anterior se presentó el tema de China, a quien Trump no solo acusa de sostener una “desleal” competencia comercial, sino también de ser el país que más activos del Tesoro posee. No obstante, si se recuerda, la deuda soberana de EE.UU se divide en dos, a saber, deuda intergubernamental y deuda pública. A pesar de que la deuda pública, en donde se registra cuánto poseen gobiernos e inversores extranjeros, es mayor que la deuda intergubernamental, en donde se registra cuánto poseen diferentes agencias federales estadounidenses, quien posee la mayor parte de la deuda soberana es el Fondo Fiduciario de la Seguridad Social (deuda intergubernamental), con un total, hasta diciembre de 2018, de 2.798 billones de dólares. Dicha cantidad supera lo que posee China, el mayor tenedor extranjero de bonos del Tesoro, quien hasta octubre de 2018 poseía un total de 1.4 billones de dólares.
En otras palabras, quien más invierte en EE.UU es el Fondo Fiduciario de la Seguridad Social, no gobiernos ni inversores extranjeros.
El déficit comercial en el país norteamericano realmente no representa ningún problema, pues lo más seguro es que nadie dejará de invertir en él al ser el dólar la divisa de referencia y, en consecuencia, la divisa sobre la que más confianza se tiene, por lo que el dólar no se depreciará ni aumentará la tasa de desempleo. De hecho, este país ha sostenido déficits comerciales con la mayoría de los países con los que comercia desde la década de 1970, es decir, desde que el oro dejó de ser la principal reserva de los bancos centrales y el dólar ocupó su lugar. Más aún, es pertinente aclarar que EE.UU es el segundo mayor exportador a nivel mundial.
Por otro lado, las consecuencias de una guerra comercial, para EE.UU y para el mundo, como se mencionó, es una desaceleración comercial y un impacto negativo en el crecimiento económico. Esto se debe a que los países a cuyas exportaciones el gobierno estadounidense ha decidido aplicar aranceles, han respondido de igual manera: aplicando aranceles a las exportaciones del país norteamericano. Además, estos aranceles se han implementado estratégicamente para que afecten regiones en donde la popularidad de Trump es más alta.
Ahora, aplicar aranceles no es una buena solución para reducir el déficit comercial, pues, por ejemplo, causa que muchas divisas se deprecien frente al dólar, haciendo que el consumo de bienes y servicios de muchos países, incluyendo los de EE.UU, se reduzca y, por lo tanto, caigan las exportaciones e importaciones.
Asimismo, la industria estadounidense también se ha visto afectada debido a que los aranceles que se aplican a productos extranjeros resultan en precios más altos para esta. Para que se entienda, si se encarecen ciertos productos básicos para la producción de la industria, como el acero, el aluminio, las autopartes, etc., dicha producción disminuye. Esto ocasiona que se tengan que reducir gastos, ya sea con base en un recorte de personal, bajando sueldos o desplazando la producción a otro país, como lo hizo Harley-Davidson en 2018.
En resumen, la guerra comercial impulsada por Trump no está volviendo a America great again, sino que está haciendo que el comercio y la economía a nivel mundial enfrenten una desaceleración, que la industria estadounidense sea menos competitiva, que aumente el desempleo y se reduzcan sueldos.
Finalmente, algunos economistas aseguran que a través de un aumento en las tasas de interés con el fin de disminuir la inversión doméstica o con un aumento en los ahorros privados —que son bajos—, el déficit comercial de EE.UU puede mitigarse aunque el gobierno siga endeudándose y teniendo pocos ahorros, lo cual no es recomendable.
¿Qué se puede esperar?
Ray Dalio, fundador y gestor del fondo de cobertura Bridgewater Associates, después de llevar a cabo un vasto estudio sobre las crisis económicas en los últimos 100 años, explica en su libro Principles For Navigating Big Debt Crises, que en la economía de libre mercado las expansiones y las contracciones en el crédito dirigen los ciclos económicos, esto es, una serie de eventos perfectamente lógicos que siguen un patrón recurrente.
Los créditos o préstamos crean movimientos con tendencia al alza que se refuerzan a sí mismos, no obstante, estos eventualmente se revierten y comienzan movimientos descendentes que, de la misma manera, se refuerzan a sí mismos.
Para que sea claro, durante las etapas en las que la económica va al alza, los préstamos generan gasto e inversión, permitiendo así que aumenten los ingresos y los precios de los activos. A su vez, este aumento hace posible que se efectúen más préstamos e incremente el gasto en bienes y activos financieros. Entonces, los préstamos esencialmente elevan el gasto y los ingresos por encima del crecimiento constante de la productividad de la economía. Cuando la economía se acerca al pico del ciclo ascendente, los préstamos se hacen con la expectativa de que la tendencia al alza continúe indefinidamente, lo cual no sucede, pues los ingresos eventualmente caen por debajo del costo de los préstamos. Es decir, cuando la economía va al alza y las expectativas de dicha tendencia son poco realistas, por lo general se hacen malas inversiones con base en préstamos imprudentes.
En este punto el sistema financiero se vuelve más complejo, pues las altas expectativas, la imprudencia y la falta de control sobre la regulación financiera, permiten que surja la banca paralela o, en inglés, shadow banking system. Este término se refiere a instituciones financieras que realizan funciones bancarias clásicas sin ajustarse a los parámetros regulatorios y sin supervisión. Dichas instituciones pueden ser fondos comunes de inversión, fondos de cobertura, sociedades financieras, agentes que invierten por cuenta propia y ajena, etc. El público recurre a este tipo de instituciones precisamente por la falta de regulación, pues al ser más seguro el sistema bancario, limita el crédito. La banca paralela, al no estar regulada, da acceso a más crédito y permite tener un mayor nivel de apalancamiento. Asimismo, al formarse esta banca sobre activos de alto riesgo, muchos deciden invertir en ella debido a que obtienen mejores rendimientos.
Todo esto tiende a ocasionar un fenómeno denominado burbuja económica, pues las altas expectativas, los prestamos imprudentes y las malas inversiones, hacen que se sobrevaloren de manera irracional algunos bienes y/o acciones que, cuando el ciclo comienza a descender, estallan, dejando ver su valor real y creando una crisis de deuda.
Comúnmente la banca y el banco central notan las burbujas casi en el momento en el que van a estallar, pues cuando la economía se encuentra en el pico del ciclo ascendente, pero aumentan las tasas de interés y, en consecuencia, los préstamos disminuyen y los estándares para otorgarlos se vuelven más estrictos, se reduce el consumo y comienzan los problemas para pagar las deudas de los préstamos.
Esto es una señal para los bancos y el banco central, de modo que este último comienza a implementar políticas monetarias restrictivas, por ejemplo, aumentando la tasa de interés interbancaria (es importante recordar que en EE.UU se le conoce como tasa de fondos federales), la cual es la tasa de referencia, por lo que incrementan otras tasas de interés y se acelera el proceso del ciclo descendente. En otras palabras, cuando los pagos de deuda superan la cantidad de préstamos que se pueden hacer para financiar el consumo, el ciclo ascendente se revierte.
Por lo dicho, no solo los préstamos disminuyen, sino que incrementa la presión sobre los prestatarios para llevar a cabo sus pagos de deuda. Como resultado, los préstamos se reducen aún más. Simultáneamente esto ocasiona que caiga más el consumo y la inversión y, con ello, los ingresos y los precios de los activos. En este punto las burbujas económicas tienden a estallar, pues al decaer los préstamos, por un lado, los inversores dejan de invertir en activos de riesgo; y, por otro lado, los prestatarios con más presión, dejan de cumplir con sus obligaciones. Warren Buffett, el renombrado inversor estadounidense, resumió el proceso del estallido de las burbujas con su famosa frase “Only when the tide goes out do you discover who’s been swimming naked”.
En este punto el ciclo descendente llega a su pico y comienzan las crisis de deuda, pues los prestatarios dejan de cumplir con sus obligaciones y las instituciones financieras (bancos, aseguradoras, corredores, etc.) comienzan a tener problemas para pagar a sus propios prestamistas. Las autoridades monetarias comúnmente tratan de resolver esta situación atendiendo primero el problema de deuda de las instituciones financieras. La banca paralela es la que más presión experimenta durante este periodo, pues por lo general las instituciones que la conforman son las más endeudadas y concentran la mayor cantidad de prestatarios fallidos. Asimismo, generan los mayores riesgos, ya que crean efectos negativos para los prestatarios solventes y para toda la economía.
Dicho lo anterior, es preciso aclarar que los ciclos económicos siempre son diferentes, es decir, no tienen las mismas causas ni las mismas consecuencias, no duran el mismo tiempo ni tienen la misma intensidad. Esto se debe a que como bien señala el Premio Nobel de Economía de 1987, Robert Solow, toda actividad estrictamente económica está inmersa en una red de instituciones sociales, costumbres, creencias y actitudes. En otras palabras, la economía es una ciencia social, por lo que se vincula con el comportamiento humano, el cual varía según el tiempo y el lugar debido a que es afectado por interacciones sociales complejas.
Asimismo, por la diversidad de los ciclos económicos y por la complejidad que envuelve el comportamiento humano, llevar a cabo un análisis sobre el futuro de la economía es complicado y es probable que no se desarrolle tal cual.
Por otro lado, a pesar de que los ciclos económicos no sean iguales y algunos modelos económicos no funcionen en la actualidad como lo hicieron en el pasado, la historia favorece su análisis.
Entonces, para poder darnos una idea sobre lo que se puede esperar de este ciclo económico en específico, lo más prudente parece acudir al análisis de diferentes economistas e inversores, pues conocen bien el sistema financiero del país norteamericano, no obstante, justamente por la aclaración anterior, el panorama económico previsto por estos, difiera.
- Ray Dalio
En dos entrevistas para CNBC que se realizaron en septiembre y noviembre de 2018, el fundador y gestor de Bridgewater Associates, uno de los mayores fondos de cobertura a nivel mundial, mencionó que en los próximos dos años no considera que en EE.UU haya un riesgo de recesión, aunque con el transcurso del tiempo, las probabilidades incrementan.
Dalio, aseveró que aunque la deuda privada ha crecido desde 2008, el servicio de deuda relativo a los ingresos no ha incrementado como en 2007. De la misma manera, la deuda corporativa no se encuentra como al inicio de la Gran Recesión.
Explicó que es posible que la próxima crisis en el país norteamericano se dé sobre todo en el ámbito social y político. Esto se debe a dos situaciones, a saber, por un lado, con la implementación de la Expansión Cuantitativa aumentó la brecha social en términos económicos, lo que ha dado cabida a una mayor división política con base en el populismo. Y, por otro lado, aunque el gobierno estadounidense no tiene un problema de deuda inmediato, está surgiendo presión por las obligaciones de pensión sin financiamiento y los costos del servicio de salud.
Además, sobre la deuda soberana también mencionó que pronto el gobierno de EE.UU comenzará a vender una cantidad considerable de activos del Tesoro al resto del mundo, pues el estímulo fiscal, es decir, la reducción de impuestos, está ejerciendo presión. No obstante, al ser el dólar la divisa de referencia, este país tiene el privilegio de que otros países estén dispuestos a salvar su moneda comprando dichos activos; sin embargo, esto representará un riesgo debido a que dicha deuda aumentará aún más.
Asimismo, por la presión que está produciendo el estímulo fiscal y los déficits presupuestarios, la Fed comenzó una fase de ajuste con base en una política monetaria restrictiva, esto es, el aumento de la tasa de fondos federales, la cual determina otras tasas de interés. Dalio, opinó que este banco central debía tener cuidado con este proceso, pues ahora es más prudente fijarse en la curva de rendimiento antes que en la actividad económica.
Para que se entienda, como se mencionó, desde diciembre de 2008, hasta diciembre de 2015, la Fed mantuvo la tasa de fondos federales entre 0-0.25 por ciento, y a partir de dicha fecha la fue aumentando gradualmente. En diciembre de 2018 se estableció entre 2.25-2.50 por ciento. Se anunció que seguiría incrementando en 2019, pero esto no sucedió.
Esto se debe a que, como advirtió Dalio en estas entrevistas y en otra que otorgó a Fox Business en noviembre de 2018, con la Expansión Cuantitativa los intereses de los activos del Tesoro a corto plazo subieron, casi emparejándose en la curva de rendimiento con los intereses de los activos del Tesoro a largo plazo, lo cual supone un riesgo.
El riesgo que previó Dalio se volvió realidad en los últimos días de marzo de este año. Lo que este inversor trató de explicar fue que la Fed debía ser pertinente con el aumento de la tasa de fondos federales debido a que podía ocasionar una inversión en la curva de rendimiento, dañando así los precios de todos los activos financieros. Además, dicha inversión se considera un indicador confiable de una recesión por venir.
Para que esto sea claro, una inversión en la curva de rendimiento significa que los precios de diferentes tipos de activos se organizan bajo un patrón inusual. En este caso se trata de los activos del Tesoro.
Como se vio, los gobiernos y las empresas venden activos con el fin de obtener préstamos. Estos activos tienen un valor nominal, pagan intereses y tienen un plazo de vencimiento. Por ejemplo, un bono de 100 dólares con una tasa de interés del tres por ciento y un plazo de vencimiento de cinco años, es como un préstamo de 100 dólares con una tasa de interés del tres por ciento que se debe pagar en cinco años. Otra manera de decir esto es que un bono de cinco años tiene un rendimiento del tres por ciento.
Ahora, con el tiempo, los activos se pueden vender y comprar en el mercado secundario. En consecuencia, una persona puede comprar un activo con un valor nominal de 100 dólares, en 110 dólares. Los intereses se seguirán calculando con base en el valor nominal original, por lo que el rendimiento será menor debido a que subió el precio del activo.
El gobierno estadounidense vende activos del Tesoro con diferente plazo de vencimiento, y la gente los vende y los compra en el mercado secundario todo el tiempo. Por lo tanto, cualquier día se pueden graficar muchas curvas de rendimiento de los activos del Tesoro con diferente plazo de vencimiento. El Departamento del Tesoro publica el rendimiento de los activos todos los días.
Normalmente las gráficas de la curva de rendimiento son ascendentes. No obstante, se han vuelto planas, pues como mencionó Dalio, con la Expansión Cuantitativa los intereses de los activos del Tesoro a corto plazo subieron, casi emparejándose con los intereses de los activos del Tesoro a largo plazo.
Entonces, ya se entiende que una inversión en la curva de rendimiento significa que los activos a largo plazo tienen un rendimiento menor que los activos a corto plazo.
La curva de rendimiento a la que se le presta más atención es a la relación entre el rendimiento a 10 años y el rendimiento a tres meses, pues son los activos con mayor movimiento en el mercado. En los últimos días de marzo el rendimiento a 10 años fue menor que el rendimiento a tres meses, es decir, se invirtió la curva de rendimiento. Este fue el riesgo al que se estuvo refiriendo Dalio.
Para que se entienda, normalmente la gente demanda intereses más altos por activos a largo plazo debido a los peligros que existen al hacer este tipo de préstamos. En el caso de los activos del Tesoro, los riegos son sobre la inflación, y si el préstamo es a largo plazo, aumentan, pues involucran más tiempo.
Dicho esto se entiende que los inversores por lo general prefieren poner su dinero en activos más líquidos, como el bono del Tesoro a tres meses. Pero en un caso en el que se prevé un peligro en la economía, no obstante el riesgo, salvaguardan su dinero en activos a largo plazo.
Entonces, cuando se invierte la curva de rendimiento es posible, aunque no seguro, que esté indicando que los inversores están sospechando que algo inusitado pasará. Por ejemplo, alguna situación que haga que las tasas de interés en el futuro bajen lo suficiente para justificar que los rendimientos de los activos a largo plazo sean bajos a pesar de los riesgos que implican. También puede ser una situación que haga que la Fed reduzca la tasa de fondos federales para estimular la economía. En otras palabras, una inversión en la curva de rendimiento indica que se está previendo una recesión.
Lo que justifica esta correlación entre un patrón inusual en la curva de rendimiento y una recesión, son situaciones pasadas. Desde mediados del siglo pasado, cada vez que el rendimiento a 10 años ha estado por debajo del rendimiento a tres meses, ha seguido una recesión. Esta regla solo se ha roto en una ocasión.
No obstante, esto no debe causar pánico, pues es una mera correlación, no es un proceso automático. Asimismo, se debe tomar en cuenta que la Expansión Cuantitativa fue diseñada, en parte, para bajar las tasas de interés a largo plazo en relación con las tasas de interés a corto plazo, y es posible que algunos de sus efectos persistan. Además, justo como creyó Dalio, el presidente de la Fed, Jerome Powell, anunció en enero de este año que dejarían de aumentar la tasa de fondos federales, por lo que la Fed sí ha sido prudente tratando de evitar esta situación.
Aún más, Campbell Harvey, profesor de finanzas de la Universidad Duke, explicó que una inversión en la curva de rendimiento solo se vuelve un indicador de recesión cuando, en promedio, se mantiene así por tres meses. En el caso actual, solo duró unos días.
Ahora, Dalio explicó que si llegara a haber una recesión, por un lado, se agravaría el conflicto social y político. Por otro lado, la política monetaria expansiva será menos efectiva, pues hasta el momento solo existen dos tipos de políticas monetarias que se implementan en periodos de recesión, a saber, bajar la tasa de fondos federales, lo cual ya no se puede llevar a cabo debido a que ésta se ha mantenido baja durante 10 años; y la Expansión Cuantitativa, sobre la que ya hay efectos. No obstante, esto no justifica que actualmente se siga aumentando la tasa de fondos federales, considera que esto es una mala lógica.
Finalmente, estimó que en el sistema financiero están emergiendo algunas burbujas económicas, sin embargo, debido a que la Fed debe ser cauta en el proceso de ajuste, juzga sensato aplicar políticas macroprudenciales.
- Robert Kessler
En una entrevista para WealthTrack, el fundador de Kessler Companies y gestor de bonos del Tesoro, aseveró que habrá una recesión en poco tiempo.
Kessler aseguró que todos indicadores para pronosticar recesiones parecen estar indicándolo. Algunos de estos son: el mercado inmobiliario, la venta de autos, la deuda de las tarjetas de crédito, etc. Alegó que esta situación es consecuencia de la deuda que se ha ido acumulando en los últimos 10 años.
De acuerdo con el ciclo económico, Kessler explicó que después de un periodo de expansión económica, sigue un periodo de desaceleración, el cual tiende a concluir en recesión.
Mencionó que es difícil dilucidar la causa de la próxima recesión, especialmente tomando en cuenta todos los estímulos económicos que ha habido en los últimos 10 años.
Explicó que el problema que está emergiendo se debe a que después de la Gran Recesión los estímulos no fueron directamente a la población con proyectos de infraestructura o con recorte de impuestos, sino que se rescató a la banca y a individuos que lo necesitaban. Así, la mayor parte de la población no se vio beneficiada. Ahora lo que se espera es que todo se solucione con base en el consumo, no obstante, esto no es posible, pues los consumidores actualmente no poseen riqueza y las deudas han crecido. Esto es evidente si se observa la deuda de las tarjetas de crédito y la deuda estudiantil.
Para que se entienda, según Kessler lo que posiblemente cause la próxima recesión es la deuda corporativa, pues este sector, en vez de dirigir la liquidez que se le brindó con el recorte de impuestos a inversiones o gastos de capital, lo usó para comprar sus propias acciones. En otras palabras, el sector corporativo empleó la liquidez que obtuvo con el estímulo fiscal para hacer pagos dirigidos a sí mismo.
Esta situación ha ocasionado que la calidad de la deuda corporativa sea negativa. Actualmente la mitad de los bonos corporativos tienen una calificación crediticia BBB, es decir, están siendo calificados con un muy mal grado de inversión, al borde de ni siquiera tener un grado de inversión. Así pues, aseguró Kessler, se ha creado la burbuja económica más grande que se ha visto en el sector corporativo estadounidense.
Explicó que esta situación no solo es inusual, sino que da miedo, pues si comienza un proceso de desaceleración económica, las agencias crediticias bajarán la calificación de los bonos corporativos al ser posible el riesgo de incumplimiento de deuda. En consecuencia, los prestamistas de las corporaciones querrán vender, pero no habrá quién compre.
En julio la expansión económica que comenzó en 2008 será la más larga en la historia de EE.UU, lo que hace sorprendente esta situación dada la cantidad de estímulos económicos que se han dirigido a este sector.
Además, reiteró lo dicho por Dalio, a saber, que la Fed detuvo el aumento de la tasa de fondos federales debido a que al ser la tasa de referencia podría afectar a otros activos. Hizo hincapié en que supondría un riesgo para el mercado de bonos corporativos y, en consecuencia, para el financiamiento de este sector.
Asimismo, según Kessler, esto explica que aunque el mercado laboral es fuerte, no aumente la tasa de fondos federales, pues al afectar al sector corporativo, se comenzaría a despedir a mucha gente. Además, no todos tienen un buen trabajo, el 80 por ciento de la población no puede perder un mes de empleo, pues quedaría en la quiebra. Aseveró que aunque muchas cosas se ven bien en la superficie, si se ve el fondo de la situación, dicho panorama cambia. La posición del 90 por ciento de la población no es ideal, muchos están incumpliendo con los pagos de préstamos para automóviles o no pueden comprar una casa por la cantidad de deuda que tienen debido a los préstamos estudiantiles.
Por otro lado, sobre la curva de rendimiento explicó que debido a que la Fed ha elevado la tasa de fondos federales nueve veces desde 2016, se ha contraído mucho la economía y actualmente el efecto de esos nueve aumentos está teniendo efecto. Aseguró que si la Fed baja dicha tasa, el efecto no se irá, pues las tasas se siguen ajustando.
Mencionó que lo que realmente importa ahora es el mercado de valores, pues todos los tipos de activos financieros se están hundiendo y así es como comienzan las recesiones. Para que sea claro, el mercado anticipa las recesiones. En este momento el sector corporativo se verá afectado, pues habrá poca demanda sobre los activos de riesgo.
Al igual que Dalio, explicó que el problema que se presentará en la próxima recesión será la incapacidad de la Fed para implementar las políticas monetarias expansivas tradicionales, como una reducción en la tasa de fondos federales.
Opinó que para estimular la economía sin que el déficit se vuelva insostenible, EE.UU debe seguir los pasos de Japón en cuanto a política monetaria. Para que se claro, en el país nipón son los ciudadanos los que poseen activos del Tesoro, no otros países. Así pues, si todos quieren una mejor infraestructura y mejores servicios médicos, lo obtienen, pues es autofinanciamiento.
Expresó que el único problema de esta nueva estrategia es que implica un proceso lento. A Japón le ha tomado entre 20 y 30 años encontrarse en el lugar en el que se encuentra ahora.
Especificó que la importancia de esto se debe a que los activos del Tesoro son activos de refugio (safe heaven assets). Para esclarecer ejemplificó con la caída de la bolsa en diciembre de 2018, pues no hubo ninguna clase de activo en el mercado al que le fuera bien, más que a los activos del Tesoro, los cuales aumentaron su valor. Además, aseguró que lo peor que le puede pasar a alguien que invierte en el mercado del Tesoro es obtener entre 2-2.50 por ciento en intereses, no obstante, cuando a todo el mercado le va mal, este mercado aumenta su valor.
- Paul McCulley
El economista, ex socio mayoritario y ex director general de PIMCO (Pacific Investment Management Company) y actual catedrático de macroeconomía financiera y profesor adjunto de derecho en la Facultad de Derecho de Cornell, otorgó una entrevista para WealthTrack a finales de marzo.
En esta aseguró que el actual ciclo ascendente no resultará en recesión, sino en un aterrizaje suave o, en inglés, soft landing, como sucedió entre 1994 y 1995, cuando la Fed aumentó la tasa de fondos federales para ralentizar la economía, no obstante, sin causar una contracción.
Explicó que la historia ha mostrado que las expansiones económicas no finalizan de manera natural, sino por excesos que se desarrollan, como un gran aumento en la inflación debido a un periodo de crecimiento económico acelerado que resulta en un recalentamiento económico, al cual la Fed responde implementado políticas monetarias restrictivas; sin embargo, si lo hace demasiado tarde, resulta en recesión.
Otro exceso ocurre cuando hay demasiada especulación en la bolsa de valores, esto es, cuando se comienza a invertir con demasiado riesgo, se hacen prestamos imprudentes y surgen burbujas económicas. Este tipo de exceso suele resultar en el estallido de dichas burbujas. La Fed suele responder a este fenómeno con políticas monetarias expansivas, como lo hizo en la última crisis.
Según McCulley a veces se dan los dos tipos de excesos, pero actualmente ninguno se ha generado. Por lo tanto, no tiene en qué basarse para pronosticar una recesión. Para que se entienda, por un lado, el ciudadano estadounidense promedio finalmente está consiguiendo un aumento de suelo del tres por ciento, es decir, es evidente que no se ha generado un recalentamiento económico, por lo que la Fed en este sentido no tendría por qué acabar con la expansión.
No obstante, por otro lado, opinó que la situación de Wall Street es preocupante. Cree que parte del proceso de normalización (poner fin a la Expansión Cuantitativa) que la Fed ha llevado a cabo en los último tres años, parece haber concluido, con la tasa de fondos federales en 2.25 por ciento, aproximadamente. Explicó que con la implementación de la Expansión Cuantitativa el nivel neutral de la tasa de fondos federales cayó dramáticamente, pues en el periodo de expansión de este ciclo económico llegó a cero por ciento y ahora se ha estabilizado en lo normal, pero lo normal ya no es tres, cuatro o cinco por ciento, sino que ahora se ubica entre 2-2.50 por ciento. Sin embargo, no garantizó que dicha tasa no subirá posteriormente.
Para que se entienda, McCulley cree que el aumento de la tasa de fondos federales fue una estrategia que usó la Fed para que hubiera más prudencia en el mercado debido a que comenzó a notar la emergencia de excesos en este. Por ello, cuando en enero Jerome Powell, el presidente de esta institución, anunció que el incremento de dicha tasa se detendría, no lo hizo con demasiada emoción, pues su intención era que Wall Street se mantuviera tranquilo y no repuntara más de 500 puntos ese día, dado que para esta bolsa de valores la idea de que la inflación está contenida y no habrá recesión, sino un aterrizaje suave, es una señal muy alcista.
Asimismo, aseveró que la corrección en el mercado (caída) durante el cuarto trimestre de 2018 fue un desarrollo positivo para la Fed. Esto se debe a lo ya aclarado, a saber, que este banco central tenía como objetivo que el mercado se controlara dados los emergentes excesos. Estos excesos no solo fueron de bonos y acciones, sino sobre todo de préstamos apalancados. El problema con los préstamos apalancados es que con el tiempo hay una degradación en las normas de aseguramiento. Asimismo, baja la calidad crediticia, pues el prestatario tiene más riesgo de caer en impago. Explicó que esto es muy normal debido a la edad de la expansión.
Según McCulley, si Wall Street sigue al alza, entonces la Fed no ha terminado con el proceso de normalización; no obstante, si esta bolsa de valores se comporta y no rebasa el límite de riesgo y apalancamiento, entonces, probablemente la Fed haya acabado con el proceso de normalización.
Además de lo dicho, las políticas fiscales, los problemas con el comercio y las decisiones del presidente presentan otro riesgo. Sin embargo, aunque no considera que Trump es la persona correcta para el cargo de mandatario, aseguró que sus errores no terminarán con la expansión económica. Puede twittear todo el día, pero él no controla la política monetaria.
Por otro lado, señaló el cambio excesivo de la economía en los últimos años. Actualmente encontramos que la relación inversa entre el desempleo y la inflación no se está cumpliendo, pues la tasa de desempleo es muy baja y la inflación no ha aumentado significativamente en todo el lapso de la expansión económica, de hecho, en algunos años ha estado por debajo del objetivo de 2 por ciento determinado por la Fed.
Aseguró que la Fed ha comenzado una revisión sobre sus estrategias, herramientas, y prácticas de comunicación, con el fin de alcanzar sus objetivos de máximo empleo y estabilidad de precios. Hay muchas cosas que se analizaran en dicha revisión, pero una muy importante precisamente es la ruptura que ha habido en los últimos 10 años entre la caída en la tasa de desempleo y el aumento en la inflación. Esto se debe a que dicha relación es fundamental para determinar políticas monetarias contracíclicas. Por ejemplo, si la tasa de desempleo comienza a ser demasiado baja, se aumentan las tasas de interés; y si la tasa de inflación comienza a caer, se bajan las tasas de interés. Esto se debe a que en teoría la inflación y el desempleo se mueven en dirección opuesta. Por lo tanto, cuando este modelo econométrico deja de funcionar, se debe analizar qué pasa.
Este hecho es sumamente importante debido a que la Fed tiene mucho poder al ser única institución en el mundo con autoridad sobre la creación de reservas en dólares, es decir, la divisa con más demanda a nivel internacional. En consecuencia, no solo impacta la economía de EE.UU, sino la economía global.
En conclusión, McCulley no pronostica una recesión y cree que la Fed prácticamente ha concluido con el proceso de normalización, no obstante, esto depende de mucho de que Wall Street haya entendido el mensaje.
- Robert Shiller
El profesor de economía de Yale e inventor del CAPE (Cyclically adjusted Price-to-earnings ratio) y del Case-Shiller Home Price Indexes, quien además ganó el Premio Nobel de economía en 2013, otorgó una entrevista para CNBC en abril.
En esta manifestó su incredulidad sobre los pronósticos de recesión con demasiado tiempo de anticipación, pues señaló que la economía se basa en el comportamiento humano, el cual es casi impredecible. Por lo tanto, los pronósticos sobre las recesiones tienden a hacerse muy tarde. Asimismo, dijo que los eventos no se deben magnificar, aunque es lo que solemos hacer, más de lo que se puede justificar.
Explicó que debido a la situación actual de la economía, es probable que haya una recesión en nueve o 18 meses. No obstante, enfatizó en que no confía en su habilidad para predecir este tipo de fenómenos ni confía en que otros lo puedan hacer.
Los factores en los que Shiller se basa para opinar lo dicho son:
- Mercado inmobiliario:
Los precios de las viviendas según el S&P/Case-Shiller U.S. National Home Price Index han aumentado mucho desde 2012. Considera que este aumento en los precios de las viviendas es el tercero más grande desde 1890.
- Mercado al alza:
A finales del año pasado se mencionó mucho en los medios que el ciclo alcista de Wall Street es el más largo en la historia.
- Tasas de interés:
EE.UU recientemente terminó con el periodo más extenso de bajas tasas de interés, cercanas a cero por ciento. Actualmente la tasa de fondos federales sigue siendo muy baja, se encuentra en 2.42 por ciento.
- Récord en expansión económica:
Según la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por sus siglas en inglés), si no hay una recesión para junio de este año, EE.UU establecerá un récord en la duración de la expansión económica.
Shiller cree que todas estas situaciones en conjunto han hecho que la gente piense que nos encontramos en la etapa tardía del auge económico. Aseguró que si la historia se repite, entonces es muy probable otra recesión.
Sobre el mercado inmobiliario explicó que aunque el auge se ha mantenido desde 2012, realmente no se ha sentido como tal debido a que se trata de la recuperación de la peor recesión en EE.UU desde la Gran Depresión.
Asimismo, aclaró que en esta expansión la euforia no ha sido la misma que en el pasado. Por ejemplo, las encuestas que ha hecho sobre el aumento en el precio de las viviendas por año en los próximos 10 años, señalan que no se espera mucho.
No obstante, mencionó que la baja tasa de desempleo puede animar a la gente a comprar. Dicha tasa llegó a ubicarse en 3.7 por ciento en 2018, algo que no había sucedido desde 1968. Por ello, parece que la gente tiene la sensación de que América se está volviendo grande otra vez.
De la misma manera, parece que el estilo de vida de Trump y de la gente que lo rodea está guiando emocionalmente la economía, pues está creciendo la influencia del “sueño americano”.
Finalmente, dijo que no sabe exactamente cómo predecir el mercado inmobiliario, pero no se encuentra muy fuerte y es probable que caigan los precios.
Por otro lado, Schiller aseguró que la polarización a la que incita el discurso de Trump no ha afectado la economía, pero puede hacerlo. Asimismo, el emergente populismo alrededor del mundo podría resultar en inestabilidad económica.
- Gary Shilling
En marzo el analista financiero y presidente de A. Gary Shilling & Co., concedió una entrevista para Sprott Media.
En esta aseveró que la Fed se tardó mucho en darse cuenta de los cambios en la economía, pues actualmente la relación inversa entre el desempleo y la inflación ya no se cumple. Asimismo, aseguró que en este momento es más probable el riesgo de deflación que inflación.
Shilling afirmó que la Fed no está segura sobre si ha aumentado la tasa de fondos federales antes de tiempo y ha precipitado una recesión. Explicó que esta situación es el curso normal de las cosas, pues, de hecho, durante todo el periodo de postguerra, cuando la Fed cree que hay un recalentamiento económico, ha tratado de frenar la economía. Hasta ahora esto ha pasado 13 veces, de las cuales, en una sola ocasión ha tenido éxito, cuando a mediados de la década de 1990, hubo un aterrizaje suave. Las otras 12 veces ha resultado en recesión.
Juzgó positivas las acciones de la Fed, diciendo que no se está equivocando.
Consideró tres posibles escenarios:
- Que la Fed logre por segunda vez un aterrizaje suave, aunque no es muy probable.
- Que el estado actual de la economía sea una corrección y posteriormente continúe con la expansión y veamos un crecimiento fuerte. Si este es el caso, ulteriormente la Fed continuará con la contracción económica, aumentado la tasa de fondos federales, pues les preocupa la especulación en el mercado. Además, la Fed desea seguir con la contracción económica, pues si se presenta una recesión en el futuro, podrá implementar políticas monetarias expansivas.
- Que la recesión sea inminente. Sobre este escenario ya hay muchos indicios, como la caída en Wall Street durante el cuarto trimestre de 2018, por ejemplo.
Aseveró que este último desenlace es el más probable.
En conclusión, se presenta sumamente complejo el análisis sobre el futuro de la economía, no obstante, es posible que no se avecine un buen tiempo a nivel internacional. Además, son notorios los conflictos políticos y sociales que dejó la crisis pasada junto con las estrategias que se usaron para la recuperación. Queda observar el desarrollo de estos fenómenos.
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